Necrológicas
Otra arista de la crisis

Pandemia provoca colapso de locales de artesanía para turismo 

Por La Prensa Austral Domingo 6 de Diciembre del 2020

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Propietarios han debido optar por reinventarse o pensar en el cierre definitivo al no haber este verano arribo de turistas.

“Mi negocio era cien por ciento dedicado al rubro turístico. Resistí la primera cuarentena, pero con la segunda no pude sobrevivir y debí cerrar el local a un año de haberlo abierto”, dice Iván Ojeda, uno de los numerosos emprendedores que han sucumbido por la crisis económica imperante en la región.

Otra señal que deja la pandemia del Covid-19. Al no haber turismo esta temporada son varios los locales de venta de souveniers y de artesanías que han cerrado porque sus propietarios ya no tendrán sus principales clientes, los turistas.

Algunos han debido reinventarse y cambiar de rubro para seguir adelante, aunque abrigan la esperanza que en algún momento las circunstancias cambien y regresen los tiempos de turistas por las calles de Punta Arenas.

En septiembre del año pasado Iván Ojeda inauguraba su local de souveniers y artesanías en calle Magallanes, frente al Museo Regional de Magallanes y a pasos de la Plaza de Armas Muñoz Gamero.

Así coronaba un largo camino de trabajo con puestos en la plaza y el recordado bus que mantuvo estacionado por mucho tiempo a un costado de ella y que transformó en un local de recuerdos patagónicos que frecuentemente visitaban los turistas.

“Abrimos en septiembre, pero después me pilló el estallido social y luego la pandemia que nos cambió todo el panorama desde el 18 de marzo”, relata Iván Ojeda.

“El costo del arriendo era de tres millones y medio de pesos, pero desde el 18 de marzo las ventas bajaron más del 80%. Resistí la primera cuarentena, pero con la segunda cuarentena no pude sobrevivir, fue inviable. Mi negocio era cien por ciento turístico, pero en el último tiempo vendía entre 30 mil y 40 mil pesos al día y con suerte juntaba un millón de pesos para el arriendo. Así era imposible autofinanciarse y debí cerrar el local”, recalca este comerciante que ahora se integró a la empresa de obras menores que tiene su hermano.

Lamenta que tenía tres personas a su cargo y debió acogerse al seguro de desempleo para poder mantenerlos, pero después debió finiquitarlos.

Consultado si piensa retomar el negocio ligado al turismo a futuro, dice: “La mercadería la tengo. Ahí está el 90% de mi capital de trabajo y sería asunto de ubicar un local, pagar el mes de adelanto y volver a abrir. Uno quisiera que en un año más volviera el turismo, pero hoy todo es incierto con el tema de la pandemia”.

Cambio de giro

Miguel Fernández se ganó la vida y educó a sus hijos manteniendo su puesto de venta de productos de artesanía y souveniers entre los años 1991 y 2018, pero en 2019 vio la opción de instalarse con un local en la calle Fagnano 615-B, a pasos de Chiloé, donde trasladó su mercadería y se mantuvo ligado al rubro.

Sin embargo, la pandemia echó por tierra la ilusión que llegara una mejor temporada de turismo y ante la adversidad decidió reinventarse. Aprovechó el mismo local y guardó su mercadería para el turismo a cambio de vender frutas y verduras.

“Ha sido difícil todo. Mi amigo Miguel Salazar me ayudó a reinventarme en esto y me apoyó con la mercadería para comenzar en esto. Estoy agradecido de él por haber empezado con el negocio”, señala Miguel Fernández mientras ordena parte de los productos que dispone a sus clientes en el local que abre a las 8 de la mañana y mantiene hasta las 19,45 horas limitado por el toque de queda, de lo contrario lo mantendría abierto hasta las 21 horas.

“He leído que el turismo podría recuperarse en un año más, pero todo dependerá de cómo va esto del coronavirus. Por ahora solamente estoy enfocado en este rubro de la fruta y verdura. Es la única forma de salir adelante”, opina este comerciante que admite que hay que aprender a vivir con la pandemia.

Pamela Ruiz, con dos locales de venta de souveniers, señala que debió cerrar el local que tenía en el Mercado Municipal y que para seguir sobreviviendo en el rubro debió ampliar el giro e incorporar la venta de alimentos, abarrotes.

En el local que mantiene en calle Roca 935 sus productos de artesanía y souveniers se complementan con los alimentos dispuestos para una clientela que no son turistas, sino trabajadores y residentes de la ciudad.

“Ha sido el peor momento para quienes trabajábamos en torno al turismo. Muchas veces pensé cerrar. Lo he pensado, pero no es mi estilo y además tengo gente a mi cargo (tres personas). Se cerró el local del Mercado Municipal y recurrí al seguro de cesantía para mantener a mi gente. Sin la ayuda de mi gente no habría podido seguir. Si pasamos necesidades la pasamos juntos, tal como en los momentos buenos los disfrutamos todos”, responde Pamela Ruiz.

Igualmente hizo un esfuerzo e incorporó un segundo local en la esquina de Fagnano y Plaza de Armas. “Siempre me gustó esa esquina pensando en local para turismo. Antes el arriendo era más caro, pero me hicieron una oferta y lo conversé con la gente. Por ahora los números son parejos, estamos manteniéndonos mientras pase todo esto”.

Pamela Ruiz admite que se extraña mucho el movimiento turístico y hablar con personas de otras culturas, pero piensa que aunque esta temporada está perdida la próxima debiera ser distinta.