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Mercado Hortofrutícola una deuda aún pendiente

Por Emilio Boccazzi Campos Lunes 3 de Octubre del 2022

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Emilio Boccazzi Campos
Arquitecto

Entre los años 2014 y 2015 el gobierno regional de Magallanes y Antártica Chilena, a instancias o requerimiento de la Municipalidad de Punta Arenas, en la administración que me tocó liderar, presentó la oportunidad de adquirir el antiguo y vistoso edificio de ladrillos, que durante muchos años había sido la sede de la distribuidora Adelco, en la esquina de calles Boliviana, 21 de Mayo y Costanera del Estrecho. Ubicación privilegiada, a metros del muelle Arturo Prat, a sólo cuatro cuadras de la Plaza Muñoz Gamero y colindante con el Mercado Municipal y con el Centro Artesanal Municipal.

Para ello, elaboramos un proyecto desde el ámbito municipal que incluía la compra del inmueble y el diseño de arquitectura y especialidades (que desarrolló vía licitación pública el destacado arquitecto local Néstor Vásquez Bahamonde). Se superaron y cumplieron con todas las exigencias y procedimientos que el mismo Estado se impone e impone. El objetivo era construir en Punta Arenas, un “Centro Comercializador Hortofrutícola”, que diese albergue y casa propia en la necesaria visibilización a los horticultores y horticultoras magallánicas, un lugar “permanente” de exhibición y venta de los cotizados productos de las mujeres y hombres que con sus manos laboriosas obtienen los productos hortícolas.

Una ciudad que se precie de tal, tiene que tener un Mercado de Abastos o Plaza de Abastos que no es otra cosa que “instalaciones cerradas y normalmente cubiertas, situadas en las ciudades donde diversos comerciantes suministran a los compradores todo tipo de perecederos como carnes, pescados, frutas y hortalizas”.

La importancia de la producción hortícola regional ha sido predicada y verbalizada por las distintas administraciones gubernamentales en los últimos 30 años, sin embargo del dicho al hecho, ha habido y sigue habiendo un abismo, que los productores regionales y particularmente de la capital regional, siguen llorando para consolidar o avanzar en la consolidación de su difícil y trabajosa actividad.

Muchos dirán que no somos capaces de autoabastecernos por nuestra marcada estacionalidad (invierno-verano) , pero debemos consensuar que en tiempos donde los conceptos de la generación de la huella de carbono, de la producción “limpia”, de la innegable calidad de la producción hortícola verde en Magallanes y la clara preferencia del consumidor local respecto de nuestros propios productos hace necesario materializar definitivamente este proyecto, que se tiene como pocas veces, en las manos del poder gubernamental de ministerios sectoriales incumbentes del Agro y del gobierno regional como propietario de este maravilloso inmueble.

Si agregamos que la Agricultura Familiar Campesina, ya sea en sus sembradíos de tubérculos (papas , zanahorias o nabos) o, de las maravillosas hortalizas regionales (lechugas regionales, acelgas, rabanitos, espinacas por nombrar sólo algunas de tantas otras) posee también un carácter cultural, es decir, es expresión de nuestro sencillo “hacer y producir”, se tiene que, este necesario Centro Comercializador Hortofrutícola es también una necesaria postal y muestra genuina de la muestra de lo que son capaces de hacer las manos laboriosas de horticultoras y horticultores regionales.

Este lugar que permanece abandonado en su propósito inicial para lo que fue adquirido y, sirve de estacionamiento de los vehículos del gobierno regional (para esto no se evaluó ni compró este edificio), debe ponerse prontamente en valor. Ha comenzado una nueva temporada o estación de siembras y esperable producción y cosecha. La actividad hortícola, de la producción de frutillas, berries, calafates, ruibarbos, los ahumados de los productos locales, los encurtidos, quesos regionales, hoy día esencialmente de Agua Fresca, deben y requieren tener un lugar permanente de exposición y venta para consolidar la actividad. Magallanes tuvo una economía de subsistencia durante gran parte del siglo pasado, cuando sus quintas y sus primeros invernaderos dieron de comer a sus habitantes. Las sencillas quintas en cada casa de Punta Arenas, Natales y Porvenir, junto a los Barrios Hortícolas principalmente en la capital regional y en la capital del turismo con los Huertos Familiares.

En tiempos de crisis, la Agricultura Familiar debe tener un reimpulso, con mayores créditos y subsidios de Indap, para aumentar los m2 de invernaderos, de mayor entrega de semillas de calidad en los largos estudios y experimentos que ha desarrollado el Inia con apoyo del gobierno regional, pero sin duda, el no utilizar un edificio por el que se pagó en su momento un poco más de 600 millones de pesos, de recursos regionales, que repito, sólo ha servido para que el gobierno regional tenga hoy día, un excelente estacionamiento techado, es un despropósito tan grande que sólo afecta a las manos trabajadoras que buscan sacar producto sano y local de nuestra generosa tierra. Ocho años ya, es mucho tiempo. Un desperdicio y una ineficiencia inexcusable.