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  • Jorge Ulloa Ulloa
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EDITORIAL

Celebración de Navidad

Por La Prensa Austral Domingo 25 de Diciembre del 2016

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De cara a esta celebración navideña, en cada hogar el grupo familiar se reunirá en torno a un árbol y, en varios casos, un pesebre. Se trata de una mixtura de culturas representadas en estos dos objetos y que nos invitan a convivir con quienes son diferentes, aceptando lo mejor de cada uno.

Para los creyentes, es una de las fiestas religiosas más importantes que cobra total sentido con la resurrección de Jesucristo.

Pero, para feligreses como para toda la gente de buena voluntad esta fiesta es un llamado al recogimiento y a la reflexión sobre las cosas que son relevantes, como es el amor, el afecto fraternal, la vida en familia, el respeto y el reconocimiento de los verdaderos valores y principios que deben animar nuestra existencia.

El Papa Francisco -como máxima jefatura de la Iglesia Católica- invitó a mirar y detenerse en el pesebre, planteando que éste habla de la ternura de Dios. “Allí se contempla la misericordia divina que se ha hecho carne y que enternece nuestra mirada”, planteó.

Tanto para la Iglesia Católica como para todos quienes se han propuesto buscar hacer el bien, la imagen del pesebre debe ser más que un objeto decorativo, ya que en él subyace un mensaje fuerte.

Dios -como quiera que uno le llame, según su confesión religiosa o concepto de vida- no se impone por la fuerza, sino que se presenta débil como un niño recién nacido para tocar los corazones.

Esta Navidad, para creyentes y no creyentes, el mensaje es el mismo: Dios -la vida, la conciencia universal, la magnificencia, el Gran Arquitecto…- siempre escoge lo pequeño, lo que no cuenta para enseñarnos que la grandeza está en la humildad.