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Trump abre una crisis de confianza con sus aliados al revelar material secreto a Rusia

Por Abraham Santibáñez Miércoles 17 de Mayo del 2017
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Donald Trump ha vuelto a sacudir la Casa Blanca hasta los cimientos. La revelación de que el Presidente facilitó información de alto secreto sobre el grupo terrorista Estado Islámico al ministro de Relaciones Exteriores ruso y su embajador en Washington ha abierto una profunda brecha en su credibilidad. La fractura no sólo alcanza al país que le facilitó los datos clasificados (supuestamente Israel) o los aliados con los que EE.UU. comparte material reservado, sino a sus propios servicios de inteligencia. En el núcleo de la seguridad nacional crece día a día la desconfianza.
La vuelta atrás ya es imposible para Trump. Cuando el 20 de enero entró en la Casa Blanca era el hombre providencial, el antisistema que más allá de luchas partidistas iba a drenar el pantano y poner las cosas en su sitio. Apenas cuatro meses después, la Casa Blanca es ya el mismo pantano.
Rusia ha sido durante décadas un adversario y, tras su escandalosa injerencia en la campaña electoral a favor de Trump, las agencias de inteligencia consideran que es un peligro para la democracia estadounidense. Bajo estas coordenadas, la cita generaba una enorme desconfianza. En el encuentro, según la reconstrucción ofrecida por The Washington Post, el Presidente, ansioso de obtener el apoyo ruso en su ofensiva contra el Estado Islámico, reveló detalles de un supuesto operativo del grupo terrorista para atentar en aviones mediante ordenadores portátiles. Y dio el nombre de la ciudad donde se estaba desarrollando el plan.
Era material altamente secreto. Datos extremadamente sensibles facilitados por un país aliado, supuestamente Israel según The New York Times, que no había dado permiso para compartirlos. La dinamita había estallado.
Pese a que el Presidente tiene autoridad para desclasificar información confidencial, la oposición, expertos, antiguos agentes e incluso el senador republicano John McCain le acusan de haber fallado a quienes confían en Estados Unidos. Tanto por compartir material que no estaba destinado a ello, como por hacerlo con los rusos, aliados en la zona de Irán.
“Trump ha amenazado mucho más que a una fuente clave en el Isis, ha divulgado información recogida por un aliado sin su permiso. Esto es una ruptura en la confianza que puede dañar no sólo nuestras relaciones con el país en cuestión, sino con otros. Desde hoy, en todo el mundo se van a pensar dos veces sin merece la pena compartir información con EE.UU.”, ha escrito el profesor Stephen Tankel, ex consejero del Departamento de Defensa.
La maniobra de contención de daños de la Casa Blanca apenas tuvo efecto. La defensa corrió a cargo del respetado consejero de Seguridad Nacional, Herbert R. McMaster. Presente en la reunión, el antiguo general calificó la filtración de “falsa”, pero su argumentación se limitó a señalar que el Presidente no había desvelado “métodos ni fuentes de inteligencia”. Algo que nadie había sostenido.
Pocas horas después, el propio Trump le dejó en evidencia cuando confirmó en Twitter que sí había facilitado información al canciller Lavrov. “Como Presidente quise compartir con Rusia, en una reunión fijada abiertamente en la Casa Blanca, hechos relacionados con terrorismo y seguridad aérea, algo a lo que tengo absoluto derecho. Mi deseo es que Rusia intensifique su lucha contra el Isis y el terrorismo”, escribió.
Agencias