Necrológicas

Una mortal manera de navegar por internet

Por La Prensa Austral Viernes 28 de Abril del 2017

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Juego de la ballena azul 

El juego de la “Ballena Azul” (Blue Whale), que dura 50 días, es un siniestro desafío que invita a niños y adolescentes a superar 50 pruebas (una por día), en que algunas les obligan a despertarse de madrugada a mirar videos de terror, cortarse el brazo con una navaja o acercarse al borde de un precipicio. La última consiste en suicidarse saltando desde un balcón.

 ¿Qué es lo que atrae a los jóvenes de este juego?

Existen muchos elementos que pueden atraer a un joven a explorar este juego, y luego hay otros que pueden llevarlo a jugar y seguirlo hasta el final. En este sentido, hay que diferenciar las motivaciones, y sobre todo los factores de riesgo, que podrían llevar a alguien hasta el final.

Primero, hay que entender que es un juego relacional, por lo tanto, genera una complementariedad entre el que invita y el que acepta. Y el que invita sostiene aspectos disociales, perversos y psicopáticos, disfrazados desde distintos lenguajes y que pueden llegar de distintas maneras a un público, por una parte, incauto y frágil, y por otro, a un público con características más desafiantes que engancha con la demanda del que está detrás de las pruebas.

Los factores de riesgo pueden ir desde pasar mucho tiempo solo, sentir falta de sentido en la vida, enojo por percepción de maltrato (ya sea en la familia, en el colegio, pares u otros), percepción y efectividad de sostener una red social poco contenedora y atenta, intentos suicidas previos, ideación suicida, deseos previos de hacerse daño o dañar a otros. También está la tendencia al consumo de drogas y alcohol, problemas en la estabilidad anímica, percepción de no ser querido, ser sobre exigido, ser demandado por otros y poco validado (en este caso se podría tomar el desafío como una forma de validarse socialmente). Chicos que pudieran sufrir bullying o ciberbullying.

Todos estos factores de riesgo, y otros que se me pudieran quedar sin nombrar, motivan a un joven o niño a buscar una forma de sentir que importa, que es alguien, que puede terminar su vida de una forma “gloriosa”. La necesidad de identidad y sentir que pertenezco a un grupo, que soy capaz de cruzar límites (pensemos que el juego invita a dar drogas a otros, por ejemplo), que me puedo vengar, y en otros casos es simplemente adrenalina, sin conciencia efectiva de lo que estoy haciendo.

¿Existe manera de detectar a tiempo la participación de jóvenes en estos juegos, pese a que son bien herméticos?

Para detectar 100% y quedarse tranquilo 100%, no. Siempre hay un margen de riesgo. La mejor forma de prevenir es generando lazos de confianza con los hijos, conversando con ellos, conociendo que hacen por internet, chequeando sus estados de ánimo, sus deseos, cómo van con las amistades. En esta línea la mejor intervención es la prevención asociada a desarrollo de lazos afectivos sólidos.

En lo inmediato, conversar con los hijos qué saben de este juego, qué piensan, chequearlos emocionalmente. Hay que considerar que este juego va contra los derechos del niño y es responsabilidad del adulto generar espacios de resguardo y chequear lo que pueda estar ocurriendo emocionalmente con sus hijos, nietos y alumnos. La mejor protección es una red contenedora y afectuosa, que le diga con sus acciones que vale la pena vivir.