Necrológicas

Fundación Meri expresa su preocupación por aumento de ballenas varadas tras choques con embarcaciones

Por La Prensa Austral Miércoles 12 de Mayo del 2021

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Incidentes ocurridos en las últimas dos semanas

En Chumeldén, Región de Los Lagos; Mejillones, en la Región de Antofagasta y el reciente ejemplar en el sector del faro San Isidro, han encendido las alarmas en la comunidad científica

El 90% del transporte de mercancías a nivel mundial se realiza a través de los océanos. Ya desde la década de los ‘90 se ha cuadruplicado el número de embarcaciones que transitan por esta vía, así como su tamaño, lo que ha significado un gran peligro para los cetáceos. Entre 2007 y 2016 más de 1.200 ballenas en el mundo han sufrido colisiones con embarcaciones. El tráfico marítimo sigue siendo la principal amenaza a los gigantes del mar, tanto por los choques como por la contaminación acústica que generan los barcos, lo que puede alterar el comportamiento habitual de los cetáceos. Este ruido se sobrepone a los sonidos biológicos que emiten las ballenas para comunicarse entre ellas, siendo tan intenso en algunos casos, que puede provocar daños auditivos, hemorragias internas o desorientación, y desencadenar en el varamiento y muerte de los animales.

Es por ello que la Fundación Meri, enfocada en Ciencia y Educación Ambiental, ha expresado su preocupación ante los recientes hechos que han ocurrido en costas chilenas. Una ballena azul varada en Chumeldén, Región de Los Lagos murió y varó a causa de una colisión con un barco, según confirmó Sernapesca. A ellos se suman el ejemplar de ballena Bryde, en la bahía de Mejillones, también por un choque, y por último, la Jorobada que fue encontrada muerta en las cercanías del faro San Isidro, con heridas que presumirían la acción de una embarcación de gran tamaño.

Ante ello, en la fundación se encuentran impulsando iniciativas tendientes a aminorar estos incidentes. La vicepresidenta ejecutiva de fundación Meri, Ana María Molina advirtió que “el tráfico marítimo es una amenaza que está descrita para esta zona. Todas las ballenas que están en el parque marino Francisco Coloane están sometidas a esta amenaza, la misma que está identificada en el golfo Corcovado para las ballenas azules y otras especies que se van a alimentar en esa zona. Llevamos investigando desde 2012, grabando audios con sistema de acústica pasiva, para detectar los cantos de las ballenas, identificar las especies y asociarlo a comportamientos que tienen, y ojalá, viendo una recuperación de especies en esta zona, la que se ve afectada por esta amenaza que constituye el tráfico marítimo”, explicó.

En la fundación llevan dos años trabajando con el Ministerio de Medio Ambiente en una iniciativa que busca atender el peligro que constituye el tráfico marítimo para las ballenas, la cual tiene dos objetivos: “Uno, instalar unas boyas que es un sistema de alerta temprana, el primero en Sudamérica para detectar la presencia de ballenas, y que las embarcaciones puedan tomar los resguardos necesarios. Sabemos que las embarcaciones no tienen ninguna intención de generar estos accidentes, pero que de todas formas, pueden ocurrir. La idea es entregarles a las embarcaciones, información para que puedan tomar resguardos y evitar las colisiones con más información a la vista”.

La vicepresidenta ejecutiva de fundación Meri expuso que hay dos situaciones que dan cuenta de estos accidentes: “Cuando la ballena queda colgando de la parte delantera de la embarcación, donde a veces quedan enganchadas, y si no, se visibiliza cuando la ballena muere y vara, pero no siempre las que sufren una colisión varan; muchas veces no las vemos. Otras veces quedan heridas y cuando las vemos varadas, dan cuenta de lesiones antiguas. La cifras de colisiones de ballenas con embarcaciones no están bien registradas, no hay un número oficial que refleje la realidad, porque muchas veces pasan inadvertidas, lamentablemente”, añadió Molina.

También ha habido registros de ballenas que vararon después de mucho tiempo tras un accidente de este tipo y que son descubiertas en playas alejadas de la presencia humana, más tratándose de una región tan vasta como Magallanes y por ello, Ana María Molina establece que “la cantidad de ballenas que sufren estas colisiones está subestimada”.

Otro aspecto que puede ser influyente en esta situación y que puede alterar el comportamiento de los cetáceos es el creciente turismo relacionado a avistamientos. Al respecto, la representante de la Fundación Meri indica que hay normativas para regular esta actividad. “Sernapesca tiene una regulación para el avistamiento responsable de ballenas y si éste se hace de acuerdo a la regulación y normativa vigente, con esto se resguarda la salud de las ballenas. Por ejemplo, no hay que hacer turismo de avistamiento de la ballena Franca Austral, porque esa población está tan disminuida y llegan acá con sus crías, cualquier acercamiento puede hacer que su comportamiento sea perjudicial para su reproducción; y así, para distintas ballenas hay distintos metros para acercamiento, incluso para delfines esto está regulado”.

En todo caso, para Ana María Molina, esta actividad igual es muy positiva porque “contribuye a sensibilizar a las personas en la conservación marina, pero debe ser hecho de acuerdo a las normas vigentes, que buscan efectivamente resguardar a las ballenas y para eso es importante saber qué especie iremos a avistar. Nosotros en la fundación hacemos capacitaciones para el avistamiento y para reconocer e identificar las especies”.

Finalmente, expuso que otro de los objetivos que persiguen es más global y que se asuma a nivel de quienes toman las decisiones en el país “algún tipo de compromiso que ponga en valor lo que significa la vida de las ballenas y cuál es el rol ecológico que ellas tienen. Es todo un trabajo que debemos hacer como sociedad civil, la academia, para tomar decisiones respecto del valor que tienen los servicios ecosistémicos que dan los océanos y en parte los cetáceos, que absorben Co2, y otras actividades biológicas como las microalgas, el fitoplancton, que van también disminuyendo la cantidad de Co2 que está en nuestra atmósfera y eso es un rol biológico y un servicio ecosistémico que ayuda a nuestro medio ambiente, y queremos que eso se visibilice, que en las tomas de decisiones y las normativas que haya, se pueda tomar en cuenta y valorar este aporte. Dañar una ballena es una pérdida para todos nosotros y tratar de dimensionar la magnitud de esa pérdida, más allá de que dé pena sino que realmente, como sociedad hay un servicio ecosistémico que prestan los océanos y que debemos conservar”, concluyó.