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Más de 40 años ligados a la Iglesia Fátima desde donde dirige las actividades de las parroquias del sector sur

Por La Prensa Austral Jueves 15 de Septiembre del 2022

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Nacida en Chiloé, con apenas 6 años llegó a Punta Arenas y comenzó a asistir a la capilla desde corta edad hasta
ocupar el puesto de secretaria, lo que le valió ser testigo de sucesos como el atentado explosivo al templo en 1984.

Cristian Saralegui Ruiz
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Mientras los fieles ingresan a la capilla de la Iglesia Fátima para rezar, en su oficina, María del Carmen Ojeda Ojeda revisa algunas estampitas en esa dependencia que ha ocupado durante cuarenta años y que le ha permitido ser testigo de la vida tanto de la capilla como del barrio 18 de Septiembre. Con episodios dramáticos, como el atentado explosivo del 6 de octubre de 1984, pero también satisfacciones, como ver crecer a generaciones desde que llegaron a bautizarse hasta contraer matrimonio en la capilla y bautizar a sus hijos. Con el tiempo, tuvo que coordinar las actividades de las parroquias que fueron surgiendo en el sector, labor que desempeña hasta hoy, de manera silenciosa, pero cálida.

Nació el 22 de julio de 1952, en Achao, Chiloé, y a su llegada a Punta Arenas estudió en la Escuela 18 de Septiembre y en la Escuela Vocacional, establecimiento de carácter técnico ya cerrado, donde llegó hasta tercero de Humanidades y que estaba ubicada en calle Chiloé, donde actualmente se encuentra el estacionamiento de la tienda El Arte de Vestir. Y mientras tanto, se acercó a la iglesia. “Llegué aquí participando en la Pastoral Juvenil de la parroquia, primero viví en la población 21 de Mayo y ahora en la población Bulnes, en el barrio Sur. Seguí participando en la Pastoral, conocí a mi marido en la parroquia, nos casamos y al tiempo, el obispo Tomás González me pidió que fuera secretaria de la parroquia. Y desde entonces estoy trabajando acá. En ese tiempo era muy diferente, porque la gente venía mucho más a misa, los sacramentos que se entregaban eran muchos, matrimonios, bautismos, confirmaciones. Ahora lo sigue siendo, pero en menor grado, hay mucha gente que ha fallecido también. Tengo cuatro generaciones acá”, diferenció.

Entró en mayo de 1981, después que se enfermó una secretaria y el otrora obispo Tomás González le pidió que se hiciera cargo. En esa época María del Carmen Ojeda se desempeñaba en la fábrica de Abu-Goch, donde se hacían ropas de trabajo. “Yo había estudiado moda y entré a la secretaría para estar más cerca de mi hijo”.

Tras separarse, quedó con sus dos hijos Rodrigo Ignacio, profesor de Inglés y abogado y Cristián Andrés, quien se desempeña en Geopark. Tiene además, tres nietas, Francisca Belén, de 12 años y las mellizas Monserrat Catalina y Trinidad Ignacia, que viven en Santiago.

Gestión parroquial

Además de Fátima, Ojeda ordena la gestión de las parroquias San Francisco, San José Carpintero, Padre Hurtado, La Milagrosa y Santo Cura de Ars, pues es la única secretaria parroquial, con atención de lunes a sábado. “Mi labor, primero, es atención de público, orientarlos en lo que me vengan a pedir, para un matrimonio, bautizo o primera comunión, para que después vengan a inscribirse, si lo desean. Llevar todos los archivos de la parroquia, los registros de todos los sacramentos que se entregan, tengo que hacer dos registros, uno que va al obispado y otro que queda en la parroquia. También tengo que preocuparme de la ornamentación de la virgen, preparar la eucaristía de la tarde, los funerales; mi trabajo es múltiple y como soy solita, tengo que hacer de todo”.

El atentado terrorista

Tras poco tiempo de conversación asoma el episodio del atentado , que sin dudas, marcó no solamente al sector, sino que a todo Punta Arenas. “A toda la población le marcó lo que pasó. Ese día era sábado (del 6 de octubre de 1984) y no atendemos en la mañana. Anterior a eso hubo amenazas, venían a tirar panfletos. En ese tiempo estaba trabajando con el padre Jorge Murillo, que ahora está en Santiago. El que se adjudicaba todas esas cosas en esos años era El Acha (supuesta organización contra los opositores a la dictadura de Augusto Pinochet), ¿quién o quiénes eran? Nunca lo supimos. Incluso, cuando pasó esto, teníamos programados bautizos, que tuvimos que trasladar a la capilla San Francisco. Tuvimos que hacerlo, porque estaba toda la gente preparada, aunque la iglesia acá hubiese estado hecha un desastre. No hubo miedo, se supone que Dios es nuestro guía y nos
protege. Igual hubo mucha tensión en ese tiempo, estuve ‘perseguida’ muchos años, vivía pendiente de quién entraba y salía. Una vez me pasó una anécdota, que venía un caballero a dejar unos paquetes de ampolletas, llegó y entró con su caja y salió. Y cuando vi la caja arriba del altar, salí corriendo y él se dio cuenta que estaba temerosa. Vino y me mostró la caja. Eso fue unos años después”.

De inmediato muestra una fotografía de La Prensa Austral en la que se ve la masiva asistencia a la misa de desagravio celebrada tras el atentado, donde asistieron los fieles de todas las diócesis.

Sin embargo, la sensación de temor costó mucho que
desapareciera. “Me siguieron por mucho tiempo, pero nunca supe quién era. Sabía que era un varón, pero como vivo cerca, no tenía que caminar mucho. Estuve con temor por muchos años. Más en el invierno en que oscurece más temprano. Ha habido gente que ha venido a robar, los manteles. Una vez vinieron a robar las alcancías y yo tuve que ir a rescatarlas, entonces fue poco prudente, no debí haberlo hecho”, reconoce.

Una visita que la marcó

Si ese fue un momento
desagradable, lo que vino en 1987 le dio el impulso de fe necesaria para dejar atrás cualquier problema: la visita del entonces Papa Juan Pablo II. “Había que armar todo un encuentro masivo, toda una planificación en que si bien todo fue a nivel diocesano, nosotros también estuvimos implicados. Lo viví de muy cerca, como estaba con el padre Murillo y tuve el privilegio de estar en tercera fila. Me emocionó mucho, llegué a llorar”.

Como entró a trabajar sin haber terminado la escolaridad, ya consolidada en su trabajo ingresó a concluir su enseñanza media cuando se abrió Fide XII, “estaba con el padre Fredy (Subiabre) en ese tiempo, que me dijo que por qué no volvía estudiar. Fui a buscar mis papeles al Ministerio de Educación y no estaban, así que tuve que comenzar prácticamente de nuevo, pero lo logré. Hice de primero a cuarto medio en dos años. Así aprendí muchas cosas, como computación”.

Sacerdotes destacados

En cuanto a los sacerdotes con los que trabajó, destaca al padre (Jorge) Murillo “que estuvo como 10-11 años. He trabajado con varios sacerdotes. Padre Fredy (Subiabre), en dos periodos, en total eran 6-7. El padre (Alejandro) Goic estaba cuando yo estaba en la Pastoral Juvenil, él me casó y también trabajé con él. He tenido muy buenas experiencias con los sacerdotes, muy cercanos y humanos”.

Si bien ya está jubilada, se mantiene en este trabajo porque “soy una convencida que sin Dios no es nada y ha sido muy generoso conmigo, me ha dado mucho y en agradecimiento, quiero seguir trabajando hasta donde pueda, sin desmerecer la fe que tengo en la virgen de Fátima, que es como mi compañía. Trabajar en una parroquia no es como hacerlo en cualquier otra oficina, por ejemplo, tengo un horario de 15 a 20 horas, pero no me puedo ir a esa hora si hay alguien esperando. Soy la cara visible de la parroquia, del entorno de la comunidad de Fátima, porque el primer rostro que ven soy yo. Hay gente que viene siempre, he lamentado el fallecimiento de muchas personas que por años venían, algunos que me traían un pancito, una manzana. La gente ahora, después de la pandemia, este año comenzó a acercarse a la iglesia”. En la parroquia cuentan con pocos asistentes si se le compara a otras épocas. Pero a estos talleres asisten grupos a talleres como catequesis, primera comunión, confirmación de adultos y jóvenes, y bautizos una vez a al mes, y en octubre habrá tres matrimonios. Recuerda que junto a su entonces esposo salía a hacer catequesis a los domicilios, “eso ya no se hace, se estuvieron haciendo online y hace poco, presencial”. También está el salón parroquial, donde tiene a su cargo la organización de horarios, donde destaca la Pastoral Juvenil que se está formando, un grupo de adultos mayores, catequesis y un grupo de pinponeros.

La pandemia obligó a trabajar online y con misas a través de plataforma, como sucedió con toda la población. “Fue duro porque estuvimos alejados mucho tiempo, como personas estamos acostumbrados a estar siempre viéndonos. Yo estuve nueve meses sin salir de mi casa. Me acuerdo que un día mi hijo me llevó a Unimarc Sur y estaba lleno de militares, eso me había dejado marcada por el golpe militar y me entró un ataque de pánico”.

Pese a todo, es la fe la que la mantiene firme. “Siempre digo que si no me hubiesen traído en los años que era joven, habría sido otra persona. Estaré aquí hasta que Dios quiera”, finalizó María del Carmen Ojeda.