Necrológicas
  • Baltazar Paredes Navarro
  • Adolfo Jaime Oyarzún Ruiz
  • Jovino Oyarzún
  • Lavinia Mansilla Barría

La pequeña Antártica

Por Alfredo Soto Martes 18 de Mayo del 2021

Compartir esta noticia
79
Visitas

Con el título de esta columna me estoy refiriendo a una reciente experiencia de apoyo en terreno en el Parque Marino Francisco Coloane, específicamente en las áreas marinas protegidas del paso Shag, parte del canal Bárbara y el seno Helado, bajo el marco de XL Congreso de Ciencias del Mar, un equipo de investigadores, alumnas de Biología marina de la Umag, personal técnico de buceo y un sólido equipo de audiovisualistas permitieron que llevemos a cabo un trabajo de observación, toma de muestras, relatos y la construcción de material audiovisual, precisamente del significado que tienen estas áreas marinas en cuanto a lo importante que es su protección.

La pequeña Antártica de acuerdo a una versión personal de poder apreciar la abundante manifestación sinérgica de las especies que la conforman, sobre todo de especies muy similares a las que viven precisamente en la Antártica, tales como aves marinas que en grandes cantidades revolotean durante todo el viaje y se alínean en sus actividades propias de alimentarse y algunos ya preparándose para las migraciones, escapando del invierno, así podemos regodearnos de magníficas vistas de cormoranes imperiales, albatros, petreles, pero los más asociados a las latitudes polares, los pingüinos, aunque no son los que viven en la Antártica al igual que los lobos comunes, pero sí las reinas de las profundidades que magníficamente surcan los estrechos pasos y deleitándose con alimentación digna de destacar como son los bancos de sardinas y langostinos de los canales que son predilectos y codiciados manjares de las ballenas, entre ellas la que más destaca, la ballena jorobada.

Al mismo tiempo y en las posibilidades que tuvimos de estar en tierra se puede apreciar que la riqueza de esta biodiversidad es acompañada también por una serie de especies típicas de los canales húmedos, boscosos y fríos y que simpáticamente aparecen mostrando sus cantos bellos y vuelos majestuosos como los rayaditos, cometocinos, churretes, pájaros carpinteros, pero el más sorprendentes, esta vez en altura, es el cóndor andino. Esta interacción de especies adornados en un ambiente de grandes glaciares que se descuelgan desde la isla Santa Inés, le da un sentido subantártico por excelencia. Viajar desde la ciudad de Punta Arenas, distante unos 180 kilómetros hacia nuestro destino, es efectivamente realizar un viaje al pasado y no sólo de la presencia humana, sino a los tiempos del resurgimiento de las tierras que hoy conocemos. Basta recordar que desde nuestra ciudad, el embarcarnos solamente en Bahía Mansa ya el protagonista se inserta en el mundo de los primeros navegantes provenientes de Europa que surcaron esta agua, partiendo desde 1520 con la localización de la conexión entre los grandes océanos Pacífico y Atlántico, que dieron a conocer al mundo. Posteriormente los atributos encomendados a Pedro Sarmiento de Gamboa en 1580, por proteger de las osadas acciones de Francis Drake que lo hacía dueño del asalto y toma de embarcaciones de origen español. Pero en estos periplos de Sarmiento, los navegantes en pos de navegar el estrecho de Magallanes, los hizo conectarse con las etnias milenarias que conocían cada rincón de esta enmarañada geografía y dando testimonios de sus bajadas a tierra  y descubrimientos de sitios que le permitían a cuanto lugar que visitaron, adornarlo con el nombre que más le venía.

Así fueron quedando estos registros desde el pasado hasta nuestros tiempos en que debemos hacer los esfuerzos adicionales para rescatar los relatos y comprometerse a divulgarlos por los medios que nos permitan llegar no sólo al mundo de interés científico por recorrer estos emblemáticos lugares de la Patagonia marina, sino cumplir también uno de los propósitos del XL Congreso de Ciencias del Mar que ya la próxima semana y en un formato diferente, vía remota, se lanza al mundo desde la Patagonia para compartir con el orbe de las ciencias del Mar. No puedo dejar de mencionar a toda la tripulación de la María Paz y su capitán, que se cuadró con todo el apoyo logístico de esta pequeña y fugaz expedición, porque la gente de nuestra tierra así puede contribuir, sumando fuerzas y a través de los medios comunicacionales y exhibición de documentales y notas podremos fehacientemente educar y formar bajo el estricto rigor del conocimiento y así mismo comenzar a valorar aún más nuestro patrimonio natural, que se presenta como un laboratorio natural de primera calidad.