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Mpox: ¿qué esperar?

Por Eduardo Pino Viernes 23 de Agosto del 2024

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La alerta sanitaria internacional decretada por la OMS acerca de la propagación del mpox (nueva denominación a la viruela del mono para evitar estigmatizaciones a las personas que la padecen), parece revivir fantasmas de un pasado reciente.

Si bien la enfermedad tuvo brotes de consideración en el 2022, los que pasaron inadvertidos para la mayoría del planeta, expertos argumentan que las condiciones resultan exponencialmente más riesgosas en la actualidad por varias razones: la cantidad de contagiados es mucho mayor (van más de 15.000 en este año), su propagación se ha diseminado rápidamente a lugares lejanos, la facilidad de contagio ha aumentado, los focos relevantes iniciados en la República Popular del Congo cuentan con recursos, medios de control y monitoreo muy precarios, entre otros factores. Por esto es que los investigadores han concluido que este fenómeno, que cada cierto tiempo vuelve a reactivarse con nuevos brotes, ahora debe considerarse un problema a nivel planetario para que las naciones, en caso de resultar necesario, tomen las correspondientes medidas preventivas y de intervención llegado el momento. 

Una vez más la información es clave para tomar decisiones por parte de las autoridades, pero además debe considerarse la recepción de la población general ante este tipo de situaciones, que desgraciadamente seguirán siendo parte de nuestras vidas cada cierto tiempo. Si bien la experiencia con el Covid dejó enseñanzas ante una pandemia inédita en nuestros tiempos, considerando especialmente a los profesionales sanitarios, parece que en la población general el efecto dista de una visión objetiva y analítica basada en cifras y estadísticas epidemiológicas, datos que la mayoría de personas no comprendemos en profundidad respecto a sus alcances y consecuencias. Pasado el Covid, se presenta una marcada evaluación de decepción e incredulidad ante los procesos de vacunación y especialmente un marcado rechazo a los encierros y restricciones que todos experimentamos. Cuando la emergencia fue bajando y los miedos se disipaban gradualmente, las ideas fueron cambiando respecto a los cuidados, el cansancio fue desgastando el acatamiento a las normas, cuestionando mucha gente si valió la pena haber obedecido protocolos que, más allá de lo efectivos, fueron cambiando su sentido desde la protección inicial que prometían, a una supuesta manipulación maquinada por poderes superiores planetarios (que hasta el día de hoy nadie ha explicado claramente). 

Quedarán muchas preguntas sin responder debido a que simplemente no sucedieron, lo que alimenta especulaciones de todo tipo. ¿Qué habría pasado si no se hubiesen decretado los encierros?, ¿cuáles serían las consecuencias si no se hubiese vacunado a la población?  Muchos de los que ayer valoraban y exigían estas medidas, hoy las reniegan y desconocen su eficiencia. Es como si la tranquilidad de nuestros días empoderara respuestas destinadas a negar la ansiedad que se experimentó en el pasado. Estos reacomodos cognitivos son muy comunes cuando se han vivenciado experiencias difíciles, e incluso traumáticas, pues vienen a reconsiderar limitaciones pretéritas para compensarlas en el presente con empoderamientos virtuales escasamente comprobables en la realidad, pero que bastan y sobran para autoconvencernos. Si este fenómeno, además, es reforzado por agentes sociales mediáticos que reafirmen colectivamente estas premisas, las nuevas creencias están listas para defenderse a ultranza, incluso presentando una alta inmunidad ante la evidencia y el sentido común en ocasiones. 

Sin lugar a dudas, el mundo presenta cada vez dinámicas globales más complejas, avaladas especialmente por una alta incredulidad y desconfianza ante las instituciones, lo que lleva a que las creencias de muchas personas no se basen en la evidencia, el conocimiento experto o los análisis científicos; ya que se alimentan de la emocionalidad, las modas ideológicas o cuanta teoría conspirativa se encuentra en internet, bastando un reel de 30 segundos para convencerse que se ha comprendido una realidad compleja y dinámicamente cambiante. 

Escuchar que desde periodistas y líderes opinión, hasta youtubers que sólo buscan likes desestiman por completo esta nueva alerta de pandemia, llamando a desobedecer cualquier medida de prevención porque ésta sería una alerta artificial para manipular a las personas, sin otro respaldo que metáforas que hablan de bozales y borregos; debe llevarnos a la calma, a informarnos de fuentes confiables y evaluar la evolución de los acontecimientos. Prestar atención no significa volver a experimentar miedo, si no caeríamos en la negación de la realidad para asimilar que la ignorancia es fenómeno de tranquilidad y felicidad.  Es poco factible que se repitan las mismas medidas de hace 4 años, pero el desafío para nuestras autoridades será persuadir a las personas que si llega el momento y se justifica adoptar medidas de prevención o cuidado, se cumpla con lo que nos debería beneficiar a todos. Como dicen los periodistas: “noticia en desarrollo”, y como diríamos los psicólogos: “cuidado con los sesgos y las explicaciones facilistas”.      

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