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Hija de trabajador asesinado en Natales durante la dictadura: “Nuestra vida en estos largos 40 años ha sido triste y penosa”

Por La Prensa Austral Viernes 6 de Mayo del 2016

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Por qué lo mató?, ¿por qué lo hizo?” se pregunta una y otra vez Rosa Miranda Vera, la hija del malogrado trabajador Martín Miranda, fallecido hace 40 años a raíz de la presunta aplicación de tormentos por parte del sargento (r) de Carabineros, Nolberto Radattz Corrales, desde el miércoles se encuentra detenido y procesado por este caso.

La violenta muerte ocurrió en diciembre de 1976, fecha que cambió bruscamente la vida a la familia Miranda Vera, en ese entonces integrada por Ana Vera Recabarren, esposa del jefe de hogar, fallecida hace 20 años, y sus cinco hijos.

Rosa Miranda recibió anoche a La Prensa Austral en su hogar de Puerto Natales, donde también nos esperaba su hermano Moisés, aún estremecidos por la noticia informada a través de La Prensa Austral sobre el caso de derechos humanos que tuvo como protagonista a su padre.

Luego de la muerte de su papá, la hija recuerda que su madre no quiso saber nada más del tema por temor que le ocurriera lo mismo a uno de sus hijos, en pleno gobierno militar.

Reapertura de la investigación

Por eso, su sorpresa fue mayúscula cuando el año 2011 llegó hasta su hogar un funcionario de la PDI a darle a conocer que debía viajar a Punta Arenas a entrevistarse con la ministra de la Corte de Apelaciones, Marta Jimena Pinto. “La señora que me atendió tuvo un trato muy bueno y le dije todo lo que sucedió”, relató Rosa a este diario.

A cinco años de prestar declaraciones en esta causa penal, ella se muestra profundamente agradecida del actuar de la ministra. “Pienso que se va a hacer justicia. Por lo menos sabemos quien lo hizo, aunque pienso que deben haber más personas, porque no creo que lo haya hecho solo”, aludiendo al sargento en retiro de Carabineros, detenido en una unidad policial en Punta Arenas.

Consultada sobre cómo transcurrió su vida luego del traumático asesinato de su padre, Rosa Miranda afirmó: “Nuestra vida en estos 40 años ha sido triste y penosa. Nos quitó a nuestro padre cuando más lo necesitábamos, sin haber motivos ni nada. Me molesta y duele lo ocurrido”, reflexionó.

Todavía está sorprendida que “luego de 40 años se sepa la verdad sobre lo sucedido, de saber quien es el culpable y qué le hizo a mi papá”.

Ahora procura viajar hasta Punta Arenas para entrevistar con la ministra Pinto para conocer más detalles del avance de la investigación.

Su hermano, Moisés, en tanto, apuntó que “durante esos años todos fuimos perseguidos. Nos detenían por sospecha porque sabían de quien éramos hijos, por lo que finalmente terminamos trabajando en la Argentina. Lo más importante ahora es que sabemos quien fue el culpable en la muerte de nuestro padre”.

Un hombre honesto

Sus hijos recuerdan a Martín Miranda como un hombre honesto. Más vinculado al sindicalismo que a la política. Un buen lector a quien nunca escucharon proferir un garabato. “Mi papá nunca nos castigó ni nos levantó la mano. Con mi mamá hacían un buen matrimonio”, evoca Moisés.

El malogrado trabajador había llegado a Puerto Natales cuando tenía aproximadamente dos años desde la isla de Rilán, Chiloé. Aquí conoció a su esposa, quien era hija del primer matrimonio celebrado en Puerto Natales (integrado por Isaías Vera Manríquez y Elvira Recabarren Segura).

Juntos tuvieron cinco hijos, Rosa (la mayor) y cuatro hermanos varones más, tres de los cuales ya están fallecidos.

Al momento del Golpe de Estado, Martín Miranda se encontraba trabajando en la Estancia Cerro Guido. Allí, en dos oportunidades, junto a sus compañeros de trabajo fueron torturados por los militares, quienes tras golpearlos los tuvieron durante horas en una fosa con matas de calafate.

Al saber de lo anterior, su mujer le dijo que renunciara a su trabajo, lo cual hizo para continuar como carpintero en forma particular.

El 18 de diciembre de 1976, alrededor de las 18 horas fue detenido por Carabineros, quienes lo golpearon en la Comisaría para enviarlo luego a la cárcel pública.

Rosa y su madre recién se enteraron de la detención y golpiza al otro día cuando lo fueron a ver a la cárcel, donde se encontraba encogido por el dolor, narrándoles que lo habían golpeado. Ese mismo día quedó en libertad, para concurrir al hospital el 20 de diciembre. Allí el doctor Augusto Essmann, le manifestó que al igual que él habían muchas otras personas que habían sido golpeadas por carabineros y militares.

Pese a su gravedad, fue visitado por carabineros quienes le llevaron una hoja en blanco para que la firmara, siendo expulsados del lugar por el doctor Essmann.

Como Miranda continuaba grave fue operado de urgencia. Tras la operación le alcanzó a decir a su esposa que “la Pascua la voy a pasar acá pero el Año Nuevo vamos a estar todos juntos”.

Sus buenos deseos nunca se concretaron, a las horas comenzó a empeorar hasta fallecer el 23 de diciembre. Tras la autopsia, Carabineros determinó que fuera sepultado inmediatamente. Ante la negativa de la familia se les autorizó velarlo un día. El 24 de diciembre su cuerpo fue velado en su casa habitación, al día siguiente, en plena Navidad se realizaron sus funerales. Su familia trasladó su cuerpo hasta el Cementerio Padre Pedro María Rossa donde se encuentra su sepultura. Durante esos días también fueron visitados por un policía de civil quien les mencionó que en las notas necrológicas no mencionaran que su muerte había sido trágica.

Durante todo el gobierno militar esta familia fue acosada y hostigada por agentes del Estado, quienes llegaban a interrogar a su mamá con las preguntas más inverosímiles.

Atemorizada su familia, nunca intentó averiguar sobre la muerte de su padre, ni menos pedir justicia. Por ello, hoy, expresan su conformidad de que por lo menos se avance en el esclarecimiento de un crimen que ensombreció sus vidas.