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Integración energética

Por La Prensa Austral Jueves 23 de Junio del 2022

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Por Lorenzo Reyes Bozo
/El Mostrador

Chile posee recursos renovables de energía, en calidad y cantidad suficientes, para transformar a nuestro país en un exportador de energía limpia. Sólo el desierto de Atacama tiene un potencial renovable superior a 2 TW, que se puede explotar con tecnologías solares. Y en la zona centro-sur, el potencial eólico alcanza 81 GW. Si se cuenta con estas ventajas, ¿por qué aún somos dependientes energéticamente?

Hace unos días, el gobierno de Chile anunció un acuerdo con Argentina, que permitirá importar gas natural para suministrar de este combustible principalmente en las regiones del Biobío y Ñuble, previendo una baja de precios del 15% para los usuarios finales.

La historia reciente de integración energética entre Chile y Argentina no ha sido vista con una mirada de largo plazo, pues sólo basta recordar el corte de suministro hace más de una década. Es necesario asegurar un suministro energético de mediano y largo plazo, a costos competitivos y no sustentar una matriz energética en acuerdos anuales. En otras latitudes, considerando la guerra entre Rusia y Ucrania y su impacto en las naciones de la Unión Europea, también ha quedado de manifiesto la relevancia de la definición estratégica de los países respecto de las fuentes de suministro energético y sus proveedores.

Por ello, es necesario avanzar en infraestructura que facilite la integración energética de manera multilateral, considerando el diseño y construcción de redes de distribución eléctrica y de gas que permitan la interconexión en toda Sudamérica. Por lo tanto, Chile no sólo debe fortalecer las relaciones comerciales con Argentina, sino que también con Perú y Bolivia, usando dichos mercados como plataforma para distribuir nuestras fuentes renovables de energía hacia toda la región, asegurando un consumo estable y resiliente. Un buen diseño de redes de distribución energética bajará la presión sobre los sistemas de almacenamiento de energía, pues la propia red permitirá hacer gestionables las fuentes renovables.

Asimismo, nuestro potencial solar puede impulsar el desarrollo sustentable, dejando atrás la dependencia de combustibles fósiles. Algunos estudios proyectan que, para el 2035, Chile podría proveer el 30% de la energía eléctrica que se consumirá en Sudamérica a partir de fuentes solares en el desierto de Atacama. Por lo tanto, es necesario avanzar en la atracción de inversiones que permitan la explotación de nuestras fuentes renovables y progresar en los hitos definidos en la estrategia nacional de hidrógeno verde. Sólo así, seremos un actor clave para la producción de energía limpia y renovable para un planeta carbono neutral.