Necrológicas

Los excéntricos hábitos de Albert Einstein y las lecciones útiles que enseñan

Por Agencias Viernes 21 de Julio del 2017

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Según el autor Marc J. Seifer, el célebre inventor y físico Nikola Tesla flexionaba los dedos de sus pies todas las noches para estimular sus células cerebrales.
Isaac Newton, mientras tanto, alardeaba sobre los beneficios del celibato, algo que también practicó Tesla aunque, posteriormente, llegó a decir que se había enamorado de una paloma.
Desde Pitágoras y su prohibición de comer frijoles hasta Benjamín Franklin y sus “baños de aire” sin ropa, el camino hacia la grandeza está repleto de hábitos verdaderamente peculiares.
¿Pero si no se tratara de simples datos superficiales?
Según las últimas evidencias, cerca del 40% de lo que diferencia a los “cerebritos” del resto de mortales en la adultez tiene su origen en factores ambientales.
Nos guste o no, nuestros hábitos diarios tienen un poderoso impacto sobre nuestros cerebros, dando forma a su estructura y modificando nuestra forma de pensar.
Y entre todas las grandes mentes de la historia, probablemente el maestro de combinar la genialidad con hábitos raros fue Albert Einstein.
¿Quién mejor para buscar pistas de comportamientos que mejoren la mente?
Dormir 10 horas y
siestas de un segundo
Se sabe que dormir es bueno para el cerebro, pero Einstein se tomó ese consejo más en serio que la mayoría. Supuestamente dormía al menos 10 horas al día (el estadounidense promedio duerme hoy en día 6,8).
Muchos de los avances más radicales en la historia de la humanidad, incluyendo la tabla periódica y la estructura del ADN, supuestamente surgieron mientras sus descubridores estaban inconscientes.
También la teoría de la relatividad de Einstein, que se le ocurrió cuando soñaba con vacas electrocutadas.
¿Pero es esa inspiración del sueño cierta?
Cuando caemos dormidos, el cerebro entra en una serie de ciclos.
Cada 90-120 minutos fluctúa entre el sueño ligero, sueño profundo y la fase REM (movimiento ocular rápido) que, hasta hace poco, se creía desempeñaba el rol principal en el aprendizaje y la memoria.
Pero esa no es toda la historia.
“Pasamos el 60% de nuestra noche en un sueño no REM”, enfatiza Stuart Fogel, neurocientífico de la Universidad de Ottawa, Canadá.
Ese tipo de sueño se caracteriza por rápidas ráfagas de actividad cerebral. Ocurren miles de veces en la noche y cada una dura sólo unos pocos segundos.
Conocidas como huso del sueño o ritmo sigma, comienzan con un aumento de energía eléctrica generado por las estructuras profundas del cerebro.
El principal responsable es el tálamo, una región que actúa como el principal “centro de comunicaciones” del cerebro.
Curiosamente, quienes tienen más incidencias de husos del sueño tienden a tener una mayor “inteligencia fluida”, la habilidad para resolver nuevos problemas, usar la lógica en nuevas situaciones, e identificar patrones.
Es la clase de inteligencia que Einstein tenía en abundancia y guarda consonancia con su menosprecio por la educación formal y su recomendación de “nunca memorizar algo que puedas consultar”.
Aun no se sabe por qué esas ondas serían beneficiosas, pero Fogel cree que podría tener que ver con las regiones activadas en el cerebro (el tálamo y la corteza cerebral).
Afortunadamente para Einstein, también tomaba siestas regularmente.
Según una leyenda apócrifa, para asegurarse de no excederse solía reclinarse en su sillón con una cuchara en la mano y un plato de metal directamente debajo.
Se permitía entonces caer dormido por un segundo, despertándose con el sonido que hacía la cuchara al caerse.
Caminatas diarias
Para Einstein su caminata diaria era algo sagrado.
Al ir y volver a la Universidad de Princeton, EE.UU., recorría en total unos 5 kilómetros
Hay muchas evidencias de que caminar mejora la memoria, la creatividad y la solución de problemas.
Si lo piensas, no tiene mucho sentido. Es algo que distrae el cerebro de tareas más intelectuales y te fuerza a concentrarte en poner un pie delante del otro y no caerte.
Pero es ahí donde aparece la “hipofrontalidad transitoria” que, básicamente, significa moderar la actividad en ciertas partes del cerebro, especialmente los lóbulos frontales que participan en procesos más elevados como la memoria, el juicio y el lenguaje.
Al reducir un poco esa actividad, el cerebro adopta un estilo totalmente distinto de pensar, que puede llevarte a nuevas percepciones que no obtendrías sentado en tu escritorio.
No hay ninguna evidencia para esa explicación de los beneficios de caminar, pero es una idea tentadora.
Comer fideos
No está claro qué alimentaba la extraordinaria mente de Einstein, aunque en la internet aparece la dudosa afirmación de que eran los fideos.
Einstein sí dijo, en broma, que sus cosas favoritas de Italia eran “los espaguetis y el matemático Levi-Civita”.
En todo caso, aunque los carbohidratos tienen mala fama, el genio tenía razón.
Es sabido que el cerebro devora el 20% de la energía del cuerpo, aunque sólo representa el 2% de su peso, prefiriendo azúcares simples, como la glucosa, desglosada de carbohidratos.
Pero a pesar de su afición a lo dulce, el cerebro no tiene forma de almacenar energía y cuando los niveles de glucosa bajan, se le acaba rápidamente.
“El cuerpo puede recurrir a su propio almacenamiento de glicógeno, liberando hormonas de estrés como el cortisol, pero eso tiene efectos colaterales”, apunta Leigh Gibson, profesor de psicología y fisiología en la Universidad de Roehampton, Inglaterra.
Un estudio encontró que las personas con una dieta baja en carbohidratos tenían un tiempo de reacción más lento y memoria espacial reducida, aunque sólo a corto plazo.
Pero aunque los azúcares pueden darle al cerebro un valioso impulso, desafortunadamente eso no significa que los espaguetis sean una buena idea.
“Habitualmente la evidencia sugiere que cerca de 25 gramos de carbohidratos (37 hebras de fideos) es algo beneficioso, pero si duplicas esa cantidad podrías en realidad perjudicar tu capacidad de pensar”, señala Gibson.
Fumar pipa
Einstein era un fumador de pipa empedernido y conocido en el campus tanto por la nube de humo que lo seguía como por sus teorías.
“Contribuye de alguna manera a un juicio calmado y objetivo en todos los asuntos humanos”, se defendió.
Incluso recogía las colillas de cigarrillos de la calle y les quitaba el tabaco que quedaba para ponerlo en su pipa.
No luce realmente como el comportamiento de un genio, pero en su defensa el tabaco no fue públicamente vinculado al cáncer de pulmón y otras enfermedades hasta 1962, siete años después de su muerte.
Sin calcetines
Ninguna lista de las excentricidades de Einstein estaría completa sin mencionar su apasionada aversión al uso de calcetines.
“Cuando era joven, me di cuenta que el dedo gordo siempre terminaba abriendo un hueco en la media. Así que dejé de usarlas”, le escribió a Elsa, su prima y luego esposa.
Probablemente, esa apariencia “hipster” no le proporcionó ningún beneficio y, desafortunadamente, no ha habido ningún estudio que se ocupe del impacto de andar sin medias.
Sin embargo, el cambio a usar ropa casual, en vez de un traje más formal ha sido vinculado a un desempeño deficiente en pruebas de pensamiento abstracto.
En todo caso, qué mejor forma de terminar que con una recomendación del propio Einstein.
“Lo importante es no dejar de cuestionar. La curiosidad tiene su propia razón de existir”, dijo a la revista Life en 1955.