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EDITORIAL

Funerales de Aylwin, ritos importantes y un tiempo de reflexión

Por La Prensa Austral Sábado 23 de Abril del 2016

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En medio de un país agobiado por las inclemencias climáticas, sorprendido por nuevos informes sobre actos de corrupción de su clase política y empresarial y los partidos enfrascados en concluir un acuerdo para las primarias municipales, falleció a principios de la semana el ex Presidente Patricio Aylwin Azócar.
Más allá del dolor de su familia, de quienes lo conocieron más íntimamente y de los que fueron sus colaboradores, su deceso afectó a nuestra sociedad, ya que buena parte de ella conoció su trayectoria y los momentos complejos en que asumió la Presidencia de la República. A éstos se unieron quienes, ajenos a su figura, pudieron enterarse de aspectos relevantes de la historia reciente del país.
Al final, fueron millones los chilenos que siguieron los principales acontecimientos ligados a los tres días de duelo nacional a través de las transmisiones televisivas, radiales, los artículos de prensa escrita y las redes sociales.
Los actos de homenaje a su figura, que comprometieron a todas las instituciones del Estado, permitieron a gran parte de la ciudadanía valorar la importancia de los ritos, las ceremonias y el cumplimiento de los protocolos y las formas.
Amparados por la solemnidad de estos días, se nos dio la oportunidad de mirarnos en forma comunitaria, pese a todas las diferencias, formando en conjunto un país, en que sus habitantes y sus autoridades reflexionan sobre los años pasados y reenfocan sus miradas en el imperativo ético del bien común.
Las ceremonias fúnebres nos dieron la ocasión de una pausa, nos devolvieron la imagen de un Chile otrora orgulloso de sus tradiciones republicanas y nos recordaron que éramos conocidos como un país serio, democrático, dialogante y respetuoso de los derechos humanos, pese a las diferencias.
Los elogios vertidos sobre la figura de Aylwin -más allá de las diferentes percepciones de su rol en el quiebre democrático de los ‘70- nos llevaron a elevar la mirada, a buscar la nobleza en la política y a volver a creer que quienes acceden a un puesto de poder y decisión en las diversas esferas de la vida de nuestra Nación tienen y deben estar animados por un verdadero espíritu e inquebrantable voluntad de servicio público.