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  • Pascual Anselmo Candia Almazabal

El Agente Topo y la fragilidad de la vejez en Chile

Por Agencias Domingo 21 de Marzo del 2021

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Por Iván Palomo y Cecilia Albala /El Mostrador

Esta semana vivimos un nuevo episodio en el fenómeno de la película El Agente Topo, que se convirtió oficialmente en una de las nominadas al Oscar en la categoría de “Mejor documental”. Esta película, que aborda los matices de la fragilidad de la vejez, también deja en evidencia temas que como investigadores de las universidades estatales venimos alertando desde hace algún tiempo.

El envejecimiento de la población no es un fenómeno nuevo en el mundo y tampoco lo es en nuestro país. Según el Censo de 2017, la población mayor de 60 años representa el 16,2% de la población chilena (alrededor de 2.9 millones de personas), aumentando considerablemente respecto al Censo 2002 (11,4%).

Desde la Mesa de Investigación en Envejecimiento de las Universidades del Estado, hemos investigado sobre las problemáticas que viven los adultos mayores y que requieren de un apoyo en políticas públicas y cambios culturales.

Algunas de estas temáticas y conceptos también son visibilizadas por El Agente Topo, que en primera persona y desde una mirada sensible, tiene que lidiar con las dificultades a las que diariamente se enfrentan las personas mayores en nuestro país.

La Organización Mundial de la Salud define al edadismo como “estereotipos, prejuicios y la discriminación contra las personas debido a su edad”. Las diferentes culturas han acuñado distintas ideas preconcebidas y erradas de la vejez, lo que favorece la discriminación de las personas mayores, a quienes se les suele asociar con debilidad, dependencia o deterioro físico y mental.

Estos prejuicios han hecho que, según indican diferentes estudios, los adultos mayores se sientan discriminados en muchos ámbitos de la vida cotidiana: en el mercado laboral, en el acceso a la salud, en los medios de comunicación, en el ámbito financiero, en la familia, etc.

Estas creencias, profundamente arraigadas, generan que se considere que las personas mayores no son autovalentes y se les exija jubilar, aunque sin proporcionarles un acceso efectivo a la salud. Olvidan que sólo 22% de las personas mayores tienen algún grado de dependencia en nuestro país. Estas son las creencias con las que se enfrentan los adultos mayores, e interfieren con su autonomía y los invalidan frente a una sociedad que necesita con urgencia de políticas públicas que velen por su dignidad.

El envejecimiento implica una disminución del funcionamiento de órganos y sistemas corporales, lo que conduce a una mayor prevalencia de síndromes geriátricos, como el de fragilidad, que se refiere a un estado de vulnerabilidad aumentada frente a eventos adversos a la salud, y una mayor prevalencia de enfermedades crónicas que tienden a acumularse hacia el fin de la vida. En nuestro país se ha reportado una prevalencia de fragilidad, que fluctúa entre 14% en la RM y 24% en la Región del Maule, similar a la media latinoamericana y el doble de la observada en países europeos como España y Alemania.

Las personas mayores frágiles presentan mayor índice de caídas, discapacidad, hospitalización y mortalidad. Por otra parte, el síndrome de fragilidad está presente en el 25-50% de las personas mayores con enfermedades crónicas como hipertensión, obesidad, dislipidemia, demencia y diabetes. Esto también significa una disminución de la inmunidad e inflamación, lo que frente a la pandemia de Covid-19 que nos afecta, hacen especialmente vulnerables a las personas mayores.

Algo que ciertamente pone de manifiesto El Agente Topo es lo lejos que pueden estar las personas mayores de las nuevas tecnologías con las que, cada vez con más frecuencia, deben convivir día a día. Procesos como utilizar celulares inteligentes o aplicaciones, pueden ser complejos y requieren de habilidades que están en constante actualización. Más aún en un escenario de pandemia, donde las tecnologías de la comunicación parecen ser el camino para enfrentar el aislamiento y el desconocimiento de éstas, generan un impacto negativo y una frustración constante sobre las personas mayores que se están quedando cada vez más aisladas.

La soledad y la falta de estímulos son problemas relevantes, a los que se están enfrentando los adultos mayores y, por esto, se hace necesario acercar estas nuevas tecnologías a la población de mayor edad, para que –al igual que los más jóvenes– aprovechen las ventajas que pueden ofrecer en hacer una vida más llevadera.

*Nota: Iván Palomo, Cecilia Albala, Eduardo Fuentes, Marcelo Alarcón y Jorge Morales, académicos de la Red de investigación en Envejecimiento de las Universidades Estatales opinan sobre Edadismo, y Fragilidad y Tecnologías en las Personas Mayores.