¿Se gobierna hasta el último día?
JUAN FRANCISCO MIRANDA S.
Ingeniero Civil U. de Chile
En toda competencia alguien gana y otros pierden. El hecho de ganar o perder nunca debe ser motivo para inmovilizarse. Quizás es el instinto de sobrevivencia el que nos ha hecho acuñar el dicho popular: “el show debe continuar” o “la vida sigue”. Esto lo sabemos de pequeños, y lo vamos confirmando a lo largo de nuestras vidas. Porque siempre existe una nueva motivación por la cual seguir, incluso en momentos aciagos, la fuerza la encontramos en evitar que un ser querido o amado sufra o siga sufriendo. Hay momentos en que incluso algunos seres humanos muestran la grandeza de su espíritu o alma, al priorizar el bien del prójimo por el de sus propias vidas.
La historia está llena de héroes anónimos, y de personas notables que arriesgando o perdiendo sus vidas, han antepuesto la responsabilidad, y cumpliendo el deber, han permitido que otros sigan o salven sus vidas. Me viene el recuerdo del Titanic, cuando los maquinistas a pesar de lo inevitable estuvieron hasta el último trabajando para que la electricidad funcionara y con ello se pudiese evacuar con seguridad y también se pudiesen emitir llamadas de auxilio. Esta misma tragedia nos muestra a la pequeña orquesta que estuvo tocando tratando de evitar el descontrol. Pero también esta tragedia nos muestra como algunos “notables” hicieron oídos sordos ante una evacuación al principio “primero las damas y los niños”. La historia nos muestra que pudieron salvarse más vidas si el egoísmo de algunos señores poderosos no se hubiese manifestado.
Me resulta inevitable comparar la tragedia del Titanic con la actualidad nacional. Viendo las noticias de los últimos días en Iquique con la crisis migratoria y sus efectos, en la Araucanía con los atentados, en grandes urbes con la violencia asociada al narcotráfico con ajustes de cuentas en plena vía pública, y en nuestra región con un incendio forestal en el sur de la isla de Tierra del Fuego, la pregunta inevitable es ¿Dónde está el gobierno o sus autoridades?
Algunas autoridades parecen haber ocupado más de algún bote salvavidas renunciando antes del término de gobierno. Otros salieron de vacaciones y no volverán por lo que les da lo mismo lo que este pasando. Otros, los menos tratando de tocar algo de música que no desafine para distraer un poco o tratando de mantener el funcionamiento evitando tomar medidas, pues el problema en unas semanas más pertenecerá a otro (Nuevo Gobierno). Mientras tanto la ciudadanía, ante el silencio o desidia de algunas autoridades, debe esperar que otras autoridades (nombradas pero que aún no tienen poder) resuelvan situaciones y problemáticas que otros debían resolver.
Se elige un gobierno por 4 años, pero estamos viendo que al menos después de la segunda vuelta, sólo se observa un gobierno con un presidente fantasma y con autoridades ausentes. Mientras, los problemas surgen, se presentan, se activan, se desarrollan, con consecuencias duras para muchos chilenos y chilenas, y en este caso también para extranjeros.
Las elecciones terminaron. Se debe seguir, y en ello no hay excusa que valga para quienes, teniendo el nombramiento de autoridad vigente, sigan de vacaciones o sigan encerrados en las oficinas esperando el reemplazo, mientras tanto el barco se sigue hundiendo y con ello poniendo en riesgo la vida y calidad de vida de miles de personas.
Ser un funcionario público, y en especial una autoridad es un honor que debe retribuirse con responsabilidad, compromiso y sentido del deber. Mis respetos a quienes así lo entienden y siguen trabajando con igual fuerza y convicción por hacer de este país uno mejor. Mi reproche para quienes abandonaron sus responsabilidades y al igual como hace más de 100 años, fueron los primeros en abandonar el barco mientras dejaban a su suerte a niños, niñas, mujeres y ancianos.




