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Ex alumnos recuerdan vocación de enseñar del fallecido profesor y guitarrista Fernando Bargetto

Por La Prensa Austral Domingo 4 de Julio del 2021

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– Desde Alemania, Estados Unidos y el territorio nacional reconocieron el legado del educador que formó a generaciones de jóvenes.

El profesor de música y guitarrista Fernando Bargetto falleció el martes pasado, a la edad de 83 años. Estaba alejado desde hace tiempo de las luces, escenarios y salas de clases, pero la huella que dejó en quienes fueron sus alumnos, quedó marcada para siempre. Más allá de los reconocimientos y premios, en él hubo una genuina vocación por enseñar.

Ex alumnos que tuvo el profesor a lo largo de su vida, quisieron entregar su testimonio, valorando este ejemplo de docente comprometido con su labor.

En el extranjero
no lo olvidan

Desde Wuppertal, Alemania, el guitarrista clásico Javier Zapata Vera escribió: “Conocí a Fernando Bargetto por allá por los años ’80. Yo tenía 15 años y ya había dado mis primeros pasos musicales en el Conservatorio de Música de la Universidad de Chile; tenía una gran afición por la guitarra y muchas ganas de aprender, el haberlo conocido fue un momento crucial en mi vida: Fernando fue mostrándome con su pasión y sabiduría lo que significa la verdadera vocación artística y el amor por la música y especialmente la guitarra, en sus innumerables clases, conversaciones y maravillosos momentos que compartimos. Afianzó en mí no sólo mi vocación musical sino también el firme deseo de convertirme en un guitarrista profesional. En mi camino por la música he tenido la suerte de conocer y estudiar con grandes personalidades de la guitarra como Leo Brouwer, David Rusell y Roberto Aussel entre otros. Sin embargo, son esos momentos mágicos que mi viejo maestro amigo me regaló los que más me llenan de inspiración y me siguen recordando lo maravilloso que es el camino del arte. Queridísimo Fernando, descansa en paz … Gracias por eso y tantas otras cosas”.

Desde Springfield, Oregon, Estados Unidos, otro guitarrista clásico, Ricardo Cárdenas recuerda que “mis primeras clases con Fernando Bargetto comenzaron en el año 1975. En esa época tenía 13 años de edad y todo era descubrir y descubrir. Mi primera presentación en público fue en un evento de Navidad en el Colegio Alemán. Recuerdo claramente cómo nuestro querido profesor antes de la presentación, nos motivaba y nos impregnaba de un sentimiento de confianza, de seguridad y siempre cerca entregando todo su apoyo. Finalmente, después de nuestra presentación él nos abrazó y felicitó, se mostró satisfecho y alegre de nuestro pequeño gran logro. Ya en el año 1979, don Fernando concretó uno de sus más queridos proyectos, que consistía en dar un recital en homenaje al guitarrista español Francisco Tárrega. Este evento se realizó en el Teatro Municipal de Punta Arenas, se presentaron varios estudiantes, cada uno tocando obras del compositor español. El broche de oro fue la presentación del maestro Fernando Bargetto interpretando la famosa partitura ‘Gran Jota Aragonesa’.  Al enterarme de la partida de don Fernando, se me vinieron a la memoria una cantidad de recuerdos de vivencias que compartí con el maestro. Mi tristeza se fue diluyendo al pensar que él sembró en tantas personas el amor y el aprecio por el arte. El dejó un gran legado que parece invisible, pero que aflora en cada una de las personas y músicos que se acercaron a él para aprender guitarra, y que finalmente se encontraron no sólo con alguien que les enseñaría a tocar un instrumento, sino que, con alguien capaz de llevarlos más allá de los tecnicismos, nos encontramos con un verdadero un guía. Gracias por todo, querido maestro”.

Para el guitarrista clásico, radicado en Santiago, Jaime Calisto Vidal cuenta que “él fue mi primer profesor de guitarra clásica cuando yo lo único que tenía eran las ganas de poder tocar la guitarra. Lo conocí haciendo clases en su casa del pasaje Körner, en la que alguna vez fue una oficina de Aduanas. Fui su alumno durante dos años y en ese corto período recibí de él el más grande de los impulsos que jamás nadie ha recibido (…). Cómo no recordar su entrañable guitarra Cherubito, que, para la época, realidad chilena y sobre todo en Punta Arenas a fines de los años 70, era como tener el Santo Grial a la vista. A finales de mi etapa académica realicé un trabajo de investigación histórica de la guitarra clásica en Chile, trabajo que ha sido hasta ahora el piso para varios jóvenes que han basado sus doctorados en ese ya viejo escrito, de esa recopilación histórica, gran parte lo comencé en esa sala del pasaje Körner 25 años antes que lo escribiera. Gracias Maestro, me es imposible no recordarlo; en muchas ocasiones cuando saco alguna “vieja” partitura de mi tan organizada biblioteca me encuentro con ahora amarillentas hojas firmadas por todas partes, al borde izquierdo, al borde derecho, a pie de página, al lado del título, “pertenece a Fernando Bargetto Orellana”.

En tanto, Nelson Menéndez Díaz destacó que “quizá la cualidad más importante de Fernando y lo que lo convertía en un gran maestro y mentor fue su innata capacidad para sacar lo mejor de ti y hacer crecer tu interés por la guitarra a niveles insospechados. Sabía motivar de una forma extraordinaria. Cuando nos reuníamos a ensayar el tiempo se detenía y podíamos quedarnos escuchándolo toda la noche. Te hacía sentir importante. Para él no había alumnos malos. En todos encontraba méritos (…). Gracias por tanto Fernando y perdona lo poco que te dimos a cambio”.

Poco reconocimiento

Finalmente, desde Santiago, el académico Mauricio Marín indicó que “quizás a mis 60 años de edad puedo mirar hacia atrás en perspectiva desde la desaparecida escuela básica de Cullen hasta mi doctorado en la Universidad de Oxford. Quizás puedo decir que en ese camino he tenido el privilegio de haber aprendido de personas notables. Fernando Bargetto, con su gran sueño, el Instituto Guitarrístico Musical, fue una de esas pocas personas notables que visualizo muy nítidamente en mi interior. Fernando fue un maestro en una disciplina compleja de la música clásica, con la capacidad de inspirar, de motivar, de formar, de hacernos ir más allá de nuestras limitaciones, en definitiva, de hacernos perseguir nuestros propios sueños. Sin duda la formación que recibí de Fernando me ayudó a crecer en el Magallanes de principios de los años ‘80. En esa época lo vi sufrir víctima de la frialdad que a veces tiene nuestra región con sus propios artistas, no sé por qué olvidamos valorarlos y cuidarlos, son personas que tienen como vocación de vida el servicio a nuestra sociedad, no solo nos hacen viajar desde nuestros sentidos y forman a nuevos artistas, sino que también forman a personas que luego seguirán otras profesiones, la ingeniería y la música están íntimamente ligadas, todas las formas artísticas activan un imaginario que fomenta la creatividad en las personas jóvenes”.