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La vida de un argentino ante una inflación que apunta al 100% para fines de 2022

Por La Prensa Austral Viernes 30 de Septiembre del 2022

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Si bien el país trasandino hace más de 15 años que convive con una alta inflación, ahora la situación alcanzó su peor desborde en 30 años.

Respecto a cómo se organizan las finanzas, el argentino promedio lo primero que hace es pagar los gastos fijos: arriendo, luz, agua y gas. Además de colegiaturas y servicios de conectividad. Otros tipos de gastos se manejan con tarjetas de crédito en la mayor cantidad de cuotas sin interés posible

El sector informal, que alcanza casi el 50% de la población, se rige bajo “la ley de la selva”, según el economista argentino Luis Godoy. “No hay quién regule ni revise, lo que es bastante complicado”

La dificultad para encontrar dólares en el país trasandino es uno de los grandes dolores de cabeza de la ciudadanía y también del gobierno, quienes se convierten en verdaderos estrategas ante la coexistencia de diversos tipos de cambio y la serie de restricciones para acceder éstos

Al otro lado de la cordillera viven alrededor de 9,2 millones de familias, que en promedio están compuestas por tres personas. La mitad de los hogares están formados por una pareja, pero también hay unipersonales, monoparentales o que conviven con otras personas, ya sean familiares directos o que no tienen ningún vínculo, pero este último tipo de convivencia es un poco menos habitual. ¿Hijos? Sí. Tanto en hogares donde vive uno de los progenitores o ambos, el promedio de hijos es dos.

Dentro de la heterogeneidad de tipos de hogares, lo que los aúna son los vastos esfuerzos por adaptarse al alza del costo de la vida producto de una inflación que no descansa. Las elaboradas estrategias financieras para enfrentar la volatilidad de los precios ha llevado a los argentinos a considerarse grandes economistas en el día a día.

Si bien la inflación en Argentina es un problema que se arrastra desde mucho antes de la crisis mundial gatillada por la pandemia, ubicándose sobre 10% desde hace más de 15 años, ahora la situación se ha profundizado y están viviendo su peor desborde inflacionario de los últimos 30 años, con tasas mensuales por encima del 6% en los últimos meses.

Específicamente, en agosto, la tasa de variación anual del Indice de Precios al Consumidor (IPC) en Argentina fue del 78,5%, y son varios los analistas e instituciones financieras que proyectan que termine el año en 100% y se mantenga en ese nivel durante 2023. Números no vistos desde la época de la hiperinflación, que vivió su peak entre 1989 y 1990 al superar el 3.000%.

Además, el problema se profundiza cuando el 37,2% de la población argentina, es decir, 17,4 millones de personas, vive por debajo del umbral de la pobreza. Una familia compuesta por dos adultos y dos niños necesita $104.217 ($695.402 CLP) para no ser pobre.

Aun cuando muchos argentinos aseguren estar acostumbrados a los altibajos de una economía propensa a las crisis, son innegables las consecuencias provocadas. En ese sentido, ante un escenario de altos precios y bajos sueldos, los ajustes salariales que van por debajo de la inflación dificultan llegar a fin de mes.

Aunque cada vez con más frecuencia se están realizando estas adecuaciones y así lo explicó el economista argentino Luis Godoy: “El 2020, en los trabajos formales, los sindicatos tenían un acuerdo de recomposición salarial una vez por año. Cuando la inflación comenzó a acelerarse, pasó a dos veces por año y hoy hay sindicatos que logran que cada cuatro o tres meses se vayan pautando nuevas recomposiciones”.

Un escenario distinto vive el sector informal, que alcanza casi el 50% de la población, ahí es “la ley de la selva”, según Godoy. “No hay quién regule ni revise, lo que es bastante complicado”.

Rosario Roland (26), es publicista de profesión y trabaja como Content Manager, es parte del 16% de los hogares que están compuestos por miembros que no tienen un vínculo familiar. En pocas palabras, vive con sus “roomies” en Buenos Aires. Para ella, “si la empresa es buena onda hace un reajuste cada 3 meses”. Y explicó que las finanzas de cada uno funcionan algo así: “El primer mes sí llegas hasta el final. El segundo mes no llegas a la última semana. Y el tercer mes -antes del reajuste- te dura hasta la segunda semana el salario”. ¿Ahorrar? “Imposible. Si ahorro $5.000, el próximo mes esos $5.000 valen $2.000. Hay que gastarlo”, indicó.

Por la otra vereda está Matías Seimandi (40), quien cumple con el promedio de hijos por grupo familiar en Argentina: dos. Tiene un emprendimiento de cervezas artesanales en Santa Fe, al noreste de Argentina, y fue claro en decir que “como pequeño empresario uno está pagando un sueldo que sabe que al empleado no le alcanza para nada, pero a su vez, a uno le cuesta pagar ese sueldo”.

“Y no es la típica visión del empleador malvado que busca pagar bajos sueldos para quedase con la ganancia. No. Simplemente no da. Las materias primas de la producción las estoy pagando casi al doble de lo que lo pagaba en julio del año pasado”, agregó.

En esa línea, el académico de nacionalidad argentina del Instituto de Economía de la Universidad Católica, David Kohn, dijo que “las empresas no pueden tener liquidez. Cuando tienen que decidir los precios a dos o tres meses, los suben precautoriamente, y eso retroalimenta la inflación”. “Por ejemplo, si produces zapatos, tienes que hacer la planificación, entonces suben los precios de más o no los venden hasta que saben qué va a pasar con los precios. En esa línea, dedican un montón de tiempo en la planificación financiera en vez de producir, que es lo que deberían hacer”, agregó Kohn.

“Está todo carísimo”

“Vas al verdulero y le dices al que te atiende ‘no puede ser que esté pagando $300 ($2.000 CLP) por un kilo de cebolla cuando hace dos meses valía $60 ($400 CLP). Ahí charlas con las otras personas y escuchas a todos diciendo ‘che está todo carísimo’. Para qué te digo cómo es cuando vas al supermercado”, contó Rosario.

Respecto a cómo se organizan las finanzas, el argentino promedio lo primero que hace es pagar los gastos fijos: arriendo, luz, agua y gas. Además de colegiaturas y servicios de conectividad. Otros tipos de gastos se manejan con tarjetas de crédito en la mayor cantidad de cuotas sin interés posible.

“Han subido los productos y también los servicios”, comentó Sandra Eluani (60). Ella vive en Mendoza, no trabaja y su familia la compone ella y su marido. Los primeros recortes que se hicieron en su casa fue la televisión por cable y la telefonía fija. Asimismo, contó que “es impresionante cómo todo lo que es lácteos, pastas, carnes y aceite ha subido”. “Antes yo hacía la compra mensual y de vez en cuando volvía si algo faltaba, pero ahora voy cada vez que encuentro ofertas y voy buscando precios. En el mismo supermercado conversamos entre todos de lo caro que están las cosas”, agregó Sandra.

Teléfono, wifi y televisión. Rosario empezó a pagar un plan que contenía esos tres servicios $1.500 ($10.000 CLP), luego de seis meses comentó que la cuenta subió hasta $8.000 ($53.381 CLP). Ahí cortó el servicio y buscó otro. Matías agregó que además de “lo caro que está todo, perdimos la referencia de los precios, uno va a comprar algo y ya no sabe cuánto sale, si te están cobrando caro o barato”.

El rol del dólar

La dificultad para encontrar dólares en el país trasandino es uno de los grandes dolores de cabeza de la ciudadanía y también del gobierno, quienes se convierten en verdaderos estrategas ante la coexistencia de diversos tipos de cambio y la serie de restricciones para acceder éstos.

El dólar “blue”, el oficial, el “Mep”, el “turista”, el “ahorra” y ahora el “soja”, son algunos de ellos. “Al argentino si le sobra un peso, compra dólares, para tener como resguardo”, indicó el economista Luis Godoy.

Asimismo, explicó que “el dólar es la reserva de valor de la Argentina, al no tener moneda, porque nuestro peso hoy es sólo una medida transaccional, no es reserva de valor”.

“Entonces, nuestra reserva de valor es el dólar. Fácil de conseguir, Argentina es uno de los países con mayor posesión de billetes físicos del mundo, fuera de Estados Unidos. Entonces , el dólar pasa a ser la medida de referencia”, concluyó.

Emol