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Iceberg más grande del mundo podría causar desastre ecológico en las islas Georgias del Sur

Por Elia Simeone Domingo 13 de Diciembre del 2020

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– Comunidad científica internacional sigue expectante el rumbo del A68a que estaba a punto de chocar con este archipiélago en el Atlántico Sur. El glaciólogo Ricardo Jaña del Inach explica los impactos negativos y positivos que se pueden esperar de la eventual colisión y varazón.

Expectante. Así se encuentra la comunidad científica internacional respecto del rumbo que ha seguido en los últimos días el iceberg más grande del mundo, desprendido de la Antártica en julio de 2017.

Denominado A68a, este témpano es una colosal masa de hielo que estaba a sólo kilómetros de colisionar contra la costa de las islas Georgias del Sur, ubicadas a 1.300 kilómetros al sudeste de las Falklands/Malvinas.

El temido impacto y su varazón afectarían a la reserva más grande de pingüinos Rey del mundo, espacio que esta especie cohabita con focas, lobos y elefantes marinos, albatros y otros animales antárticos.

Pero, además, su varazón actuaría como un verdadero rastrillo, afectando a la fauna especial que se ha adaptado a esa singularidad ecológica: la bentónica.

Por el contrario, la mineralización de las aguas aportarían al crecimiento de la comunidad planctónica.

Así lo explica el glaciólogo y experto en cambio climático, el Dr. Ricardo Jaña. El profesional del Instituto Antártico Chileno (Inach) hace ver que, sin duda, sería mayúsculo el impacto del iceberg si éste termina embistiendo las costas del archipiélago.

Cambio de trayectoria

Siguiendo imágenes satelitales del día miércoles 9 de diciembre –pues no hay nuevos registros claros-, lo primero que Jaña acota es que, en las últimas horas, el A68a ha variado su trayectoria y ya no se proyecta su choque en el sector originalmente esperado.

“Está dando un giro. Se había aproximado al borde de la plataforma y está dando un giro siguiendo una trayectoria que ha ocurrido antes con otros témpanos que han llegado por ahí cerca –como el A38b y el A38a-. Esto, producto por la velocidad e intensidad de la corriente, que varía de 20 centímetros por segundo a 40 centímetros por segundo, es decir, allí hay una especie de trayectoria, porque la corriente choca contra el talud y la acelera. Eso explicaría por qué razón derivan de esa manera”, señala.

Jaña acota que nadie puede asegurar con plena certeza si el temido choque del témpano contra la isla se va a producir.  “Eso es difícil de decir. Pero, en el pasado no ha ocurrido. Han seguido la trayectoria que bordea a la isla y esto es producto de la interacción entre la corriente que hace desviar este flujo y que se acelera por esta trayectoria, donde las intensidades son más altas y se forma esta especie de carretera, por así decirlo”, puntualiza.

Desastre ecológico

Jaña precisa que el nuevo rumbo del iceberg no significa que no vaya a quedar varado en algún lugar de la isla, como ha ocurrido antes también. “Lo que pareciera ser es que no será directamente en la trayectoria que estaba siguiendo ahora, es decir, no en el sector suroeste de la isla, sino que, muy probablemente, quedará varado en el sureste de la isla, como ha ocurrido antes con otros témpanos también de esas dimensiones que han llegado a esos lugares”, precisó.

Sobre el temido desastre ecológico que varios científicos han esgrimido en la prensa internacional, Jaña precisa que la colisión tendrá impactos negativos, pero también positivos.

Respecto de lo negativo, señaló que lo primero que se debe tener en cuenta es que las dimensiones del iceberg son colosales (160 kilómetros de longitud y 200 metros de grosor). “Son muchos kilómetros de hielo. Por lo tanto, si llega a vararse donde ocurra, va a pasar mucho tiempo hasta que desaparezca por completo. Mientras eso suceda, lo que pasa es que bloquea el acceso a la costa donde hay comunidad de pingüinos y de focas y, por lo tanto, va a provocar un impacto en el tránsito de estas especies que están en una época en que se están reproduciendo”, indica.

Recordó el varamiento del A34b, en 2014, que siguió una trayectoria que lo dejó varado en las cercanías de la costa, pero en la parte  de la parte noreste, y durante ese tiempo afectó la reproducción de estas especies.

Además, al quedar varado un témpano de esas dimensiones actúa en el piso donde está anclado como un verdadero arado, es decir, destruye toda comunidad que haya estado afianzada en ese sustrato. Allí hay un daño también importante porque remueve toda la vida adosada a ese piso profundo. Eso también genera un impacto en el bentos.

Impacto positivo

Sobre el impacto positivo, Jaña explicó que el hielo mientras se fue acumulando iba absorbiendo polvo y quedaron depositados en él minerales que fluyeron por miles de años. “Ese sedimento -que incluye también cenizas volcánicas-, estos minerales, al fundirse el hielo, pasan a la columna de agua y funcionan como un enriquecimiento mineralógico que provoca una efecto positivo en la formación de micro organismos que dan origen a otras comunidades. El fitoplancton se ve enriquecido por mayor abundancia de minerales y, al haber más fitoplancton, otros depredadores van aumentando su stock pues hay más nutrientes que favorecen la formación de vida”, indicó.

¿Qué es más relevante, desde la perspectiva ecológica? Jaña responde que, sin duda, el hecho de que va a haber una temporada o varias de gran impacto sobre los organismos vivos.

“La incerteza de saber exactamente dónde se va a anclar es un experimento que está corriendo. Es difícil decirlo porque el espesor del hielo es todavía importante (200 metros de espesor). Hay piso oceánico menos profundo que eso en las cercanías de la costa. Por lo tanto, si hay vientos muy fuertes los podrían empujar y quedar varado por estos días en este sector de la isla que es el que históricamente es menos frecuente”, remarcó. y derivado que quedan atrapados a otro lado.