La mente táctica detrás de la obtención del campeonato nacional del Club Deportivo Punta Arenas Futsal
Su vínculo con el fútbol comenzó temprano. Nicolás Gallardo Mancilla a los 16 años tomó una decisión trascendental: dejar Punta Arenas y viajar a Santiago para probar suerte en el fútbol profesional. Fue así como llegó a Audax Italiano, donde permaneció tres años formándose como jugador. Más tarde, el futsal se cruzó en su carrera casi de manera natural. Participó en un campeonato, llamó la atención y recibió el llamado a la Selección Chilena de Futsal, con la que jugó durante dos años en distintos torneos internacionales, incluidos campeonatos de clubes y eliminatorias.
A los 21 años decidió volver a Punta Arenas. El futsal aún no era profesional y necesitaba proyectar su vida más allá de la cancha. Retornó para estudiar, trabajar y seguir vinculado al deporte desde otra vereda. Continuó jugando fútbol y futsal hasta que, hace tres años, nació el Club Punta Arenas Futsal, proyecto que hoy lidera y que acaba de coronarse campeón de Chile tras un intenso proceso.
El reciente título no fue una sorpresa para él, sino la consecuencia lógica de años de esfuerzo colectivo. “Es fruto del trabajo realizado con los chicos durante todo el año. Cuando se trabaja bien, y con seriedad, se logran cosas”, resume.
“Para el 2026 las oportunidades que se abren son gigantes”, afirma. Mejor acceso a gimnasios, más horas de entrenamiento, apoyo institucional y financiamiento para pasajes son parte de los desafíos que espera abordar.
Su llegada al banco de DT no fue planificada. Inicialmente asumió como director deportivo, pero una serie de circunstancias lo llevaron a tomar la dirección técnica justo cuando el equipo clasificaba a la liguilla. Desde ahí, el desafío fue total: entrenamientos exigentes, viajes todos los fines de semana y un plantel compuesto, en su mayoría, por jugadores que trabajan y estudian. “El futsal tiene muchos detalles: táctica, preparación física, jugadas preparadas. Pero por sobre todo, requiere dedicación”, explica.
Además de entrenar y dirigir, trabaja como asesor de salud en Fonasa, compatibilizando jornadas laborales con entrenamientos que muchas veces terminan cerca de la medianoche. Vive con su pareja, con quien conversó desde el inicio lo que implicaría asumir la dirección técnica: menos tiempo en casa, fines de semana fuera y una agenda exigente. “Todo fue conversado desde el principio”, asegura.




