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Casi cuarenta años de trabajo en calle Chiloé

Imprenta Latina observa con inquietud el fin de las boletas de papel

Por Cristian Saralegui Domingo 3 de Enero del 2021

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– Empresa familiar a cargo de José Mansilla cuenta con una gran cantidad de maquinaria antigua, de diversa procedencia, pero de invaluable valor en este taller, que ahora buscará la manera de reinventarse para sobrevivir.

Un certificado de defunción anticipado, un “gracias, pero ya están obsoletos”, un llamado a retiro obligado cuando aún hay mucho por dar. Pero las leyes muchas veces olvidan que detrás de los dictámenes hay personas, que son las que finalmente sufren el desprecio. Otros dirán que es signo de los tiempos y que no queda otra que adaptarse. Lo cierto es que el anuncio del Servicio de Impuestos Internos, que desde el 1 de enero de 2021 obliga a emitir boletas electrónicas y suprimir las de papel ha causado la lógica preocupación en los principales afectados: las imprentas.

Una de las más clásicas de Punta Arenas es la Imprenta Latina, ubicada en Chiloé, casi esquina Maipú, una empresa familiar dirigida hace casi cuarenta años por José Mansilla quien junto a su hijo Nicolás, imprimen la mayoría de las boletas de las pequeñas y medianas empresas. Este es el segundo gran golpe que reciben, pues apenas la semana pasada debieron despedir en el cementerio a Emilio Cárdenas, uno de sus funcionarios más antiguos y cuya máquina quedó sola, junto a su cafetera y cotonas.

“Trabajamos con 250-300 clientes, como mínimo, de cinco por uno, la típica de negocio y con detalle. Esta medida significaría una merma grande y nos obligaría a reinventarnos. Las empresas grandes se mantienen con su formulario interno, como Gasco, Tabsa, pero la merma de boleta será grande y va a bajar harto el movimiento”, reconoce de entrada Nicolás Mansilla. Junto a su padre recuerdan que comenzaron “con las guías, las facturas, aunque las guías se mantienen porque hay rubros que sí o sí deben tener físicamente, como los ganaderos, la pesca, pero es lo mínimo. Otro tipos de trabajo son los formularios internos o los que usan los camioneros”, detallaron.

Aunque el mensaje para este tipo de empresas es la reconversión, ello constituye otra inversión y costo, porque deben tener otras maquinarias, equipos y captar nuevos clientes, “y eso es lo que está difícil en estos momentos, porque ya la situación está complicada”, apunta Nicolás Mansilla, que de todas maneras ya visualizaba este escenario. “Desde que se cambió a la factura electrónica ya se veía venir el cambio de las boletas. Esto comenzó por la Reforma Tributaria”.

Ambos aún continúan imprimiendo boletas, porque “hay un sector que hasta marzo empezará con la boleta electrónica, pero son tres meses solamente. Hacemos la típica boleta de almacén y la que es de detalle, para tiendas, donde se detalla el producto que se compra. De ahí para adelante, todo sería electrónico. Otro tema es que hay muchos clientes que están complicados porque emitir boleta electrónica les significa invertir en equipos, en programas, y sobre todo es complejo para personas más adultas. Muchos nos comentaban eso, que significaría un gasto extra para ellos. Si ya a uno le costó ‘enchufarse’ con la factura electrónica, un adulto mayor lo va a complicar mucho más. Además, los equipos son caros. Así que se viene pesada la mano. Esa reinvención tiene un costo”, recalcó Mansilla.

En cuanto a los ingresos que dejarían de percibir, calculan que las bajas alcanzarán fácilmente un 40%. “Es comenzar de nuevo”, lamenta José Mansilla, sobre todo porque en el taller cuentan con equipamiento antiguo, que han ido adquiriendo con los años.

Y no son pocos: dos máquinas tipográficas originales Heidelberg, alemanas, adquiridas en 1980; una colectora, impresoras de formulario continuo Grafin (Argentina); una GTO Heidelberg, comprada al Instituto Don Bosco hace tres años, una vez que el establecimiento cerró su especialidad. Una impresora Hamada, japonesa; impresora de dos colores Ofsset Grafin (la que usaba Emilio Cárdenas); una procesadora de papel continuo McGraf; una guillotina polar alemana; corredoras chorcheteras automática china y una alemana, afiladora de cuchillo y copiadora de plancha.

Ya habían visto disminuir su actividad económica desde el inicio de las protestas, por la gran cantidad de locales que debió cerrar, lo que significó baja en las ventas y, por ende, menos boletas que emitir por este concepto. “Es una cadena”, aseguran ambos, porque si los talonarios duraban más, menos les compraban a ellos y, a su vez, tampoco adquirían insumos a los proveedores. Para peor, llegó la pandemia y muchos locales cerraron.

Una situación que también ya comenzaron a vivir las imprentas, como Var Car en Zenteno, quedando, por ejemplo Rasmussen, Vanic, ambas en Zona Franca; Marangunic. Obviamente, en la Imprenta Latina esperan no ser los próximos en cerrar. “Ojalá que se pueda revertir esto. Es una pena todo esto”, expresa a modo de deseo final, José Mansilla.