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EDITORIAL

Femicidio y femicidio frustrado, males que no acaban

A pocos días de un nuevo año, la comunidad magallánica fue remeci-
[…]

Por La Prensa Austral Miércoles 13 de Enero del 2016

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A pocos días de un nuevo año, la comunidad magallánica fue remeci-
da por la violenta golpiza que recibió una joven de sólo 22 años por parte de su ex pareja. El autor de esta grave agresión tiene 24 años.
Se trató, hasta el momento, de un caso de femicidio frustrado, que mantiene en cuidados intensivos a la mujer, debido a las diversas fracturas craneales.
Aunque es dudoso plantear que esta joven haya tenido suerte -pues no se saben las secuelas que la brutal golpiza tendrá-, otras dos mujeres en el país hoy no están vivas ni para contar lo sucedido ni para sufrir física, psíquica y emocionalmente las consecuencias.
A sólo doce días de este 2016, ya se han registrado dos asesinatos de mujeres en manos de sus convivientes o ex parejas. El último fue el de una señora de 43 años, dueña de casa y madre de seis hijos.
El año pasado, 38 mujeres murieron a lo largo del país en hechos de violencia extrema y sanguinaria.
El femicidio -como se ha tipificado en Chile- corresponde sólo a homicidios contra la mujer que es o ha sido cónyuge o conviviente del autor del crimen. A diario, ocurren otras formas extremas de agresión -incluso que concluyen en el deceso-, pero que no son contabilizadas en dicha figura delictiva.
Los diversos casos han demostrado que la violencia contra la mujer es transversal en nuestra sociedad y no hace distingos de edad ni condición socioeconómica. Se basa en una concepción cultural arraigada, en que el hombre se siente dueño de la mujer y cree que es un objeto de su propiedad con el cual puede hacer lo que se le plazca, incluso matarla.
Nada justifica aquello y debe continuar la lucha diaria por erradicar tal concepción y las prácticas que vulneran los derechos de las mujeres.
Es un trabajo arduo y, a ratos, desalienta observar cómo se siguen reproduciendo situaciones de extrema agresión entre los jóvenes exponentes de lo que creemos son las nuevas generaciones, como ha sido el caso de este femicidio frustrado que ocurrió en Punta Arenas.
Sin embargo, esto debe llevar a revisar las políticas y programas en curso, a fin de dedicar mayor esfuerzo en el área de prevención, siendo la educación un pilar importantísimo para ello.