Necrológicas
  • José Luis Urbina Lazaneo
EDITORIAL

La pérdida de la confianza

En la última en-cuesta Adimark, la Presidenta Mi-chelle Bachelet registró el menor apoyo histórico que ha tenido un Mandatario des-
[…]

Por La Prensa Austral Martes 8 de Septiembre del 2015
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En la última en-cuesta Adimark, la Presidenta Mi-chelle Bachelet registró el menor apoyo histórico que ha tenido un Mandatario des-
de que se realiza tal medición, al obtener sólo un 24%. El rechazo, a su vez, creció a 72%.
Este magro apoyo ciudadano contrasta con el gran respaldo popular que le permitió ganar la segunda vuelta en 2013, cuando reunió al 62% de los votos, logrando así la cifra más alta para un candidato desde que retornó la democracia al país.
Varias son las razones y circunstancias que han llevado a que Bachelet pierda su adhesión popular. En lo personal, el caso Caval fue y sigue siendo el más incidente, pero se han sucedido otros episodios como el insano vínculo de la política y el dinero -que no acaba y que sigue sorprendiendo-, tanto como su proyecto de iniciar y llevar adelante en forma simultánea un conjunto de reformas, llamadas estructurales, respecto de las cuales ha existido mucho ripio y no poca improvisación.
Todo ello ha minado, sin duda, la cohesión de la Nueva Mayoría y ha dejado en cierta indefensión a la Mandataria, la que ha sido públicamente cuestionada por sus propios aliados.
Pese a todo ello, la oposición no ha capitalizado este derrumbe, si bien las cifras fueron bastante más alentadoras para este grupo en la encuesta Adimark entregada a principios de agosto.
Así dadas las cosas, la inquietud no puede ser menor pues se está ante un ambiente generalizado de desconfianza hacia la clase política, que está llamada a representar a la ciudadanía y a dirigir los destinos del país.
En qué forma se recupera la confianza y cómo se pueden restablecer los vínculos con la gente, son los imperativos que están sobre la mesa no sólo para este gobierno, sino para la oposición.
A Chile, como sociedad, no le hace bien que reinen la corrupción y el pesimismo, mucho menos que esto lleve a que siga cayendo el interés ciudadano por concurrir a las urnas, que es la base para dar legitimidad a las autoridades electas.