Necrológicas

La historia de familia venezolana afectada por explosión de gas donde madre e hija resultaron quemadas

Domingo 16 de Julio del 2023

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Gusmarí del Carmen Oliveros de Mejías y su hija de apenas cuatro años, Fabiana Moreno Oliveros, ambas de nacionalidad venezolana, fueron noticia el pasado 7 de julio, al resultar víctimas de una explosión de gas en la casa que arrendaban.

Bomberos se trasladó ese día, a las 16,15 horas, hasta el interior de un terreno ubicado a un costado de la Ruta 9 Norte, altura del kilómetro 13, donde hay otras viviendas.

La violenta explosión por acumulación de gas dejó a ambas con quemaduras graves. La madre aún permanece internada en el Hospital Clínico de Magallanes. Mientras que la pequeña fue trasladada en avión ambulancia a Santiago, al Hospital Clínico de La Florida “Doctora Eloísa Díaz”, donde recibe los tratamientos médicos especializados. La acompañó en el vuelo su padre Gerardo Moreno, quien dijo a El Magallanes que gracias a Dios su hija está mucho mejor, pese a que tuvo quemaduras de segundo grado en un 40 por ciento del cuerpo.

Dos veces a la semana, martes y viernes, deben hacerle limpieza quirúrgica en pabellón.

“La cirujano plástico que la atiende me dijo que mi niña está sanando muy bien, incluido el rostro”, resaltó.

Lo que necesitan hacerle ahora son injertos de piel, pero las partes de donde podrían tomarse están afectadas por las quemaduras, tórax, espalda y brazos. “Porque sus piernitas son muy delgadas y la última opción que tienen sería el cráneo, pero eso lo dejan muy para el final”.

En la carita igual sufrió quemaduras, pero son de primer grado.

Sabe que tienen para rato. Cuando llegaron a la capital le dijeron que el proceso de recuperación podía extenderse por un mes a mes y medio. Pero después, cuando la pequeñita entró a quirófano, la doctora le dijo que son tres meses más a lo menos.

La esposa continúa internada en Punta Arenas. Ella se quemó el rostro, brazos, mano y pierna derecha. Del rostro está mejor, pero las quemaduras de las manos y brazos son más profundas, señaló el marido. 

Agradecimientos

Moreno aprovechó de agradecer y destacar todas las atenciones médicas, tanto en Punta Arenas como en Santiago. “No les doy un siete, sino que un ocho, porque realmente han sido muy amables y atentos con mi hija”.

No puede decir lo mismo de la distribuidora donde presta servicios a tiempo completo en Punta Arenas. “Me siento decepcionado con ellos porque no he tenido ningún apoyo, ni siquiera mensajes de aliento. Sólo me llamaron para preguntar cómo voy a justificar la inasistencia laboral. Tuve que decirles que si quieren que me despidan porque esto es para largo y no puedo dejar sola a mi hija en Santiago”.

Como dice que vino a trabajar muy duro a Chile, para juntar algo más de dinero los sábados y domingos presta servicios en Falabella.

“Ellos se han portado un diez. Me recolectaron dinero, ofrecieron ropa y enseres, pero, como no se quemaron, no se los acepté. Acá, en Santiago, ha venido hasta la gerente general de la firma a verme. Me llaman para ofrecer ayuda y lo que necesite. Y eso que tengo apenas un mes trabajando con ellos”.

Día del accidente

En la casa donde ocurrió el accidente vivía el matrimonio y dos hijos: la niña y uno de 18 años de edad.

Cuando ocurre el accidente Gerardo y el hijo mayor, Cristián, estaban trabajando.

“El día anterior le dije a los dueños de la casa que había una fuga de gas. Enviaron un gásfiter, que llegó ese viernes a las dos de la tarde. Revisó y no detectó nada. Dijo que estaba todo bien. Y como a las cuatro, mi esposa fue a bañar a la niña y dio el pase de gas al calefont, pero con el chispazo vino la explosión”, recordó.

De Maracaibo a Chile

En Chile llevan viviendo 8 años, siete en Santiago, pero la inseguridad que hay en las calles capitalinas los hizo buscar una ciudad más tranquila y pensaron en Punta Arenas.

“Salí yo primero a buscar trabajo, el 14 de noviembre, y como me gustó la ciudad luego se vino mi esposa, el 17 de marzo de este año”.

Gerardo es mecánico industrial de profesión y la esposa abogada, pero no puede ejercer en nuestro país hasta no revalidar estudios, que no son menos de 14 millones de pesos por dos años y medio de estudios.

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