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Mamá de joven trasplantada: “ver sufrir tanto a mis hijas me hace doler el alma”

Por La Prensa Austral Lunes 25 de Enero del 2016

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Un milagro de la Virgen de Guadalupe y la respuesta a sus plegarias, es para Margarita Agüero el trasplante de riñón que recibió su hija Rocío, de 24 años. Sin embargo, su tranquilidad aun no ha llegado y es que su otra hija Evelyn, de 35 años, aun está en la lista de espera, en la que ha estado por 10 años, y depende de la diálisis peritoneal para sobrevivir.

A su retorno a Punta Arenas, desde Valdivia donde su hija Rocío fue trasplantada de riñón, la mamá reconoce que ha sido un proceso difícil. “Veía sufrir tanto a mis hijas que a uno como mamá le duele el alma al verlas, con sufrimiento, enfermarse y tener que ir de un lado a otro. Yo en la vida lo he tenido todo, la riqueza y la pobreza, lo he tenido todo y lo hemos vendido todo por nuestras hijas, yo no he pedido nada, pero yo pienso: ‘No saco nada con tener cosas, sino tengo salud para mis hijas. Conocí la pobreza y todo se iba en medicamento. Dios enseña a ser humilde, ahora las veo y sólo le pido a Dios que me deje con ellas. Yo tengo diabetes y perdí un riñón, fue tanto mi sufrimiento que creo que la virgen me escuchó”, dice Margarita.

Pero si bien podrá ver a su hija menor recuperarse de una nefritis congénita, su otra hija Evelyn está en lista de espera desde hace más de 10 años, pero un eventual trasplante deberá esperar, ya que le detectaron un tumor en el fémur y deberá trasladarse en marzo a Valdivia. Por ahora se dializa diariamente mediante un procedimiento conocido diálisis peritoneal.

Evelyn Alvarez, en conversación con La Prensa Austral, sostuvo: “Yo comencé en 2005 en hemodiálisis y me cambié por que se me comenzaron a tapar las arterias y cuando eso comenzó a pasar el médico me dijo que tenía que hacerlo por peritoneo porque ya no se puede por hemodiálisis Me estaba hinchando y en el brazo ya no había donde pincharme. Cuando comencé con el peritoneo para mí fue un cambio total, ya no me pinchaban los brazos y deje de levantarme a las 6,30 de la mañana”.

Dramático relato

Agrega que: “Ya no pienso en que me puedo ir (fallecer) con la máquina porque yo lo vi, la primera semana que entré a diálisis falleció una persona frente a mí. “Le dio un paro y se murió en la máquina. Hubo un año que no quería ir me daba miedo sentir sonar la máquina porque sonaba ante cualquier cosa que pasaba. La hemodiálisis te come mucho, te come el calcio, el potasio, el fósforo y los glóbulos. La máquina te consume y uno como es joven aguanta, pero he visto a los abuelitos salir mal de ahí”, comentó con tristeza.

Recordó que cuando a su hermana la diagnosticaron, ella se dializaba por un período de alrededor de cuatro años. “Estuve con tres oportunidades en la Uci, yo colapsaba y a mi mamá le pedían que se quedara porque yo no iba a pasar la noche. Se me llenaban los  pulmones de agua. Después me fallaron los huesos. Entonces vi que a mi hermana, siendo la menor, también iba a pasar por eso”, cuenta Evelyn.

Es por esto que para la familia la posibilidad de que Rocío Agüero haya podido recibir un trasplante fue una felicidad enorme. “Cuando supe yo lloraba, era una emoción muy grande. Estaba tan feliz”, dice Evelyn.

Recuperación que sorprende

Luego de recibir un trasplante de riñón el 22 de noviembre del año pasado, Rocío Belén está feliz y relajada, y es que a sus 24 años la vida le dio otra oportunidad. “El proceso fue raro y nunca pensé que iba a lograr un trasplante porque esperas años  yo esperé casi cuatro años y que te llamen de la noche a la mañana, fue como a las seis o siete de la mañana y partimos a Valdivia”, recuerda.

Reconoce, respecto a este proceso que se prolongó por casi cuatro años, que fue difícil: “Yo salía muy agotada de diálisis y salía mal y con dolor de cabeza, era agotador, después del trasplante es diferente, ya no me siento cansada, en las comidas, al caminar, en el metabolismo. Yo iba día por medio, entraba a las 7 de la mañana y salía a las 12 del día. Pero era como trabajar todo el día: salía pálida, con dolor de cabeza era como tener un peso encima del cuerpo”.