Necrológicas
  • María Ofelia Laguarda Sánchez
  • María Julia Cárcamo H.
  • Amelia Miranda Navarro

Helvecia Volkart: la matrona que ha dado la bienvenida al mundo a más de 1.000 magallánicos

Por Rodolfo Soto Domingo 8 de Mayo del 2016

Compartir esta noticia
1.709
Visitas

Según el diccionario de la Real Academia de la Lengua, una madre es quien ha parido a otro ser de su misma especie. Para la matrona Helvecia Volkart Borelli, dicho concepto se aplica también para el trabajo que ella ha realizado por casi 55 años como matrona, asistiendo los partos y trayendo al mundo a más de 1.000 magallánicos desde la sexta década del siglo anterior, una labor que le ha deparado muchas alegrías, como también el reconocimiento de -como ella denomina- sus “otros hijos”.

Nacida el 27 de julio de 1941 en Punta Arenas, es descendiente de abuelos inmigrantes suizos e hija, junto a otras dos hermanas, de Juan Volkart y Matilde Borelli. Fue criada en el seno de una familia dedicada al rubro agrícola y ganadero que concentró sus actividades en el sector norponiente de la ciudad, donde actualmente se emplaza la población Las Vertientes.

“Tuve una infancia muy feliz. Yo viví con la naturaleza pura. Ordeñábamos a las vacas, ayudábamos a la chancha cuando tenía crías, andábamos a caballo, y teníamos una vida natural muy bonita rodeada del cariño de mis padres y mis abuelos”, manifiesta agradecidamente.

 

 

De Punta Arenas a la gran capital

 

 

Sus estudios los cursó en el Liceo María Auxiliadora egresando a los 17 años, edad en la que ingresó en 1959 a la Universidad de Chile, en Santiago, a estudiar en la única Escuela de Obstetricia que existía en aquellos años, recibiéndose de su carrera el 21 de diciembre de 1961.

“Yo salí (de la Universidad) con 20 años y me ofrecieron trabajo de inmediato en el antiguo Hospital San Borja de la capital, porque saqué el máximo puntaje en el examen de grado, pero ya habíamos decidido con mi marido que nos queríamos volver a la región”, recuerda, agregando que en el primer año de su educación superior conoció a Alvaro Soto Bradasic, otro magallánico con quien se casó y de cuya unión nacieron tres hijos: Marcela, Nicolás y Ramiro.

 

Su primer parto

 

Según narra, “en esos años la Escuela de Obstetricia eran tres años en la universidad de mucha exigencia. Se hacían turnos y se estudiaba al mismo tiempo. Un hospital como era la maternidad del San Borja tenía una cantidad de usuarios impresionante, y por lo que me dieron dos años seguidos de puros turnos de parto, ya que teníamos que salir con más de 200 partos atendidos, sino no se podía dar el examen de grado”.

Como parte de sus vivencias, la matrona revela que el primer nacimiento que asistió “fue impresionante porque me tocó atender a una mujer que ya había tenido cuatro hijos y ese era el quinto, que salió soplado y no alcancé ni a decir ni pío, pero fuera de eso fue una emoción indescriptible que no se va nunca”, exclama riéndose, manteniendo su mirada en el estrecho de Magallanes que desde el ventanal de su casa se vislumbra en completo esplendor.

Tras su egreso, permaneció tres años en Santiago, ya que su pareja debía concluir con sus estudios de especialidad, por lo que Helvecia trabajó en el consultorio externo de Ñuñoa, atendiendo a pacientes de las comunas aledañas como Macul, Peñalolén y Providencia.

“Yo no había visto nunca la pobreza. Acá en Magallanes, por muy pobre que la gente era tenía su casa con vidrios, con piso, con una cocina, leña y carbón, y aquí no existía esa pobreza que yo palpé en la capital, que para mí fue atroz”, relata.

 

El retorno a su tierra natal

 

 

El 31 de enero de 1964, la matrona magallánica regresó a su región, comenzando a trabajar en el antiguo hospital de Puerto Natales, donde por casi diez años dio la bienvenida al inconmensurable y duro entorno austral a centenares de bebés.

Ya en la provincia de Ultima Esperanza, integró el Comité de Damas de Rotary Club, formó parte del Centro de Amigas del Hospital, fue una de las fundadoras del primer Hogar del Niño de Puerto Natales y a la vez cooperó con el primer Centro de Rehabilitación de la región. Asimismo, fue presidenta de la Cruz Roja entre 1971 y 1974, siendo distinguida y reconocida recientemente en la celebración de los cien años de la institución.

Por otra parte, cuenta que muchas veces debió priorizar el deber por sobre la familia, laborando en fechas como Navidad o feriados, a causa de la escasez de personal que en aquellos años existía.

“El primer año que ejercí en Puerto Natales toda mi familia viajó para festejar mi cumpleaños y no se le ocurrió a una paciente comenzar con trabajos de parto como a las 2 de la tarde, y me llamaban de la casa para decirme que ya estaban brindando, que se habían comido el postre y yo no llegué ni siquiera a soplar las velas de la torta. Navidades también, años nuevos lo mismo, porque éramos solo dos matronas con Porfiria Díaz, por lo tanto nos dividíamos los turnos de día y de noche, y no nos quedaba otra que arreglarnos así”, evoca.

No obstante, en el hospital era evidente la falta de insumos médicos, problemática que en ningún momento frenó el ímpetu y el desarrollo de su profesión ligada a la salud, una vocación que es imprescindible en cualquier parte del mundo.

“Había unos pabellones que teníamos que flamearlos con algodones y alcohol para poderlos entibiarlos. En el material quirúrgico había un solo autoclave (aparato esterilizador) que pasaba más tiempo malo que bueno, operábamos sin guantes porque simplemente no había. Durante una época carecíamos de gasas, algodón, jabón y faltaba de todo, pero gracias a las buenas relaciones que tenía en esa época el Hospital de Natales con el Hospital de Río Turbio, y debido también a que mi marido es traumatólogo y lo llamaban de allá para ir a operar, quien viajaba a lo menos una vez por semana, ellos nos mandaban todos los insumos que nosotros no teníamos y necesitábamos y que de Punta Arenas no llegaban, porque la central de abastecimiento no mandaban y no había nomás. Además, tuvimos la suerte de trabajar con el doctor Augusto Essmann Burgos, que fue un cirujano espectacular que solucionaba todos los problemas”.

La alegría fue mucho mayor cuando el equipo se trasladó, a mediados de 1966, al nuevo hospital de Puerto Natales, que actualmente está emplazado en la intersección de las calles Ignacio Carrera Pinto con Bernardo O’Higgins. “Allí se operaba de todo, nada se iba ni para Santiago ni para Punta Arenas”, destaca la profesional.

En 1974 decidió renunciar, pese a una oferta para comandar la jefatura de Maternidad del establecimiento médico. La razón de su dimisión apuntaba al escaso tiempo que disponía para cuidar de sus hijos en una época en la cual cursaban la enseñanza básica, dedicándose a cabalidad a potenciar su rol de madre durante siete años. Tras aquel período, y cuando los niños, ya jóvenes, rendían su cuarto medio, Helvecia retomó su profesión, ejerciendo ad honorem por casi dos años en el policlínico Oscar Bonilla, que actualmente es el Thomas Fenton, para luego ser una de las fundadoras de la Clínica Magallanes, debido a que su marido era socio y tenía acciones en el recinto.

Del servicio público se retiró en 1994, sin embargo nunca ha abandonado su consulta en el Laboratorio Magallanes, donde desde hace más de 30 años ha atendido dos veces por semana de forma particular y últimamente en labores de “consejería”, como ella precisa, puesto que en 2009 dejó de asistir los controles de embarazo por problemas a la columna. “Se echa de menos la labor, pero llega el momento en que hay que saber retirarse”, puntualiza.

 

 

“Es una de las profesiones

más importantes”

 

 

Pese a que en algunas ocasiones debió estar presente en casos de malformaciones congénitas, que según asegura “fueron experiencias horribles que a uno siempre la dejaban muy mal”, la matrona de tres cuartos de siglo determina que se ha forjado a lo largo de su carrera más alegrías que tristezas, más triunfos que fracasos, más vidas que decesos. Le reconforta el hecho de haber atendido a dos generaciones, que muchas veces en la calle la reconocen y la saludan.

“De esas guaguas que yo recibí tuve la suerte de haberles atendido los partos después. Además, he tenido varias pacientes amigas que me han traído a sus hijas o nueras para que les atienda el parto, por lo que asistir a una segunda generación significa que algo dejaste, que lo que se sembró dio frutos. Me siento como la mamá de muchos magallánicos. Algunas personas le dicen a sus hijos: mira, allá viene tu mamá, y yo de repente les pregunto a las mamás: cómo está mi hijo”, rememora con alegría.

Asevera que es una enamorada de su labor, considerándola como “una de las profesiones más importantes que hay”, no por nada ha recibido a cinco de sus seis nietos, motivo que la llena de orgullo, aunque por otro lado sincera cual ha sido uno de sus pocos errores que ha cometido.

“Creo que fue un error no haber contabilizado la cantidad de seres humanos que he traído al mundo, pero estoy segura que han sido más de mil personas”, sentencia la matrona más antigua de la región.

Al finalizar la entrevista, doña Helvecia dijo: “Quiero aprovechar esta oportunidad para agradecer a todos mis pacientes por la confianza depositada en mi para controlar sus embarazos y atender sus partos, y desearles en este día muchas felicidades junto a sus hijos”.