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Motín en cárcel de Brasil deja más de 60 muertos

Por Agencias Martes 3 de Enero del 2017

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Un enfrentamiento entre facciones rivales en el norte del país provoca una masacre con presos decapitados y decenas de cuerpos descuartizados.

Un motín en el Complejo Penitenciario Anísio Jobim (Compaj), en Manaos, al norte de Brasil, ha dejado decenas de muertos y heridos. El juez Luís Carlos Valois, que acudió al lugar de los hechos para negociar el fin de la rebelión, dijo que vio muchos cuerpos y que “aparentemente murieron entre 50 y 60 presos”, pero que era difícil precisar la cifra “puesto que muchos estaban descuartizados”.

Las autoridades aún no han divulgado la cifra oficial, pero el secretario de Seguridad Pública del Estado, Sérgio Fontes, apuntó que “60 como máximo”.

En las redes sociales circularon varias fotos y videos en los que aparecían cuerpos amontonados y descuartizados dentro del Compaj. En una de los fotos se veía una mano que sujetaba un corazón al lado de una cabeza decapitada de uno de los presos, demostrando que eran órganos de la misma persona.

La rebelión empezó la tarde del domingo, y la situación no se pudo controlar hasta la mañana de ayer lunes. La noche del día 1, Fontes dijo que se trataba de una “masacre” provocada por la lucha entre las organizaciones Primeiro Comando da Capital, de São Paulo, y la Família do Norte, de Amazonas. El domingo, seis reclusos fueron decapitados y sus cuerpos fueron lanzados hacia fuera. Al menos 12 guardias fueron tomados como rehenes, pero lograron salir ilesos en las negociaciones con autoridades.

La región Norte de Brasil es fundamental para el tráfico de drogas internacional: las principales rutas de venta pasan por allí. Amazonas hace frontera con grandes países productores de cocaína, como Perú, Colombia y Venezuela. Por eso, el control de las cárceles locales establece el poder sobre esa actividad. El presidio de Manaos tiene 1.072 presos, el penal más grande de Amazonas, es dominado por la facción Familia do Norte.

La gran mayoría de los muertos en el motín del Compaj este año eran del PCC. Desde octubre del año pasado, la ruptura entre esa facción y el Comando Vermelho (Comando Rojo), grupo criminal fundado en Río de Janeiro y aliado a la Família do Norte, aumentó la tensión en las cárceles de las regiones norte y nordeste del país. La organización de Amazonas, de hecho, fue la causante de esta ruptura: tres líderes del PCC fueron brutalmente degollados entre junio y julio de 2015 dentro de presidios de Manaos a las órdenes de los líderes de la FDN.

En octubre de año pasado, el PCC hizo un contraataque matando 18 presos del Comando Vermelho en otras cárceles del Norte (en los Estados de Roraima y Acre). La masacre de Manaos fue una nueva respuesta a esa guerra de poder.

En los últimos años, el PCC amplió su presencia en algunas de las más importantes rutas de tráfico internacional de drogas y armas. La facción es responsable por los principales cargamentos de cocaína que vienen de Colombia y Bolivia, y de marihuana que viene de Paraguay. El Comando Vermelho, por su vez, había perdido importancia en estas rutas después que el criminal Fernandinho Beira-Mar fue preso en Colombia en 2001. En aquella época, negociaba con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia la compra de cocaína.

Esta es la segunda rebelión más letal de la historia del sistema penitenciario brasileño. En 1992, en la cárcel llamada Carandiru, en São Paulo, murieron 111 presos.

El secretario de Seguridad de Amazonas explicó que, antes del motín se produjo una fuga en otra cárcel, el Instituto Penal Antônio Trindade (Ipat), también en Manaos, lo que habría sido una cortina de humo para la rebelión. Uno de los presos que huyó del Ipat llegó a publicar en Facebook una foto de su huida con la leyenda “Fugándome de la cárcel”.

Según el Sindicato de los Agentes Penitenciarios de Roraima, al menos seis presos fueron decapitados y quemados, lo que dificultó la identificación de los cuerpos. Este conflicto se produjo durante el horario de visitas, el obviamente más importante y teóricamente protegido en el código no escrito de los reclusos.

Agencias