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José Alvarado Mancilla, de 77 años, tras recibir la primera dosis de la vacuna Sinovac: “Yo vi la muerte y por eso me vacuno, porque uno tiene ganas de vivir todavía”

Por La Prensa Austral Jueves 4 de Febrero del 2021

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A sus 91 años, Turmolina Cañete Altamirano fue una de los adultos mayores que dio la partida a la campaña de vacunación en la Escuela 18 de Septiembre. Así, la profesora normalista invitó a sus vecinos del barrio 18 a que se inmunicen contra el Covid. “Vacunarse, es la única manera de detener la enfermedad”, planteó la educadora.

Nació el 17 de febrero de 1930. Fue profesora normalista y tiene 3 hijas, profesionales que durante sus primeros años se educaron en la Escuela 18 de Septiembre. Además, tiene 7 nietos y 3 bisnietos. Previo a la pandemia salía a pasear, hacer compras, trámites, viajaba donde su hija en Santiago. Esta pandemia la ha impactado, porque ni siquiera ha podido realizar actividad física. En todo caso su formación como profesora normalista ya la ha ayudado a enfrentar la contingencia sanitaria. Se decidió a inocularse porque siempre lo ha hecho con las vacunas que existen para proteger a la población de las diferentes enfermedades.

Otro de los asistentes a este centro de vacunación, fue José Alvarado Mancilla, 77 años. “Yo tuve Covid, entonces creo en la enfermedad y por eso me vacuno”, enfatizó. “Enfermé en septiembre del año pasado, me afectó los pulmones, tuve pérdida de conocimiento. Dormía boca abajo lleno de cables, no me intubaron, pero fue muy feo. Yo vi la muerte y por eso me vacuno, porque uno tiene ganas de vivir todavía”, complementó.

Caupolicán Toro Rivas, cumplirá 93 años en agosto. “Yo me vacuné y lo recomiendo porque así se puede prevenir la enfermedad”, aseguró. La pandemia la vivió encerrado y cuidándose. “Salía sólo al patio y para dentro de la casa”, aunque asegura que se ha sentido muy bien y es completamente autovalente. Sin embargo, subraya que está con un problema al corazón por lo que debe cuidarse y por el cual toma medicamentos, a pesar de que se ha sentido muy bien, por esta razón debió extremar las precauciones.

A sus 101 años, María Inés Muñoz Antenopae, declaró que “me dio gusto poder hacerlo. Estaba esperando la vacuna porque con la pandemia he estado muy encerrada y no se podía salir”.

Esta centenaria vecina nació en Chiloé y se estableció en Magallanes cuando tenía 20 años. Es viuda hace más de 50 años y tiene tres hijas, tres nietos y tres bisnietos. Previo a la pandemia acostumbraba a juntarse cada semana con el grupo de adultos mayores de la Parroquia Cristo Obrero, del barrio Prat, sector donde vive hace más de 70 años. Sin embargo, la pandemia ha trastocado fuertemente su vida debido a que no puede retomar sus actividades y ha permanecido encerrada en su hogar al cuidado de sus tres hijas y las visitas de sus nietos y bisnietos se han visto reducidas, y en la mayoría de las ocasiones se realizan vía remota.

Su hija Rina Oyarzún, quien cumple el rol de su cuidadora, también se inoculó. Expresó que la pandemia fue muy amarga porque su madre participaba en un Club de Adultos Mayores y en eventos sociales, pero la cuarentena la limitó.

Del mismo modo, Secundino Navarro, quien cumplirá 79 años, instó a la población a perder el miedo y a recibir la vacuna. “Yo en la pandemia estuve trabajando, porque para mí es como una terapia muy sana el estar al aire libre. A la vacuna no hay que tenerle miedo, todo lo contrario”, sonríe.