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EDITORIAL

Marcha contra el aborto

Punta Arenas se unió ayer a la marcha que, en forma simultánea, se realizó en una treintena de ciudades del país, para protestar en contra de la despenalización del aborto.
[…]

Por La Prensa Austral Domingo 6 de Septiembre del 2015

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Punta Arenas se unió ayer a la marcha que, en forma simultánea, se realizó en una treintena de ciudades del país, para protestar en contra de la despenalización del aborto.
Se trata de un acto ciudadano, en que familias y representantes de algunas agrupaciones sociales y religiosas quisieron salir a las calles a exponer su postura contraria al proyecto de ley que hoy se debate en el Congreso.
La iniciativa del Ejecutivo considera, en términos globales, tres causales para permitir la interrupción del embarazo: el riesgo de la vida de la madre; la inviabilidad fetal; y la violación.
Se trata así de una de las iniciativas llamadas “valóricas”, pues sus detractores ponen el acento en que está en juego el derecho a la vida, que se consagra en la Constitución.
Sin embargo, desde el punto de vista del Estado, se busca garantizar la salud pública para todas las mujeres que habitan este país, cuando, por diversas circunstancias, su propia vida y bienestar físico y psicológico está en peligro.
También, por ello, uno de los aspectos que se incluyó como indicación es que la nueva ley tiene que considerar un debido acompañamiento emocional y psicológico para aquellas mujeres que decidan interrumpir su embarazo.
Se trata de un debate que, sin duda, divide y enfrenta a diversas concepciones ideológicas y religiosas, pero que el país debe abordar con altura de miras y considerando que el Estado debe ser aconfesional y que tiene la obligación de velar por todos los habitantes de su territorio.
Por ello, es importante que todas las posturas puedan expresarse libremente y sean escuchadas, a fin de que contribuyan al debate.
Los legisladores, en el estudio de la norma, deben sopesar todas y cada una de las visiones que hay sobre esta materia, amén de tener en vista las consideraciones científicas, médicas y éticas que este tema tan sensible impone. Todo ello para que la ley que, en definitiva, regule esta materia no deba ser en el corto plazo revisada, complementada ni “mejorada”.