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Subiendo y bajando, ahora en Fase 2

Por Marcos Buvinic Domingo 18 de Abril del 2021

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Poco nos duró el contento de haber estado en la fase 3 (Preparación) del plan “Paso a paso”. Fue casi un mes que nos permitió desarrollar una vida que nos parecía menos limitada en las posibilidades de las actividades de cada uno, de encuentro con personas, de trabajo y distracción, especialmente los fines de semana. Poco nos duró…

Cuando hace unos días se anunció que en Punta Arenas retrocedíamos a la fase 2 (Transición) fue como que la ciudad quedó cubierta por un manto de tristeza, como si un ánimo deprimido lo invadiera todo y se hiciera más agobiante el cansancio de vivir esta pandemia; las lamentaciones y el desencanto llenaban las conversaciones en la familia, en el trabajo, con los amigos.

También, junto a este ánimo deprimido se abrían camino las preguntas de por qué ocurre este sube y baja, cuáles son las causas, quiénes son responsables de esta situación que no sólo afecta diversas actividades o ámbitos laborales, familiares y sociales, sino que pone otra carga de cansancio y estrés para la salud mental de todos.

Las respuestas a esas preguntas acerca del sube y baja, de fase en fase, no son un misterio para nadie, y son las que se han escuchado en tantas conversaciones de estos días; “todos tenemos la culpa, por no cuidarnos”, “nos relajamos en el autocuidado”, “los principales culpables son los irresponsables que no entienden”, “la culpa de algunos jefes que hacen trabajar sin medidas de precaución sanitaria”, y… ¡las fiestas!

A propósito de las fiestas, es cierto que el cansancio de la pandemia y luego de las prolongadas cuarentenas que vivimos el año pasado, despierta el deseo de encontrarse con otras personas en un ambiente festivo y de diversión; también es cierto que hay mucho deseo en las familias de encontrarse y festejar tantos acontecimientos familiares -cumpleaños, aniversarios, reencuentros, etc- que se han tenido que postergar, y también es cierto que las fiestas son parte de la vida, pero… hay que decirlo y repetirlo hasta el cansancio y hasta que los porfiados lo entiendan: no es posible encontrarnos en fiestas cuando estamos poniendo en riesgo la salud y la vida de otras personas. Seguir con las fiestas en estos tiempos no sólo es una irresponsabilidad para con la propia familia y los demás, sino que es la muestra evidente de un egoísmo vergonzoso, que dice: “con tal de divertirme, no me importan los demás”.

Hay otra respuesta que todos sabemos a este sube y baja de una fase a otra, son las irresponsables conductas laborales, a veces propiciadas por los mismos responsables de empresas o ambientes de trabajos, como cuando no se exige a todos los trabajadores el cumplimiento de medidas sanitarias, o no están los medios adecuados de protección sanitaria, o -peor aún- cuando se impide que los trabajadores se cuiden, al no ver con buenos ojos o impedir que los trabajadores y trabajadoras acudan a tomarse un examen PCR, porque significa que no pueden volver a trabajar hasta que les den el resultado, es decir, por dos días, o porque en caso de dar positivo en el examen eso significará la fiscalización y el eventual cierre de ese lugar de trabajo. Estas conductas irresponsables miran el funcionamiento de los lugares de trabajo y las empresas, pero no miran la salud de los trabajadores y sus familias.

Es el momento de recordar lo que en otras columnas hemos llamado los “conceptos malditos” que, para muchos, hoy son cultural y socialmente inaceptables, pero sin los cuales es imposible vivir humanamente en una comunidad de personas: deberes, responsabilidad, austeridad, disciplina, búsqueda del bien común.   

En una palabra, aquí la culpa la tenemos todos si es que no nos cuidamos bien y no seguimos las normas sanitarias, pero también de una manera especial hay que exigir que los porfiados e irresponsables -sea en el ambiente laboral o por la realización de fiestas- colaboren a cuidarnos entre todos, o que sean adecuadamente puestos en su lugar -por la fuerza de la ley- en bien de la seguridad de todos.