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Coletazos del Covid-19

Por Jorge Abasolo Lunes 31 de Mayo del 2021

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Lo que les voy a contar no tiene ni un atisbo de vanidad de político o presunción de crack de fútbol. Les confieso que soy un tipo muy sensible. Sufro y padezco eso que los psiquiatras llaman “sensibilidad hiperestésica”. Me duele el aporreado Chile de hoy y todo me afecta, me llega y me conmueve hasta el contre. Que no haya vida en el planeta Saturno o el alza del IPC en Uganda suele afectarme de un modo supremo. Para hacerme el leso con esto, me dedico a escuchar música, leer revistas viejas o jugar al taca-taca.

Eso de leer revistas viejas tiene un tufillo de optimismo. Claro, porque cuando uno se entera de una tragedia puede exclamar: “¡P’tas,,, menos mal que esto ya pasó!”

Ayer mi señora me dijo que el próximo fin de semana vendría a visitarnos mi suegra. Me lo dijo justo en el momento en que me enteraba por el diario que se aproxima una nueva ola del Covid-19…un poco más agresiva que la anterior.

¡Las desgracias nunca vienen solas!

Como si fuera poco, un amigo psiquiatra me cuenta que Chile marcha a la vanguardia en Sudamérica en lo que a alteraciones de ánimo se trata. Un 49% de los que viven en nuestro país admite andar con depresión, arrastrando angustias o con más problemas que un pelícano con paperas.

Yo, que sufro de angustia desde niño, al enterarme de estas cifras…me deprimí. Doble problema.

Me reconforta saber que la depresión es uno de los trastornos psiquiátricos más frecuentes, pues afecta a unos 340 millones de personas en todo el mundo y se estima que para el año 2025 supondrá la segunda causa de discapacidad.

A todo esto agreguemos los problemas inherentes a la cotidianeidad, como el alza del costo de la vida, la inflación y la maldita cesantía. Mi vecino es un caso inaudito. Lleva dos años sin trabajo, no hace nada por buscarlo y holgazanea todo el día. Creo que estaba pintado para constituyente, pero llegó tarde a la repartición de cargos.

Es útil consignar que el trastorno depresivo es más frecuente en el sexo femenino, en una proporción de cinco mujeres por cada hombre. No sé si estas cifras son confiables, porque me las proporcionó una amiga que trabaja de Relacionadora Pública en la Cárcel de Mujeres, pero confío en que mi amiga no me miente.

Ahora, la tristeza por la muerte de una mascota o la partida de un ser querido suelen catalogarse como tristezas normales y que todo sujeto debe pasar por la vida. La tristeza denota aflicción, pena, pesadumbre. Pero cuando va más allá de lo habitual y se convierte en dolor psíquico, la situación pasa a ser alarmante. En ese caso hablamos derechamente de depresión, el gran mal del siglo 21.

De esto no hay sociedad que se escape, a no ser que se quiera vivir como asceta y con las comodidades del primer mundo. Pero, eso es más difícil, que hacer gárgaras con talco.

Sigamos.

Chile es uno de los países con mayor consumo de tranquilizantes en Sudamérica y ostenta altos índices de suicidios. Es la segunda nación en el planeta con mayor cantidad de casos de maltrato infantil y Santiago es la segunda ciudad del mundo cuyos habitantes realizan mayor cantidad de consultas por problemas mentales. Cuando mi amigo Lucho Palma se enteró de esto, optó por irse de Santiago.

Ahora vive en San Bernardo y cuando lo agarra “la depre” generalmente ésta suele ser leve y pasajera.