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Calor responsable para los días de Magallanes: el oficio silencioso de Francisco Muñoz y su apuesta por la leña seca

Domingo 28 de Diciembre del 2025

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  • El agricultor de Punta Arenas consolidó su emprendimiento gracias a la construcción de dos galpones de secado que le permiten
    ofrecer leña de calidad durante todo el año, manteniendo viva una actividad esencial para los sectores rurales de la región.

 

Desde la parte alta de la prolongación General del Canto, Punta Arenas se observa extendida hacia el estrecho como un manto de techos que desciende hacia el mar. Allí, en su parcela, Francisco Muñoz organiza con paciencia cada trozo de madera que llega desde los aserraderos. Entre el olor a lenga recién trabajada y el crujido de la maquinaria, el agricultor describe su oficio con la simpleza de quien lleva años aprendiendo del clima, del tiempo de secado y de la experiencia acumulada.

Francisco tiene 50 años y conoce la leña como un lenguaje propio. Sabe cuándo la madera aún guarda humedad, cuándo el invierno exigirá mayor stock y cuándo es necesario anticipar el trabajo para asegurar el abastecimiento de sus clientes. Hoy, su proceso productivo cambió radicalmente gracias a dos galpones de secado construidos con apoyo de Indap, a través del Programa de Desarrollo Local (Prodesal).

El primero fue levantado en 2020, mediante un incentivo de un millón de pesos que le permitió construir una estructura de 72 metros cuadrados, destinada exclusivamente al acopio y secado de leña. En 2025, un segundo aporte de dos millones hizo posible la construcción de un nuevo cobertizo de 44 metros cuadrados, reforzando su capacidad de almacenamiento y la continuidad del proceso durante todo el año.

En ambos galpones, la madera descansa protegida de la lluvia, la nieve y el viento hasta alcanzar el nivel adecuado de humedad. “La idea es entregar una leña limpia, que prenda bien y dure más”, explica mientras revisa los sacos listos para despacho. “Si no tuviera techo ni galpón, no podría vender en invierno ni asegurar stock. Gracias a esto puedo secar la leña con tiempo, embolsar y trabajar de forma ordenada”, comenta satisfecho.

Francisco es usuario del Prodesal Punta Arenas y se dedica principalmente a la producción de leña seca picada, aunque complementa su actividad con la venta de huevos y la elaboración de artesanías en madera. Empezó de manera modesta: cortaba la leña a mano y la repartía casa por casa. Luego pasó a abastecer pequeños negocios y ferreterías, hasta llegar hoy a clientes de mayor escala. Sus sacos de 25 y 50 kilos se almacenan en hileras prolijas, señal de un oficio aprendido paso a paso.

Para él, la leña sigue siendo parte de la cultura del sur. “En Magallanes todavía hay muchas familias que se calefaccionan con leña. Por eso hay que trabajarla bien, para que no genere humo y rinda más. A mí me gusta hacer las cosas con responsabilidad”, afirma.

Durante una visita a su predio, el director regional de Indap, Gabriel Zegers Müller, valoró la dedicación y el impacto productivo del emprendimiento. “Don Francisco trabaja con madera certificada bajo plan de manejo forestal y ha logrado fortalecer su proceso mediante infraestructura adecuada de secado. Su trabajo cumple un rol social y productivo muy relevante para las familias rurales de la región”, destacó.

Zegers explicó que este año Indap aumentó en 30% la cobertura del programa de inversiones de Prodesal en Magallanes, pasando en Punta Arenas de 11 a 25 usuarios cofinanciados, con una inversión cercana a los 50 millones de pesos. A nivel regional, los recursos destinados a riego, maquinaria e infraestructura productiva superaron los 620 millones de pesos, en comparación con 2022, junto con los programas de asesoría y crédito.

“Este esfuerzo refleja el compromiso del gobierno del Presidente Gabriel Boric y el trabajo conjunto con las y los dirigentes campesinos, orientado a fortalecer la seguridad alimentaria y apoyar a quienes sostienen actividades productivas históricas en nuestros territorios rurales”, señaló.

Mientras recorre su patio y ordena los últimos sacos, Francisco observa el horizonte de la ciudad que se extiende bajo su predio. Entre el viento frío y el sonido del hacha, su trabajo resume una idea sencilla: cada trozo de madera que guarda en sus galpones será, en invierno, el calor de otro hogar.

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