Necrológicas
  • Susana Barría Vigna
EDITORIAL

La figura de Bernardo O’Higgins

El pasado jueves 20 de agosto en todo el país se desarrollaron desfiles cívico-militares y homenajes para conmemorar el natalicio de Bernardo O’Higgins Riquelme, una de las figuras icónicas de la historia de Chile.
[…]

Por La Prensa Austral Domingo 23 de Agosto del 2015

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El pasado jueves 20 de agosto en todo el país se desarrollaron desfiles cívico-militares y homenajes para conmemorar el natalicio de Bernardo O’Higgins Riquelme, una de las figuras icónicas de la historia de Chile.
Toda nación, en el necesario ejercicio de crear y reforzar su identidad, se va asiendo de la vida de hombres y mujeres señeros para ir exaltando valores y principios sobre los cuales quiere sostenerse y desarrollarse.
Así en el caso de O’Higgins, se le califica de libertador y uno de los padres de la Patria, exaltando sus atributos respecto de su amor a su tierra, ansias de libertad, orden, arrojo y equidad social.
Como lo que sucede, por ejemplo, respecto del quiebre democrático, el golpe y gobierno militar, la figura e importancia de O’Higgins no se puede sopesar ni comprender en toda su dimensión sin dejar de considerar su contexto histórico.
Lo primero y que es innegable es que este hombre que nació en 1778 enfrentó en su juventud los tiempos de descontento con las políticas españolas que llevaron a una crisis en las colonias.
Actuó claramente influido, él y los libertadores americanos, por las ideas independistas y siguiendo, luego, el ejemplo de Estados Unidos (1776).
Pero, como hombre que ostentó el poder, no es creíble que sólo fuera un cúmulo de virtudes. Según quien analice la historia, habrá un O’Higgins genial, patriótico a ultranza y digno de emular o un ser con pequeñeces, que traicionó, mató y que, a ratos, fue déspota. En rigor, no es ni lo uno ni lo otro.
Su propio historial da cuenta de estos vaivenes y bemoles, si se considera que, luego de llegar a ser el Director Supremo de la Nación, enfrentó en su mandato un sinnúmero de conflictos, tuvo que abdicar el 28 de enero de 1823 y terminó muriendo en el exilio en 1842.
La vida de O’Higgins mirada desde dos o más perspectivas, lejos de empequeñecerse, se hace más interesante y no debe existir temor a considerar relatos e interpretaciones diversas que nos permitan tener una comprensión más cabal de este hombre que, sin duda, fue señero y que exhibió muchas virtudes dignas de imitar y que también tuvo debilidades y conductas ruines, de las cuales igual se debe aprender.