Necrológicas

1.200 millones de personas vacacionaron en algún lugar del mundo durante el año pasado

Por La Prensa Austral Domingo 4 de Junio del 2017

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La mejora de las comunicaciones y del nivel de vida de buena parte del planeta puso en marcha a media población mundial camino del lugar de residencia de la otra media.

Con cierta incredulidad se encontraron semanas atrás quienes transitaban por el sector de Gràcia de Barcelona al ver un peculiar mensaje de protesta escrito en un muro: “All tourist are bastard” (todos los turistas son unos bastardos). Así, sin matices.

Los 1.200 millones de personas que -según datos de la Organización Mundial del Turismo- hicieron vacaciones en 2016 fuera de nuestro lugar de residencia son considerados por el autor del texto como espurios, ilegítimos, infames, falsos y viles.

Lo complejo del mensaje es que el turismo es el gran fenómeno social del siglo XX. La mejora de las comunicaciones y del nivel de vida de buena parte del planeta puso en marcha a media población mundial camino del lugar de residencia de la otra media. Y lejos de parar, sólo hará aumentar en el siglo XXI. Pero como todo fenómeno global, tiene sus pros y sus contras: del negocio turístico vive más del 11% de la humanidad y en algunas regiones representa hasta el 50% del Pib.

Según publica el diario español El País, el turismo además no es sólo negocio; esos movimientos de masas también implican intercambio de ideas, de proyectos, de mestizajes y de paz. Pero descontrolado, el turismo es como Atila: acaba con la cultura local. En esa guerra se enmarcan las nada amigables pintadas que aparecen con cierta frecuencia en Barcelona contra los turistas. Como si ellos, y no quienes planifican las políticas de desarrollo, fueran los culpables. El turista no suele ir donde quiere; va donde le facilitan ir.

¿Se puede odiar a los turistas? Sí, por desgracia. Aunque muchas de las ciudades que ahora los rechazan crecieron y se hicieron ricas gracias a ellos.

El diario británico The Independent ha elaborado una lista de ocho destinos que odian o rechazan a los turistas. A ese listado el medio español agrega a Venecia, conocida ciudad histórica de Italia.

Venecia

Lo de la ciudad italiana no es nuevo. Venecia es el paradigma de ciudad devorada por el turismo de masas y un ejemplo de lo que hay que evitar. Lleva años maltratando al visitante porque sabe que haga lo que haga al día siguiente tendrá otros cientos de miles esperando para entrar.

Islas de Tailandia

Es curioso que el país de la sonrisa y uno de los más amables con los extranjeros aparezca en esta lista. The Independent lo incluye porque en mayo de 2016 el gobierno tailandés decidió cerrar varias islas, entre ellas Koh Khai Nok, Koh Khai Nui y Koh Khai Nai, destinos habituales de mochileros en busca de fiesta, por el alto grado de deterioro ambiental que presentaban. Pero a mí eso no me parece un síntoma de que se odie a los turistas; todo lo contrario: es el camino a seguir para compaginar turismo y protección.

Barcelona

El diario británico destaca las palabras de Ada Colau al poco de tomar posesión como alcaldesa: “No queremos que la ciudad se convierta en una tienda de recuerdos baratos”, poniendo a Venecia como ejemplo. El congelamiento de licencias para todos los nuevos hoteles y departamentos de arriendo de vacaciones, las multas a AirBnb, los proyectos de nuevos impuestos turísticos y los estudios para limitar el número de visitantes son las razones que esgrime The Independent para incluir a la capital catalana. Amén de la imagen que da la ciudad al mundo con pancartas en los balcones del tipo “Tourist go home”.

Ámsterdam

Otra de las capitales que muere de éxito. The Independent recoge el discurso de Frans van der Avert, director ejecutivo de Mercadotecnia de Ámsterdam, en el reciente Foro Mundial de Turismo celebrado en Lucerna: “Las ciudades están muriendo por el turismo. Nadie vivirá más en los centros históricos. Muchas ciudades históricas más pequeñas en Europa están siendo destruidas por los visitantes. No gastaremos ni un euro más en la comercialización de Amsterdam. No queremos tener más gente. Queremos aumentar la calidad de los visitantes, queremos personas que estén interesadas en la ciudad, no que la quieran sólo como telón de fondo para una fiesta”. Y lanzó un dardo envenenado: “El problema lo han creado las aerolíneas de bajo costo, con los pasajeros de Ryanair a la cabeza.”

Bután

Bután no odia a los turistas, todo lo contrario. Sólo que han sido muy listos: al incorporarse los últimos al mercado turístico (el país estuvo cerrado a los extranjeros hasta 1974 y el turismo no empezó a despegar hasta 1991) han aprendido de errores ajenos y tratan de hacer las cosas de otra manera. Quien quiera ir a Bután es bienvenido, pero tiene que entrar con una agencia autorizada y pagar una tasa fija de 250 dólares diarios, que le incluye el transporte, guía y alojamiento. Así controlan los flujos y no se les “escapa” el número de visitantes.

Los onsen de Japón

Un onsen es un baño público termal tradicional de la cultura japonesa. A los extranjeros les encanta también darse ese relax de agua hipercaliente al finalizar la jornada. Pero hay un problema: en la mayoría de onsen prohíben entrar a quienes llevan tatuajes en el cuerpo; algo mal visto en la cultura japonesa, no así en la occidental.

Santorini

La isla griega más popular ha dicho basta. No cabe ni un crucero más ni un turista más. En verano de 2016 llegaron 10.000 cruceristas al día. Las autoridades quieren limitar ese número a 8.000 a partir de este año.

Cinque Terre

Es una de las postales más famosas de Italia: cinco pintorescos pueblos marineros catalogados Patrimonio de la Humanidad, unidos por estrechos y bucólicos senderos. Suficiente belleza como para atraer a 2,5 millones de turistas al año. Según The Independent, sus gestores planean poner un númerus clausus máximo de 1,5 millones anuales. Una vez superado, no entran más turistas.

Arlington

La inclusión de Arlington, en Texas, se basa en un estudio que se hizo en 2015 sobre decenas de miles de tuits geoetiquetados en todo Estados Unidos; la conclusión de sus autores era que la ciudad era el destino menos turístico en el país del norte.