Necrológicas

Los gigantes de la Patagonia

Por Elia Simeone Domingo 9 de Agosto del 2015
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La existencia de gigantes en la geografía del continente americano no es un hecho exclusivo de la zona austral y patagónica, existiendo registros y documentación de éstos misteriosos habitantes desde Norteamérica hasta el Cabo de Hornos. Sin duda alguna, los patagones, como asimismo las sirenas, las amazonas, los dragones, los coludos y otros seres sobrenaturales y fantásticos, despertaron la curiosidad y el espíritu aventurero de los occidentales europeos, incentivando las expediciones de conocimiento tanto antropológico como geográfico en tierras americanas. La existencia de los gigantes, en particular, está bien documentada a lo largo del continente.

Desde la llegada de los primeros expedicionarios occidentales a las latitudes australes de América, un hecho llamó poderosamente la atención: la presencia de seres de notable estatura, quienes habitaban el extremo sur del continente. Debido a sus características físicas les llamaron gigantes ó patagones, casi indistintamente. Su existencia real se halla registrada en innumerables crónicas y registros de expediciones a lo largo de las centurias.

Muchos europeos “imaginaron” seres sobrenaturales y la existencia de lugares fantásticos como Elelín, El Dorado, Trapananda y la mítica Ciudad de los Césares, fueron importantes factores que incentivaron y promovieron el conocimiento de la geografía americana y el posterior asentamiento en determinadas regiones.

 

 

Tribu de gigantes

 

 

Al remontarnos al pasado, nos encontramos con que en 1766 el Delfín, un buque al mando del comodoro John Byron (apodado “el mal tiempo Jack” y el abuelo del poeta Byron) regresó a Londres después de darle la vuelta al mundo. A pesar de que estaba en el banquillo, se filtró el rumor de que la tripulación del Delfín había encontrado una tribu de gigantes de tres metros en la Patagonia, América del Sur. Este rumor apareció por primera vez impreso el 9 de mayo de 1766 en el Gentleman’s Magazine. Otros periódicos, como la Crónica de Londres, obtuvieron también la historia.

Antonio Pigafetta, que navegó con Magallanes en la década de 1520, había escrito de un encuentro con una raza de gigantes de América del Sur. Según Pigafetta, Magallanes se refirió a estos gigantes como “patagones”, debido a sus grandes pies, es por esto que el extremo sur de Sudamérica llegó a ser conocida como la Patagonia.

El cronista de la expedición de Magallanes, escribió un relato sobre su encuentro con los nativos con doble de la altura de una persona normal:

“Un día de repente vimos a un hombre desnudo de estatura gigante en la orilla del puerto, bailando, cantando y arrojando polvo en su cabeza. El capitán general [es decir, Magallanes] envió a uno de nuestros hombres hacia el gigante realizando las mismas acciones como una señal de paz. Una vez hecho esto, el hombre llevó al gigante a una isleta donde el capitán general estaba esperando. Cuando el gigante se encontraba ante el capitán general y nuestra presencia se maravilló mucho, e hizo señales con un dedo levantándolo hacia arriba, creyendo que habíamos llegado desde el cielo. Era tan alto que alcanzaba sólo a la cintura, y estaba bien proporcionado”.

 

 

Magallanes y los tehuelches

 

 

 

Por su parte, Hernando de Magallanes también describió que los colores reales del pelo del gigante eran rojos, y su voz era chillona “como la de un toro”. Más tarde, Magallanes y sus navegantes conocieron de los nativos (de tamaño común) que el gigante pertenecía a una tribu vecina conocida como tehuelches.

De forma notable, los registros de Pigaffeta muestran que Magallanes y sus marineros capturaron dos de estos gigantes vivos y los llevaron a bordo de su barco con la intención de moverlos a Europa, pero, por desgracia, los dos individuos enfermaron y murieron durante el viaje de regreso. Finalmente, el viaje “alrededor del mundo” terminó en 1522, pero el intrépido Magallanes moriría antes en las Filipinas, en combate con los indígenas sirviéndole el mar como una tumba. Pero Pigaffeta, que fue uno de los pocos sobrevivientes del viaje, logró mantener estos registros muy bien resguardados.

 

 

El pirata Drake

 

 

Cincuenta y ocho años más tarde, de acuerdo con los registros de otros exploradores, los gigantes todavía vagaban por San Julián. Y nada menos que el noble pirata Francis Drake había logrado en sus incursiones varias reuniones entre él y los hombres de pelos rubios gigantes de hasta 3 metros de altura. En los años que siguieron, varios navegadores de diferentes países informaron a sus coronas y superiores registros de hombres pelirrojos gigantes que rondaban la zona.

En 1578, Francis Fletcher, también escribió un manuscrito en el cual describe una reunión con patagones muy altos. En la década de 1590, Anthonie Knivet, que había navegado con Sir Thomas Cavendish, afirmó que había visto cadáveres en la Patagonia que medían más de doce pies de largo.

Posiblemente, los gigantes patagones del extremo sur sean los más reconocidos de América, quienes generaron gran impacto a los testigos occidentales tanto por su considerable tamaño como por sus expresiones y manifestaciones culturales. Se emplazaban en la zona patagónica, hasta el Cabo de Hornos.

Antonio de Herrera, cronista oficial del Rey Felipe II, expresa el siguiente episodio en relación con los gigantes patagones:

“Iba el capitán general reconociendo los puertos de la parte del sur, y halló muchos, tan buenos, que sin amarras podían estar las naos seguras, y esto fue á los veinte y dos de abril, y aquella noche llegaron á bordo de las naos dos canoas de indios, que parecían que amenazaban; y porque eran hombres de grandes cuerpos, algunos les llamaron jigantes y otros los han dicho patagones, y por no haber hallado mucha conformidad en los que refieren las cosas destos hombres no se dirá aquí otra cosa dellos”. (sic)

En la Historia General y Natural de las Indias (1526) de Gonzalo Fernández de Oviedo y Valdés, aparece en el capítulo VI titulado “Cómo el capitán general, frey Garcia Jofré de Loayza, se juntó con las otras naos de la armada, y de otra fortuna que se les siguió, y de los gigantes y gente del estrecho de Magallanes, el cual nombre á éstos jigantes patagones se los dio Magallanes”,(sic) la siguiente crónica:

“Y así siguieron hasta una legua delante de la bahía de la Victoria é hallaron muchos ranchos y chozas de los patagones, que son hombres de trece palmos de alto y sus mujeres son de la mesma altura. Y luego que los vieron salieron las mujeres á ellos, porque sus hombres eran idos á caza é gritaban y capeaban á estos cripstianos, haciéndoles señales que se detoviesen atrás: pero los cripstianos, como tenían ya costumbre de hacer la paz con ellos, luego comenzaron á gritar diciendo o o o, alzando los brazos y echando las armas en tierra y ellas echaban asimesmo los arcos é hacían las mesmas señales, é luego corrieron los unos para los otros y se abrazaron.”(sic)

 

 

Fama mundial

 

 

El comodoro Byron dio la vuelta al mundo en 1766 y al publicar su relato, acompañado de famosos dibujos, otorgó carta de naturaleza mundial a los gigantes de la Patagonia. Dice allí que “los patagones son hombres agigantados y nosotros (los navegantes ingleses) nos asombramos de su talla, porque aun sentados venían a ser tan altos como nosotros en pie”. Y precisa además que “los de mediano porte tendrían como 8 pies y los mayores 9 y algo más.”

¿Cómo se puede entonces calificar de gigantes a estos patagones?

La medida de Byron, 2.73 metros, da un gigante. La medida del doctor Pineda, 1.91 metros, da un hombre alto, algo así como el ingeniero Rodolfo Baquerizo pero no un gigante. Sin embargo, una vez que el comodoro vio sus gigantes, ya todos los navegantes que pasaron por allí los vieron también. Ingleses, franceses, holandeses, tudescos como John Purnety (1769) o FitzRoy (1802) y mil más, los dibujaron a toda fantasía. Y como el cura Arézaga había ya referido que vio indios patagones que traían a cuestas un animal que habían cazado, de 55 kilos, como si fuese una pluma y que los vio comer un bocado de carne de dos libras y beberse “un cuero de agua que cabía dos arrobas y era suficiente para aplacar la sed de tres cristianos y aún sobraba”, ya se puede conjeturar las portentosas hazañas que se contaron de los gigantes patagones.

La fotografía capta a un tehuelche gigante con colonos de la Patagonia.

 

Por Mario Isidro Moreno.