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Una fecha para tomar conciencia sobre el abuso a nuestros mayores

Por Elia Simeone Miércoles 15 de Junio del 2016
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  • El maltrato de las personas mayores es un problema social que afecta la salud y los derechos humanos de millones de personas mayores en todo el mundo. Según la ONU, hoy entre el 4 y el 6% de los ancianos ha sufrido alguna forma de abuso y maltrato. Especialista de la Universidad del Pacífico aborda este fenómeno que merece la atención de la comunidad internacional.

 

El día 15 de junio fue designado por la Asamblea General de las Naciones Unidas como el Día Mundial de Toma de Conciencia del Abuso y Maltrato en la Vejez. Una fecha que brinda la oportunidad de reflexionar acerca de los sufrimientos que personas de este grupo etario sobrellevan en distintos ámbitos en los cuales están insertos.

Para Sandra Pérez, docente experta en temáticas de adulto mayor de la Escuela de Trabajo Social de la Universidad del Pacífico, el maltrato a las personas mayores es una violación de los derechos humanos y se constituye en una causa importante de lesiones, enfermedades, pérdida de productividad, aislamiento y desesperación.

Entre los principales abusos que sufre este grupo, menciona aquellos que se circunscriben en los ámbitos individuales de maltrato o descuido y en el maltrato institucional. “De acuerdo a lo que se expone en el informe de SENAMA Abusleme (2014), en el ámbito familiar las causas que coayudan al maltrato serían el género, la edad avanzada o los problemas físicos, como asimismo la dependencia económica entre la persona mayor y quien esté a su cuidado. Otro factor que influye en la presencia de maltrato es el estrés de los  cuidadores. A nivel de sociedad surgen algunas evidencias de maltrato asociadas a los procesos de modernización, donde no se consideran las capacidades de los adultos mayores, la pérdida de funciones reconocidas y validadas por una sociedad cambiante y la transformación de las estructuras familiares que marginan al adulto mayor, privándolo de seguridad y protección”, comenta la especialista.

La docente universitaria agrega que si bien existen pocos estudios que respalden el fenómeno del maltrato, sí se ha podido observar que prevalecen ciertos tipos de abuso que afectan a las personas mayores. “Quizás el más común es el psicológico, expresado en insultos, intimidación, humillación o indiferencia, y en la invisibilización del sujeto. No obstante, la Organización Mundial de la Salud ha podido detectar evidencias del aumento de maltrato en la forma de abuso físico y el abuso financiero, lo que demuestra la multiplicidad de formas que puede adquirir el maltrato en la vejez”, comenta.

Obviamente, para los adultos mayores pasar por este tipo de violencia es dañino y puede tener consecuencias que afectan las diversas dimensiones de su vida, tanto las personales, como las sociales y económicas.

“En el aspecto físico, las consecuencias pueden ser tan graves que lleven a la víctima a la muerte, dada su fragilidad orgánica. En este ciclo de la vida la resistencia física va disminuyendo sustancialmente, por lo que la recuperación de un evento de violencia es de alto riesgo. En lo social, lo más grave es la invisibilidad y el aislamiento, con lo que se produce un impacto directo en la autoestima y genera sentimientos de inseguridad, dejando al adulto mayor sin la capacidad de proyectarse. Y en lo económico, la consecuencia más frecuente son las pérdidas patrimoniales y el aprovechamiento por terceros de fondos y/o haberes. Incluso una investigación realizada en New Haven (Estados Unidos) demostró que las tasas de mortalidad aumentan en el grupo de personas que son víctimas de maltrato”, advierte la experta de la Universidad del Pacífico.

¿Cuáles son las principales trabas que existen a nivel de sociedad para poder avanzar en superar este tipo de situaciones? “En relación a la estructura de la sociedad moderna, se constatan diversas conductas que atentan contra la seguridad de quienes han llegado a este ciclo vital, tales como la marginalidad, la exclusión y el aislamiento. Estas conductas son un reflejo de un cambio en la escala de valores, donde se anteponen a la dignidad personal los criterios de eficiencia y productividad, llevando a valorar ´el hacer´ por sobre ´el ser´”, finaliza Sandra Pérez, docente de la Escuela de Trabajo Social de la Universidad del Pacífico.