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Debemos aprender a acompañar en el sufrimiento

Por La Prensa Austral Viernes 9 de Junio del 2017

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Es natural que las personas tratemos de escapar del sufrimiento humano, por lo difícil que es entrar en contacto con él. Sin embargo, es ética y moralmente necesario aprender a acompañar en el dolor y acabar con una serie de prejuicios que existen frente a personas que han vivido situaciones traumatizantes

Todos hemos tenido a algún familiar o amigo que ha pasado por una situación difícil, que ha sufrido una experiencia traumática o ha tenido un cuadro depresivo, y sabemos lo difícil y complejo que es acompañar a alguien en ese proceso. Muchas veces compartimos su tristeza, pero también nos da rabia e impotencia porque no sabemos cómo apoyarlo, lo que es absolutamente normal.

“Si tienes a tu pareja que está deprimida y pasan meses y sigue deprimida, te dan ganas de zamarrearla y decir ‘basta, muévete, pon de tu parte, haz algo para salir de esto’. Porque frustra, nos sentimos impotentes, ya que nos confronta con nuestra incapacidad de poder ayudar al otro. Porque sostener el sufrimiento de otra persona es algo muy complejo, y que en general en nuestra cultura y sociedad no se nos ha enseñado a realizar adecuadamente”, señala el psicólogo clínico Camilo Barrionuevo.

De hecho, como sociedad somos muy críticos y prejuiciosos con quienes están sufriendo cuando presentan síntomas muy exacerbados o problemas para vincularse. Así, livianamente hacemos comentarios despectivos como que una persona es “compleja” o “limítrofe”, que “no pone de su parte” o que “tiene todo para ser feliz”. Lo mismo sucede cuando frente a las víctimas de violencia de género se dice que “se lo buscó”, como si fuera un tema de voluntad.

“En vez de tener todos estos juicios que no hacen más que mantener estas dinámicas de sufrimiento, es importante hacer una pausa y mirar qué le pasará a esta persona que está funcionando de esta forma, que está con estas relaciones tan caóticas, tan abusivas. Podemos mirar para atrás y encontrar situaciones en las que sistemáticamente han estado sujetas a relaciones tortuosas, de sufrimiento y de experiencias traumatizantes”, aclara.

El especialista indica que el problema se da por la ignorancia que existe respecto a qué es lo que provoca el trauma en la psiquis y cómo son los procesos naturales del trauma. “Es súper complejo, porque por la propia naturaleza del evento traumático, una de las cosas que colapsa tempranamente es la dificultad para atestiguar el hecho, ya que operan los mecanismos disociativos de la psiquis. La memoria queda fragmentada, se alteran los recuerdos y no hay una narrativa clara, entonces alguien que está empezando a elaborar una situación traumática, una de las cosas que es más angustiosa es el espacio de duda o de inseguridad respecto de la veracidad de esa experiencia, porque se vive como si no hubiese sido real. Pero está probado que no tiene que ver con que eso haya sucedido o no, sino con cómo los eventos traumáticos afectan el funcionamiento psíquico”, explica Barrionuevo.

Ello hace que cueste entender a una persona traumatizada y se genere desconfianza. “Primero, hay una extrañeza y una desconfianza a la narrativa y a los recuerdos. ‘Si te abusaron a los 12 años, ¿cómo te vas a estar acordando recién ahora a los treinta y tantos? ¿No lo habrás imaginado? Y dos, cuando empiezan a aparecer los recuerdos, tienen la característica de que son muy fragmentados. Como no fue integrado en la narrativa de la persona es muy difícil poder decir, sí, pasó tal cosa y después tal otra, porque sucede una disociación, una especie de cortafuego interno como mecanismo defensivo que tiene el aparato psíquico para poder tolerar esa experiencia. Ello hace que sea difícil poder hablar de eso de forma coherente, lo cual en términos hasta judiciales es súper problemático”, precisa el Magíster en Psicología Clínica.

Por lo mismo, agrega que “el proceso terapéutico es en parte acercarse, como tomando la temperatura del agua, para que la persona pueda tener una experiencia tolerable de empezar a hablar, explorar y vincularse con ese dolor, para después, en el mejor de los casos, integrarlo en una narrativa para poder hablarlo, simbolizarlo, hacerlo parte, para que no quede excluido de la historia como algo que disrumpe la narrativa y la biografía del sujeto”.

Ayudarse a ayudar

Camilo Barrionuevo plantea que es importante poner estos temas sobre la mesa, para poder generar un lenguaje, una visión y un entendimiento común, que es a lo que apunta el “Diplomado de Acompañamiento en Situaciones de Trauma: un abordaje desde la psicología Jungiana y la espiritualidad”, que dictará la Universidad del Pacífico a partir del mes de julio.

“Las personas que trabajan en ambientes con otros seres humanos, como profesores, sacerdotes, religiosos, orientadores, asistentes sociales, psicólogos, etc., requieren de la necesaria formación para entender cuáles son los mecanismos que pasan a nivel psíquico cuando una persona sufre una experiencia traumática y cuáles son los elementos mínimos necesarios para que un proceso de reparación terapéutica pueda desarrollarse. Hay una urgente y ética necesidad de que tengamos profesionales más capacitados, más conscientes y más sensibles”, plantea el director del programa académico.

Asimismo, conocer narrativas de la espiritualidad y la religiosidad pueden ser de gran ayuda. “En este espacio de la vida humana que es tan significativo para muchas personas, independiente del credo al que pertenezcan, existen narrativas existenciales y/o religiosas que pueden ser útiles y que puedan facilitar procesos de reparación o que, por el contrario, pueden dificultarlos”, asegura.

Un tema no menor es también aprender algunos elementos para el autocuidado, ya que está documentado que al vincularse con el sufrimiento humano, hay personas que pueden empezar con síntomas depresivos, perder fe en la humanidad, caer en dinámicas nihilistas o sin sentido, y hasta enfermarse y presentar síntomas somáticos.

“El trauma tiene una cualidad muy significativa de transmisibilidad, ya que tenemos una asombrosa capacidad de empatizar con otro y a veces nos contagiamos. Además, en el proceso de acompañamiento del trauma, suele suceder un proceso de trasmisión inconsciente entre el acompañante y paciente, debido a los procesos disociativos que se activan en ambos participantes, producto de las propias historias traumáticas del que está facilitando el proceso de acompañamiento. Por eso es necesario un espacio para la reflexión, para la alerta y para evaluar estrategias para ver cómo encuentro recursos para lidiar con una situación que es compleja y desafiante”, precisa.

“Cuando uno trabaja y se vincula con el sufrimiento humano, se supone que uno como psicólogo tiene formación, pero ninguna formación va a excluir la necesidad de constantemente estarse cuidando, reflexionando y evaluando el impacto que eso tiene en mí. Entonces es necesario tener ciertos mínimos elementos para revisar mi propia historia y tener mayor conocimiento de cómo eso se puede poner en juego cuando estoy acompañando a alguien”, concluye el director del Diplomado de Acompañamiento en Trauma de la Universidad del Pacífico, Camilo Barrionuevo.