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Rector Peña: “Cuando la derecha mira a Carmen Gloria Quintana recuerda algo inconfesable”

Por Agencias Lunes 3 de Agosto del 2015

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“¿Por qué la presencia de Carmen Gloria Quintana resulta tan estremecedora? ¿Es sólo el recuerdo del dolor indecible que se le causó lo que produce ese estremecimiento o hay algo más?”
Con estas preguntas, el columnista de El Mercurio Carlos Peña puso en el tapete lo que desde hace dos semanas ha volcado a la política nacional el proceso que lleva el ministro Mario Carroza en el llamado caso quemados, por la muerte de Rodrigo Rojas de Negri y quien logró sobrevivir a la comitiva militar, Carmen Gloria Quintana.
Y se responde: “Porque el significado de Carmen Gloria va mucho más allá de las huellas y las cicatrices del dolor que están inscritas en su rostro y en su cuerpo. Harto más allá que la demanda de justicia en su caso particular. Mucho más allá del encubrimiento y la mentira con que los victimarios evitaron, hasta ahora, el castigo. Y es que a ella, con apenas dieciocho años -sí, dieciocho años-, le tocó inscribir en su rostro y en su cuerpo la huella permanente de la dictadura. Con Carmen Gloria Quintana se hace patente el pasado. Y es que el pasado, al revés de lo que suele creerse, ni se había ido ni pasó: se encontraba en estado latente, definiendo en silencio el espacio público de hoy. Reprimido”.
Peña asegura que los recuerdos del pasado reciente en la historia nacional y las violaciones de derechos humanos durante la dictadura cívico militar es como la represión, en el sentido usado por los sicoanalistas: “Se llama represión a un mecanismo de defensa que impide que un cierto recuerdo, un acontecimiento intolerable, llegue a la conciencia. Al reprimírselo, sin embargo, pugna por salir e igual acaba asomando en la forma de síntomas que desvían energía e impiden el sosiego. Lo reprimido está ahí, latente, mudo, definiendo sin palabras la sensibilidad de una época, y nadie se atreve a pronunciarlo, porque todos prefieren hacer como si no existiera. Hasta que lo reprimido retorna”.
El rector de la UDP, critica también a la derecha “que cerró los ojos frente a los crímenes”. A la izquierda, en tanto le achaca haber sido “impotente a la hora de castigarlos”.
“Cuando la derecha mira a Carmen Gloria Quintana recuerda algo inconfesable, algo que sabía pero que estaba latente: ese fue el precio que estuvo dispuesta a pagar por el bienestar material. Cuando la izquierda es la que mira ese rostro, recuerda algo que también sabía y que también estaba latente: la imposibilidad que mostró para castigar esos crímenes”, escribió.
E insistió: “La dictadura sentó las bases de la modernización que expandió el consumo y mejoró las condiciones materiales de la existencia de los chilenos. Pero todo eso se alcanzó a costa de una dictadura que violó los derechos humanos de manera reiterada y sistemática, que encubrió a los victimarios y estableció entre ellos, hasta hoy, la extraña solidaridad de la culpa. La frase que Balzac puso en La Comedia Humana –‘detrás de toda gran fortuna se esconde un crimen’- se aplica también a la modernización de Chile. Sacudirse esa asociación entre la fortuna -la modernización de Chile- y el crimen que se cometió para construirla es el problema de la derecha”.
Por su parte, Peña no sólo insiste en que la izquierda no pudo castigar con la debida celeridad los crímenes, sino además asegura que realizó un “desplazamiento” del discurso hacia la modernización.
“Para ocultarse a sí misma su impotencia frente las violaciones a los derechos humanos (la imposibilidad de castigar los crímenes, la connivencia con el dictador en los inicios de la transición, etcétera) desplazó la molestia hacia la modernización. Su descuido en el castigo de las violaciones a los derechos humanos se compensa ahora con su preocupación radical por los derechos sociales. Como no fue capaz, por condiciones objetivas o lo que fuera, de perseguir los crímenes y hacer justicia, desplazó el malestar que esa actitud suya le provoca hacia el modelo económico cuyas bases sentó la dictadura”, apuntó.
Y remató: “Así, la derecha y la izquierda, cuando miran a Carmen Gloria, se miran a sí mismas. Y es que la presencia de Carmen Gloria Quintana -hay pocos casos de mayor dignidad y heroísmo que el de ella- pone ante los ojos de todos las miserias y cobardías en las que se incurrió, la incapacidad de hacer valer, cuando era necesario, los valores que se proclamaban”.