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EDITORIAL

Debate sobre el aborto

Por La Prensa Austral Jueves 17 de marzo del 2016

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Frases polémicas, re-
criminaciones y em-
plazamientos marcaron la jornada de ayer durante la discusión en la Cámara de Diputados del proyecto de ley que persigue despenalizar la interrupción del embarazo en tres causales: riesgo de vida de la madre, inviabilidad fetal y violación.
El debate es absolutamente necesario en el país, pese a que es un tema complejo. La base del proyecto en discusión apela a la necesidad de ajustar las políticas públicas en materia de salud, pero hasta la coalición gobernante se presenta dividida y con matices importantes al momento de considerar esta iniciativa.
Entendiendo que para mu-chos parlamentarios se trata de un asunto de convicción religiosa y valórica, lo que no se puede aceptar es que, al momento de exponer sus posturas contrarias a la despenalización del aborto, se emitan declaraciones fatuas, sin peso argumental o altamente descalificatorias en contra de las mujeres.
Por ejemplo, resulta inaceptable que, desde la oposición, el diputado Udi Gustavo Hasbún haya asegurado que se estará en la antesala de la eugenesia si se aprueba el artículo que establece la inviabilidad del feto, agregando que, así, significará que “será el fin de la Teletón”. “Se acabaron los niños con discapacidad”, fue su argumento ramplón y ridículo.
En cambio, es completamente más entendible lo expuesto por su correligionario Felipe Ward, quien apeló a la cuestión valórica, al plantear que, si uno considera que hay vida dentro del vientre materno desde la concepción, “lo que hay es una vida humana” que debe defenderse siempre, no existiendo otra opción para él y para quienes adscriben a su pensamiento.
Tampoco se puede permitir que, so pretexto de fundamentar un  voto contrario a este proyecto, se denigre e insulte a las mujeres y se las trate como interdictas, usando expresiones como que “prestan su cuerpo” o que, si optan por interrumpir su embarazo, serán “asesinas”.
El intercambio de pareceres ha estado enconado, pero debemos esperar que en el cuerpo legal que salga del Congreso prime la cordura y el bien común, de tal manera que despenalice el aborto, pero que no lo legalice.