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  • Eudalia del Carmen Ojeda Ojeda

La descalificación instalada

Por Emilio Boccazzi Campos Lunes 27 de Junio del 2022

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Emilio Boccazzi Campos
Arquitecto

El ser humano, las “sociedades humanas” y más particularmente los países, transitan permanentemente en tensión motivada por intereses específicos y por la tensión que ponen las distintas fuerzas, las mayorías demandantes contra las minorías hegemónicas, los privilegios de unos contra las necesidades de otros.

El fin del bien común, que es la máxima aspiración de una sociedad determinada, de un grupo, de un país o nación, tiene a la política (nombre femenino) como el medio para buscar su alcance.

Y, ¿Cuál es el objetivo de la política?

La política es una actividad cuyo objetivo es el de resolver pacífica y razonablemente conflictos entre las personas y los grupos humanos más precisamente. La política es una forma particular de afrontar aquellos conflictos que se deben resolver democráticamente.

Algunos autores como Clausewitz, indican a la guerra como la continuación de la política o dicho de la misma forma “la guerra es la política continuada por otros medios”. Podríamos decir, que cuando la política es incapaz, la guerra impondrá sus letales armas para someter y para imponer la voluntad de los vencedores.

Por lo tanto, el marco en el que debiéramos y debemos imperiosamente movernos en una sociedad acotada como un país, en este caso Chile, nuestro país, es utilizar todos los medios que la política puede y debe aportar.

Según el filósofo griego Sócrates, el objetivo del buen político es el de instaurar y mantener la virtud en las almas de los ciudadanos. Y la virtud socrática reside en cuatro valores cardinales: la justicia, la moderación, la valentía y la sabiduría. Cuan escasas o frágiles se aprecian esas virtudes hoy día. Pero no se puede desfallecer, porque si no….caemos en la trinchera y de ahí en la guerra, real o figurada.

Y como aprecio o veo cómo vamos acercándonos a salir de los márgenes de la Política (cuando hablo de la política me refiero a la actividad democrática y sus valores que la fundan y la crean desde las más antiguas civilizaciones), porque cada día, se escucha y pregona la descalificación permanente del “otro”, del que no piensa como yo, que poco a poco se va transformando en un rival, un ser al que debo vencer y en muchos casos para los más viscerales destruir a cualquier costo.

Y la descalificación según definición de la Real Academia de la Lengua, señala que descalificar a una persona es: “desacreditar, desautorizar o incapacitar a alguien o algo”. También como acepción señala “eliminar a alguien de una competición como sanción por faltar a las normas establecidas”.

En psicología, la descalificación consiste en disminuir, devaluar, desautorizar y desacreditar el logro, el esfuerzo, el aspecto físico o la personalidad. En todos los casos, el diálogo, el encuentro, la búsqueda de acuerdos, el complemento, como un entendimiento de que un grupo o sociedad o país se fundan en la búsqueda de transitar un camino, por orígenes comunes, por la simbiosis de diversas culturas, que nos enriquecen en la diversidad y que gracias a esto, como en un equipo, nos proyecta y nos hace crecer y avanzar más rápido y de forma más segura que transitar este camino solos o, sólo con los más iguales.

La división intestina presente en Chile, la descalificación permanente, el insulto negacionista del otro, del diverso, del distinto es una enfermedad que debe atacarse con fuerza y convicción. El dramatismo apocalíptico, la mentira de ambos polos, no lograrán hacer, que la búsqueda del bien común que es la máxima aspiración de la Política, pueda llegar. Los derechos sociales conculcados no se harán carne si vemos al otro, al que piensa distinto, a alguien al que se debe eliminar. La paz social, se comienza a construir desde nosotros mismos, sin desacreditar, aceptando la opinión muy distinta del otro, buscando afanosamente que puede o pudiera unirnos. La caricatura del otro es la herramienta fácil, fofa y que solo trae negación de la búsqueda del encuentro y de la validación propia en la diferencia.

De no parar la mano, solo nos esperará la trinchera y de ahí un paso a la guerra, que no es otra cosa que la continuación, ante la incapacidad de la política.