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Lusvenia Barrientos Cárdenas, de 78 años

Madre estuvo 57 días con ventilación mecánica y ahora lucha contra las secuelas del Covid

Por La Prensa Austral Martes 23 de Marzo del 2021

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Tiene una polineuropatía del paciente crítico, consecuencia del coronavirus.

Tras permanecer 57 días en la Unidad de Cuidados Intensivos del Hospital Clínico y conectada a ventilación mecánica, Lusvenia Barrientos Cárdenas (78) aún lucha contra las secuelas que le provocó el Covid. La antigua vecina de Playa Norte relata la compleja experiencia que vivió y llama al autocuidado, mientras permanece con terapias para superar la polineuropatía del paciente crítico.

Derivada a Santiago

La madre estuvo hospitalizada durante 76 días en total. Fue derivada al Hospital Metropolitano en Santiago, estando inconsciente y conectada a ventilación mecánica, en una de esas camas con carpa plástica, de acuerdo a lo que explica su familia. Ella se fue a Santiago el 9 de noviembre del año pasado luego de permanecer un único día en la Unidad de Pacientes Críticos del Hospital Clínico y despertó sólo unos días antes de Navidad, sin saber que estaba en la capital del país.

Sin embargo a los pocos días volvieron a sedarla nuevamente por contraer una neumonía bacteriana. Tuvo varias complicaciones y de hecho sufrió una úlcera por presión en las caderas, la que aún no sana del todo. Además, explica que siente que su brazo derecho estuviera como congelado. Volvió a Punta Arenas el 27 de enero, en un avión ambulancia.

Inicio de la enfermedad

Recuerda que se enfermó a fines de octubre, comenzó con síntomas el día del Plebiscito, y al otro día se hizo el PCR. Su hija Helena Pinochet ya estaba contagiada y con aislamiento, pero habían estado juntas la semana anterior. El papá, Heraclio Pinochet, quien llevaba postrado cinco años, había fallecido en septiembre por una enfermedad crónica. Ellos iban a cumplir 61 años de matrimonio el 31 de diciembre y ella fue quien lo cuidó hasta el final. Tras la muerte del papá la familia se reunió para apoyar a la mamá, ahí se habrían contagiado.

Comenzó con su aislamiento el 27 de octubre y estuvo en una residencia sanitaria. “Me sentía bien, pero no comía nada, no tenía ganas. Mi cumpleaños lo pasé en cuarentena y no hubo torta ni nada. Pero estuve súper bien, y no me puedo quejar me trataron muy bien, era un espacio muy lindo. El médico me pasaba a chequear todos los días al igual que otros profesionales. En uno de los chequeos me dice que me van a mandar al hospital para una evaluación”, relata Lusvenia.

Lo que ocurría era que estaba haciendo una hipoxemia silenciosa, un peligroso efecto del coronavirus. La hipoxia es un término para describir la falta de oxígeno en la sangre. Cuando el cerebro se da cuenta de que los glóbulos rojos no tienen oxígeno, lanza la alarma y la persona se ahoga. En este caso se llama silenciosa, porque a pesar de que la oxigenación era insuficiente y no estaba respirando bien, estaba completamente despierta, aunque no presentaba síntomas físicos.

“Recuerdo haber subido a la ambulancia y de ahí me llevaron al hospital, pero de ahí no recuerdo mucho, sé que me pusieron boca abajo en la cama. De repente, una enfermera me preguntaba por qué no comía y yo le decía que no tenía ganas. Ahí fue cuando me informaron que iba a tener que irme a la Uci. De ahí no sé más hasta que desperté en Santiago”, complementa.

Conectada a ventilación

La familia señala que Lusvenia les dijo al funcionario de la Uci: “¡Entúbame nomás porque quiero salvarme!”. Si  bien estaba consciente, no lo recuerda con claridad, pero su hija sí y dice que la llamaron para avisarle de que la iban a conectar a ventilación mecánica invasiva. Estando en Santiago, notaron que era muy resistente a la sedación, batallaba con el ventilador y se desadaptaba.

“Mientras estuve intubada tuve muchas pesadillas, pasaban cosas en el sueño, me faltaba el oxígeno y alguien lo venía a arreglar, como que me caía en un pozo y alguien me ayudaba.. Cuando desperté no sabía que estaba en Santiago y comencé a preguntar cómo estaba la situación de la pandemia por el hospital. Una de las funcionarias le dice que hubo más de mil casos y me asusté, entonces le explicaron que estaba en Santiago, en el Hospital Metropolitano”, indica.

Lenta recuperación

Llegó de regreso a Punta Arenas con oxígeno y pañales, en cama y sin caminar y de ahí ha ido avanzando lentamente. Con lo que pasó, se dio cuenta que es importante luchar y vivir, siempre ser positiva frente a la vida. Asegura que eso la ayudó en su recuperación, ahora se lava, se viste, aunque igual hay cosas que le cuesta realizar.

“Pero todos me han ayudado y sus oraciones, toda esa energía me la dieron para seguir adelante. Estoy muy agradecida, de todos los profesionales que me atendieron en el Hospital Metropolitano, me sentí acompañada y uno no puede olvidar a esos profesionales que te sacaron adelante. Especialmente del doctor Eduardo Albornoz y Nélida Rangel, quienes fueron un apoyo importante”, resaltó.

Su hija Helena admite que su mamá llegó con ropa nueva y todo se gestionó por parte del Hospital Metropolitano, porque cuando la derivaron se fue casi sin nada. Además tuvieron el apoyo de Sabrina Garay, asistente social en Santiago, quien apoya a los magallánicos que están hospitalizados en la capital.

Llamado al autocuidado

“Mi mensaje es que la gente no tenga miedo a entubarse, yo antes de esto era una persona que tenía miedo a todo, ahora pienso que si no fuera por el ventilador que funcionó mientras tenía neumonía en los pulmones, yo no hubiese vuelto. También hago el llamado a que se vacunen porque es una herramienta que salva y que no duele nada. Pero, sobre todas las cosas, llamó a las personas a cuidarse porque esta es una enfermedad real, sé que cuando uno tiene una idea fija es difícil cambiarla, pero este es el testimonio de una persona que lo ha vivido”, finaliza.