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Cuba: la vida como bandera

Por Abraham Santibáñez Sábado 17 de Julio del 2021

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Hace más de medio siglo, con mi colega periodista Fernando Reyes Matta, escribimos un libro no muy extenso titulado “Cuba, diez años de revolución”. Estaba bellamente ilustrado por Vittorio di Girólamo.

Era una obra que sólo pretendía, como era muy frecuente en esos años, entregar un informe de lo que había ocurrido en la isla caribeña, en América Latina y en el mundo desde el 1 de enero de 1959, cuando el dictador Fulgencio Batista decidió que lo mejor para él era huir rumbo a Estados Unidos. No tenía más propósito que salvar su pellejo, pero como se anotó en el libro, marcó el comienzo de “un proceso que transformaría el esquema de relaciones en América y en el mundo entero”

Los años 60 fueron los años de “la década prodigiosa”. En nuestro continente se vivía una época rebosante de esperanzas. A los jóvenes de todo el mundo les entusiasmaba que Cuba viviera un proceso épico que en Africa y Asia parecía estarse replicando a la sombra de la descolonización. En mayo de 1968 había estallado un momento glorioso en las calles de París cuando los universitarios franceses se apoderaron de la frase heroica de Herbert Marcuse:  “Seamos realistas, pidamos lo imposible”,

Ya en esos años, las ilusiones generadas por la gesta épica de Fidel Castro habían colisionado con una frustrante realidad. La revolución se había convertido en una versión caribeña del marxismo Leninismo. El castrismo había hecho suyo un fatídico grito de guerra (“Patria o muerte”) equiparable a la brutal consigna de “¡Abajo la inteligencia, viva la muerte!” del general franquista José Millán Astray.

El tiempo no ha pasado en vano. Hoy ya está muerto Fidel Castro, el líder carismático, y desapareció la vieja guardia. Cuba es ahora un fenómeno sorprendente. Sobrevivió al derrumbe de la Unión Soviética y de Alemania Democrática, sus sostenedores por largos años. Venezuela, que le dio oxígeno -petróleo, en realidad- está sumida en su propia tragedia. Parece imposible que el régimen siga resistiendo. Pero lo ha logrado… hasta ahora.

Aunque el panorama en calles y caminos finalmente ya cambió y los autos norteamericanos de la década de los 60 están siendo desplazados por vehículos chinos y de otras procedencias, la vida se ha vuelto durísima. Los servicios de salud, una excelente bandera propagandística, no han logrado controlar el Covid-19.

Aunque se sigue culpando al bloqueo de Estados Unidos, el peor enemigo del régimen cubano resultó ser la revolución tecnológica. Las herramientas de comunicación en uso han permitido en las últimas semanas una inédita coordinación mediante los celulares, Internet y las redes sociales, como denunció el propio Díaz-Canel.

Y lo que se ha extendido con la misma velocidad del contagio del Covid-19 puso en jaque las verdades y las consignas oficiales. En vez de gritar “Patria o Muerte”, los cubanos cantan, desafiantes, un nuevo himno: “Patria y vida”.

Hace 50 años, los autores de “Cuba, diez años de revolución”, no podíamos imaginar esta poderosa realidad.

Tampoco Fidel Castro.