Un nuevo Cesfam para una comunidad que esperó demasiado
La culminación de las obras civiles del nuevo Cesfam 18 de Septiembre es, ciertamente, una buena noticia para los más de 18 mil usuarios que dependen de este centro de salud. Pero, a la vez y sobre todo, es la materialización de un anhelo que se extendió por más de dos décadas y que, durante demasiado tiempo, fue parte de la larga lista de proyectos postergados en Magallanes. Hoy, por fin, la comunidad puede ver que aquello que parecía lejano -y a ratos casi inalcanzable- comienza a convertirse en una realidad concreta.
El Cesfam original, levantado en 1996, no tardó en quedar desbordado. Lo que nació como una solución adecuada para su época terminó, con el crecimiento demográfico y las nuevas demandas sanitarias, convertido en un espacio insuficiente, incómodo y limitado para usuarios y funcionarios. Que una de las poblaciones más grandes de Punta Arenas dependiera de un recinto de apenas 900 metros cuadrados era un reflejo claro de cómo la infraestructura pública puede quedar atrás cuando no existe una planificación sistemática ni la decisión política sostenida para actualizarla.
Por eso el nuevo edificio -que supera los 3.300 metros cuadrados y duplica con holgura incluso al antiguo Hospital de Puerto Natales- simboliza mucho más que un mejor consultorio. Representa dignidad, equidad territorial y el compromiso del Estado con una atención primaria moderna, cercana y accesible, que ponga al usuario en el centro y reconozca el rol fundamental que cumplen los equipos de salud.
Durante la ceremonia, el Presidente Gabriel Boric subrayó un elemento clave: esta no es sólo una inversión en infraestructura, sino en capital humano. Que el nuevo Cesfam contemple 170 funcionarios -frente a los apenas 25 que tenía el consultorio más grande de la zona a fines de los 90- evidencia el salto cualitativo y cuantitativo que la salud pública está tomando en este territorio. Esto no sólo fortalece la red asistencial, sino que cambia la experiencia cotidiana de miles de usuarios que, por años, debieron adaptarse a la estrechez física y a la sobrecarga de servicios.
El testimonio de Magda Esbry, presidenta del Consejo de Desarrollo y profesional histórica del establecimiento, resume el sentir de la comunidad: este nuevo espacio no sólo es tres veces más grande, sino que permitirá brindar una atención de excelencia, acorde con lo que merecen los vecinos del sector. Sus palabras dan cuenta de la emoción acumulada tras tantos años de espera, gestiones, promesas y frustraciones.
El anuncio adicional -que la infraestructura modular utilizada durante la construcción será destinada a descongestionar el Cosam Miraflores y mejorar la atención de salud mental- muestra un enfoque inteligente de continuidad. Que un proyecto genere un beneficio secundario tan relevante es un ejemplo de cómo se puede avanzar estratégicamente en las necesidades más urgentes de la región, sin dejar cabos sueltos.
La apertura proyectada para marzo próximo debe convertirse en una fecha simbólica, es decir, en el cierre definitivo de un ciclo de espera injustificada. Porque si algo ha demostrado este proceso es que las obras públicas en salud no pueden depender del azar, de los cambios de administración o de la buena voluntad circunstancial. Deben responder a una visión sostenida de desarrollo, capaz de anticipar necesidades y garantizar estándares dignos para todas las comunidades.




