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México sale a la calle a protestar en el aniversario de la tragedia de Iguala

Por La Prensa Austral Domingo 27 de Septiembre del 2015

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Una masiva manifestación volvió ayer sábado a inundar las calles de la capital de México un año después de la desaparición de los 43 estudiantes en el pobre y violento Estado sureño de Guerrero.

La marcha se nutrió de una imponente y pacífica participación de diferentes estratos de la sociedad civil mexicana, aunque no de manera tan multitudinaria como las vividas durante el año pasado.

La conmemoración del primer aniversario llega en un momento especialmente sensible para la investigación del caso, que ha vuelto a abrir con fuerza numerosas incógnitas sobre lo ocurrido aquella noche del 26 de septiembre de 2014.

“Les estamos demostrando que un año después sigue prendida la llama de la indignación”, clamó la madre de uno de los desparecidos a primera hora de la tarde desde un improvisado escenario en el Zócalo, la plaza central del DF donde desembocó la marcha bajo una lluvia punzante, que disuadió a una considerable parte de las decenas de miles de personas que marcharon durante la jornada de ayer.

La cabecera había arrancado a media mañana de la residencia presidencial de Los Pinos. Los padres y familiares de los estudiantes abrían paso organizados en filas horizontales, como una centuria romana, que en vez de escudos utilizaba como protección los rostros de sus hijos plastificados en carteles.

Detrás, contingentes en representación de las universidades, sindicatos, grupos de la sociedad civil y ciudadanos de todas las edades. “Estamos aquí para apoyar a las familias y pedir justicia”, decía Xanat García, de 21 años, una estudiante de ingeniería agrónoma de la Universidad Autónoma de Chapingo, en el vecino Estado de México, que había llegado a las nueve de la mañana al DF en autobús junto a 150 de sus compañeros.

Durante el recorrido por el Paseo de Reforma, una de las arterias de la ciudad, la columna de la Plaza del Angel volvió a ser uno de los lugares simbólicos para recoger los lemas que marcaron la protesta: Ayotzinapa vive, Ayotzinapa somos todos, Día de la indignación.

Frente a los escalones del monumento, agarrando contra el pecho un cartel con el rostro de uno de los estudiantes, Beatriz Aguilar, de 52 años, explicaba que estaba allí porque era madre y sentía el dolor de las familias de Ayotzinapa: “Están desapareciendo nuestras raíces, nuestros jóvenes, lo más valioso del país”.

Además de recordar la efeméride, el descontento y la demanda de justicia por parte de los manifestantes llega en un momento en que la investigación del caso ha dado un fuerte giro.

La Procuraduría General consideró cerrado el expediente en febrero tras más de un centenar de detenciones, decenas de trabajos periciales y la identificación por ADN de uno de los estudiantes. La conclusión de la Fiscalía, defendida como una “verdad histórica”, fue que los estudiantes fueron secuestrados por un grupo de policías locales aliados con el narco, que los habrían ejecutado para después incinerar sus cuerpos en un basurero.

Esta versión oficial fue refutada este mes por el comité de expertos de la Oea, lo que a su vez ha provocado un giro en la política oficial. El gobierno asume ahora nuevas líneas de investigación y se muestra más próximo a las familias, que mantienen la fe en que los muchachos no estén muertos.

Agencias