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Marisol Muñoz aborda la caída de su pequeño de 4 años desde el segundo al primer piso del mall Espacio Urbano Pionero “La mejoría de mi hijo es un milagro”

Por La Prensa Austral Jueves 20 de Agosto del 2015

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En la Unidad de Tratamientos Intermedios (Uti) del Servicio de Pediatría del Hospital Clínico de Magallanes, Marisol Muñoz Tocol, acompaña a su hijo Pablo Aburto Muñoz, de 4 años, quien sufrió una fractura craneana al caer de 3 metros de altura al interior de la multitienda Ripley. A pesar de todos los pronósticos que advertían de que tenía lesiones graves, de riesgo vital, el niño está estable y en proceso de recuperación. Su mamá asegura que es un milagro y a pesar de los momentos de dolor que ha debido sortear desde que llegó a Punta Arenas el jueves 6 de agosto, agradeció a quienes han estado a su lado.

Una semana antes del grave accidente sufrido por su hijo, Marisol volvió a Punta Arenas, la ciudad en la que nació y se crió, para sepultar a su mamá, fallecida el 1 de agosto pasado. El viaje desde Viña del Mar, donde se encuentra radicada, lo hizo con la ayuda de familiares, acompañada del pequeño Pablito.

Hacía menos de un año había recompuesto la relación que tenía con su mamá, Rosalía del Carmen Tocol Aguilar, de 62 años. Tras la separación de sus padres, perdió el contacto.

Su infortunio comenzó los primeros días de agosto, cuando fue informada que su madre, quien vivía en Punta Arenas, llevaba cuatro días fallecida en la tina del baño. Su muerte fue fulminante; esta ocurrió el 1 de agosto, pero su cuerpo fue encontrado recién el 4 de agosto.

Rosalía Tocol fue hallada sin vida alrededor de las 2 de la madrugada de ese día por una amiga. Extrañada porque no contestaba las llamadas telefónicas y que no abriera la puerta, dio cuenta a Carabineros, cuyos funcionarios encontraron arrodillada a la mujer, sin signos vitales, al interior de la tina de baño.

Su hija explica que su madre era una persona de 62 años, que sufría de obesidad. “Por un coágulo de grasa, perdió la conciencia, cayendo hacia delante y al caer se golpeó la cara con las manillas de las llaves del agua y se destrozó una parte de la cara”, explica.

Fue la propia familia quien le prestó la ayuda necesaria para sacar a su mamá de la tina. Ese mismo día la mujer viajó hasta Punta Arenas acompañada de su hijo. “Ese fue el motivo por el que estoy acá. Sólo nos dieron permiso para velarla un solo día, así que le dimos sepultura el viernes 7 de agosto”, relató emocionada.

Luego de sepultar a su madre y a petición de su familia, Marisol y el pequeño Pablo se quedaron por algunos días. Se suponía que esta semana volvían a Viña del Mar. Sin embargo, su hijo, a sus 4 años, no está acostumbrado a estar encerrado en la casa, así que ese domingo 16 de agosto se dirigieron hasta la multitienda Ripley con la idea de comprar una chaqueta para el pololo de su hija.

Descuido de segundos

En un descuido de segundos, el niño subió al segundo piso, no por la escalera mecánica, sino que por el borde de afuera de la misma. Sin embargo al ver que no tenía ninguna posibilidad de pasar hacia el otro lado de la escalera, cayó a la inversa.

El golpe fue tan feroz que todos los que estaban en la tienda giraron para ver lo que ocurría. Su madre cuenta que fue como cuando cae un jarrón al suelo, acompañado de un grito. Mientras tanto Marisol buscaba afanosamente a su hijo a quien le había perdido el rastro.

“De repente lo veo en su suelo, con su pantalón de rayas; no podía creer lo que nos estaba pasando. En el centro comercial había un médico argentino y una paramédico, quienes me ayudaron a socorrerlo”, dijo la mamá, quien explica que como familia son creyentes de Dios y él fue presentado al nacer a los 20 días en una Iglesia Evangélica, por lo que este apoyo para ella fue un regalo de Dios.

“No sé cuánto rato pasó, mi hijo perdió la conciencia, los ojos se le fueron para atrás y comenzó a sangrar por la boca. Después me di cuenta que sangraba porque se mordió la lengua, pero en ese momento grité porque pensé que se había reventado con la caída que fue de unos tres metros”, planteó Marisol, quien recuerda que en el video de seguridad de la multitienda se ve que hay tres segundos entre que se ve a mi hijo caminando y cae.

Tras el accidente valora el apoyo recibido, especialmente de la multitienda, quienes nunca la dejaron sola. Agradeció especialmente a la gerente, Mariana Lasalle, y la prevencionista de riesgo, Vanessa Biskupovic, quienes han estado siempre y le hicieron saber que se harán cargo de la hospitalización de Pablito, en vista de lo ocurrido.

“Yo no responsabilizo a nadie más que no sea mi propia persona. Para mí fue un accidente; le doy un millón de gracias a Ripley, porque han estado acá (Hospital) y eso muchas veces no se ve. Pero Magallanes se ha destacado porque la gente es especial y en este caso no fue menos”, señala tajante en medio de este desgraciado episodio. 

Respecto a este complejo proceso, reconoce que no lo esperaba, señalando que quienes lo acompañan en el hospital, son los mismos que sepultaron a su mamá una semana antes. “Era tanta mi desesperación que pedimos la oración en la iglesia donde fue presentado mi hijo, esta cadena de oración se hizo en distintas iglesias y puedo decir que es un milagro; en menos de dos días está bien, ahora si queda con secuelas es comprensible por la caída que sufrió”, apuntó.

Lo que ha enfrentado esta familia y en especial Marisol, como madre e hija, la han llevado a tener muchos sentimientos, a ratos encontrados. “Tengo una confusión de sentimientos, por la muerte de mi mamá, por la caída de mi hijo y por el milagro de su recuperación”, sostiene la mujer, quien recuerda que “cuando uno le pregunta sobre el accidente, mi hijo dice: “mamá yo subí solito; tenía miedo, quería pasar hacia el otro lado de la escalera”.

Sobre el estado de salud de Pablo Aburto Muñoz, desde el hospital se señaló que el niño sufrió un Tec grave y una hemorragia subaracnoidea derecha, es decir, un Tec con fractura del lado derecho, en el parietal temporal y occipital que genera una hemorragia por fuera del cerebro que lo comprime.