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Vehículos aéreos no tripulados, los nuevos ojos de la ciencia

Por La Prensa Austral Domingo 21 de Febrero del 2016

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Vehículo aéreo no tripulado o sistema de aeronave pilotada remotamente (respectivamente UAV y RPAS, por sus siglas en inglés) es el nombre técnico de lo que comúnmente conocemos como dron. Aunque su desarrollo inicial haya sido impulsado por aplicaciones militares, en los últimos años los UAV suscitan un enorme interés por las posibilidades que ofrecen en otros sectores, como la ciencia. ¿Qué ofrecen de nuevo los UAV a la investigación científica? Principalmente tres cosas:

1. Mayor accesibilidad. Los UAV permiten llegar donde nunca antes se había podido, hasta con los equipos más avanzados, y recopilar información en ambientes muy dinámicos y extremos. Por ejemplo, se han usado UAV para estudiar erupciones volcánicas y huracanes, mapear las profundidades marinas o simplemente en áreas de difícil acceso por barreras naturales o artificiales.

2. Alta precisión para seguimiento de especies en peligro. La disponibilidad de UAV ha impulsado enormemente los estudios de conservación. Gracias a estas herramientas es posible identificar, mapear y monitorear especies que viven en ambientes complejos minimizando el impacto humano. Evidencia de ello es la comunidad de investigadores ConservationDrones.org  que ha mapeado cientos de áreas en Africa y Asia, identificando por primera vez un nido de orangután en la copa de los árboles de la selva de Sumatra.

3. Costes reducidos para el monitoreo automático. La combinación de altas inversiones privadas y la caída del precio de los componentes ha reducido significativamente el costo de los UAV, convirtiéndolos en asequibles para la comunidad científica por pocos miles de dólares. Muchos de estos UAV pueden ser empleados como sensores autónomos o periódicos para el seguimiento de procesos (uso de agua, uso del suelo, estado de salud de la vegetación, agricultura de precisión, entre otros) o desastres naturales (incendios, inundaciones, terremotos, etc.), y la generación de mapas tridimensionales, con mayor precisión y menor costo respecto a las imágenes obtenidas con satélites.

Sin embargo, estas ventajas vienen asociadas de algunos desafíos, el más crítico de los cuales es, sin duda, la normativa que regula el empleo de los UAV. En la mayoría de los países la regulación ha sido “reactiva”, es decir ha ido respondiendo a los casos de uso ya implementados y peticiones de los usuarios, más que “proactiva”. Esto ha generado a veces vacíos legales que complican el uso humanitario y científico de los UAV, como por ejemplo cuando se establecen prohibiciones de uso en zonas protegidas o pobladas, que suelen ser el área de estudio principal. En Estados Unidos, país pionero en la implementación y regulación de estas herramientas, las restricciones de uso en áreas sensibles se levantan, previa autorización, en caso de estudios científicos, prevención de riesgos, búsqueda y rescate, reconociendo así la enorme contribución de los UAV en estas áreas. Distinguir entre uso científico/ humanitario y recreacional/comercial de los UAV parece ser el enfoque más razonable para asegurar los objetivos de seguridad y conservación sin perder las ventajas que estas nuevas tecnologías proporcionan para la ciencia.