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Hacia una Ruta patrimonial del barrio Prat

Domingo 24 de Mayo del 2026

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En los primeros días del gobierno del Presidente Ricardo Lagos Escobar se decidió trasladar la celebración del día del Patrimonio Cultural, iniciada de modo experimental el 17 de abril de 1999 al último domingo de mayo de cada año. Así ocurrió desde 2000 hasta 2019 en que a lo largo de todo el país se abrieron al público los principales lugares y edificios de interés histórico. La pandemia del Covid-19 obligó a suspender las actividades presenciales por dos años. En su remplazo se efectuaron diversos programas virtuales. En 2022 la administración del Presidente Gabriel Boric Font amplió los festejos al día sábado, de modo que desde esa fecha se conmemora el llamado Día de los Patrimonios, el último fin de semana de mayo.

En Magallanes, el interés de la ciudadanía por recorrer los  inmuebles del centro de la ciudad y otros sitios de interés en Punta Arenas ha ido en aumento en el último tiempo; lo mismo se observa en Puerto Natales, Porvenir, Puerto Williams y en las comunas rurales. Poco a poco la concepción de Patrimonio Cultural ha incorporado el valor de lo inmaterial; a fin de cuentas todo no puede estar reducido a edificios, estatuas o monumentos.

En semblanzas anteriores hemos destacado algunas iniciativas que buscan extender la noción de Patrimonio Cultural a ciertos barrios de la ciudad; al respecto, se han realizado varios proyectos de rescate en algunos sectores de Punta Arenas como en Río de la Mano, Cerro de la Cruz, Playa Norte o Fitz Roy. Es de público conocimiento la inyección de recursos que el Estado le ha entregado en los últimos diez años al barrio 18 de septiembre.

En nuestra opinión, algunas medidas de este tipo podrían ampliarse al barrio Arturo Prat. Con más de un siglo de existencia, cuenta además, con un historial significativo de instituciones y personajes que bien valen la pena indagar y recuperar. Ya se han dado pasos importantes, algunos materializados por los mismos vecinos como por ejemplo, cuando lograron en 2002 concitar el apoyo y la voluntad política para realizar una especie de homenaje a las Glorias Navales con la realización de un desfile cívico en la Plaza Esmeralda con participación de todas las agrupaciones culturales y sociales relacionadas con el barrio Prat ante la presencia de pobladores, autoridades civiles, eclesiásticas y militares especialmente invitadas para la ocasión, celebración que culmina con un cóctel en la sede vecinal N°10 donde se puede degustar un vino de honor y comer ricas empanadas. Como sabemos, esta actividad cumplirá el próximo año su aniversario 25 y ya los vecinos esperan darle un sentido especial al evento, considerando de que, se trata de un hecho inédito en Chile, en que un barrio entero rinde honores a la gesta del 21 de mayo de 1879 y a la Armada Nacional.

El valor de lo inmaterial

Cuando estábamos en plena época de la pandemia del Covid-19, Marino Muñoz Agüero publicó en su tradicional columna dominical “Lecturas de la pampa y el viento” de El Magallanes, una saga de siete breves crónicas entre el 23 de mayo y el 4 de julio de 2021, sobre personajes y sitios del barrio Prat. El mérito de esta selección radica en que el autor recupera los nombres de espacios y lugares; oficios de hombres y mujeres que conformaron un referente importante para quienes les conocieron.

Después se han producido tres trabajos de investigación apoyados por el Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio de la Región de Magallanes y Antártica Chilena, el primero de ellos producido por quien escribe estas líneas entre 2023 y 2024 y los dos restantes realizados en 2025 por un grupo de creadores y gestores culturales encabezados por la periodista Isabel Peña Norambuena.

Mientras el primer trabajo fija los lineamientos históricos e identifica los principales sitios de interés del barrio Prat, las otras realizaciones se encargan de efectuar entrevistas en profundidad a los actores sociales que corporizan a las instituciones descritas en el texto inicial.

El tren de la Mina Loreto

La historia de los barrios con sus singularidades, hace posible la vinculación entre distintos aspectos culturales que muchas veces, pareciera que no tienen ninguna conexión.

Los inicios del futuro barrio Prat se hallan relacionados con la locomotora Punta Arenas que en las primeras décadas del siglo XX hacía el recorrido de nueve kilómetros desde la playa hasta la mina de carbón ubicada al poniente de la ciudad. El recorrido incluía el trayecto por Avenida Colón atravesando las calles Quillota, Jorge Montt, O’Higgins, Lautaro Navarro, Magallanes, Bories, Chiloé, Talca (Armando Sanhueza). El tren continuaba por Avenida República, en ese entonces flanqueada de frondosos árboles, hasta empalmar con la boca sur del viejo puente Zenteno, hacia la mina Loreto. Recordemos, que por lo menos hasta 1956 cuando el Presidente Ibáñez decidió su canalización definitiva, el río de las Minas ingresaba por el sector alto a la ciudad y antes de llegar a la altura de Avenida España se bifurcaba hacia el norte. Las aguas aparecían por detrás de la iglesia Don Bosco donde conectaba con calle Chiloé hasta que llegaba al centro y de ahí el cauce del río se dirigía al sector bajo de Punta Arenas -el barrio Yugoslavo- , desembocando en aguas del Estrecho.

El antiguo vecino, peluquero, dirigente deportivo y social Abel Vargas, nacido en 1916 quien llegó a vivir con su familia al sector en 1922, recordaba que el barrio Prat estaba constituido sólo por la cuadra de calle Zenteno hasta Riquelme, y desde Rómulo Correa hasta General del Canto. De ahí hacia el cerro sólo había unas cuantas casas. 

En otro testimonio de Abel Vargas recogido en el texto “Vivencias del barrio Jorge Cvitanic” (1955-2015) rememoraba sus experiencia con el tren de la mina Loreto, que, en ocasiones, se dirigía al norte de Punta Arenas. “El tren bajaba por la calle Manuel Aguilar, daba la vuelta en lo que hoy es la calle Sargento Aldea, pasaba por un cerro que ya no existe, el Cerro de los Ladrones, seguía por Rómulo Correa, hacía una vuelta por arriba, por donde estaba el frigorífico Hoeneisen, donde se carneaba. Cuántas veces viajé en el tren, porque mis dos hermanos mayores trabajaban en la mina, yo subía en la mañana junto con ellos, me bajaba antes de llegar a la mina, ellos se iban a trabajar y yo partía al monte a las frutillas, y en esos años yo tenía 13, 14 años”.

Una de las estaciones se encontraba en calle Sargento Aldea con pasaje Arica. Allí estaba situada una casa administración en un sitio que abarcaba varias manzanas. Todavía se halla en pie una construcción en calle Cirujano Guzmán que atestigua la presencia del tren de la mina Loreto en el barrio Prat. Hace unos años, Santiago Díaz, uno de los moradores que vivía cerca del lugar, rememoraba esa época para un proyecto del programa ‘Quiero mi barrio’ de la siguiente manera:

“La línea del tren cruzaba toda la ciudad. Me acuerdo que los mineros usaban zapatos con una especie de estoperoles, similar a los que ocupan los futbolistas. En la década del treinta, un tractor pequeño movido a vapor recorría la ciudad y entregaba carbón por las casas. No era como ahora, todas estaban más separadas. Me acuerdo también que habían carros tirados por caballos, los que se ubicaban cerca del muelle, ahí tenían su bebedero y pasto. En los periodos de escasez que eran muy comunes, sobre todo en invierno, Carabineros regulaba el control del carbón y la preferencia la tenía la usina eléctrica porque entregaba luz al alumbrado eléctrico y a las casas de Punta Arenas. El carbón que se usaba para la electricidad era del tipo carboncillo”.

El auge de la industria carbonífera regional lo demuestra la producción de más sesenta y cuatro mil toneladas registradas en 1938, cifra detallada en la página 1001 del volumen II de “Historia de la Región Magallánica” de nuestro Premio Nacional de Historia Mateo Martinic Beros. En la mina trabajaron en la década del 30 alrededor de ciento cincuenta obreros, incluyendo personal que laboraba en el ferrocarril y en los depósitos.

La incidencia de esta máquina en el ámbito sociocultural y en el legado patrimonial inmaterial de Punta Arenas es evidente. En los años sesenta, el profesor de castellano Julio Ramírez Fernández recordaba en una semblanza publicada en sus columnas habituales de La Prensa Austral, que ya en 1916 la Sociedad Menéndez Behety había fundado una pequeña escuela para la atención de los hijos de los trabajadores de la Mina Loreto con una matrícula que nunca bajaba de veinticinco alumnos. A su vez, el 16 de enero de 1932 se organizaba la sección femenina de Socorros Mutuos del Club Deportivo del Ferrocarril Loreto, con Palmira de Naranjo y Olga de Velásquez como directoras y Graciela Garay como secretaria de actas.

Resulta paradójico que las huellas del tren hayan servido para fijar la canalización del río de las Minas entre el puente Zenteno y calle Magallanes. No es una insensatez pensar que, a mediano plazo, se podría generar en una alianza público-privado un plan turístico y cultural para recuperar la idea del Tren de la mina Loreto trasladando a los visitantes desde la costanera del Estrecho, pasando por el centro hacia el barrio Prat para que conozcan otros aspectos de Punta Arenas. Pensemos que en este lugar se encuentran varias instituciones y emprendimientos señeros en la región que bien vale la pena redescubrir.

Un símbolo de la época también lo fue la icónica planta Cervecería Polar (hoy conocida como Cervecería Austral), fundada en 1896 por el maestro cervecero alemán José Fischer. Si bien la industria se emplazó al otro lado del cauce de río de las Minas, históricamente se identificó con el barrio, desde su ubicación de calle Zenteno y República, por su sirena emblemática, cuyo sonido marcaba el inicio y el fin de las faenas diarias de los trabajadores, integrándose por décadas como un reloj comunitario para todo el barrio. A lo anterior se sumaba su característico olor a cebada y malta, cuyos intensos vapores que escapaban de las torres de maceración y cocción, dejaron una huella imborrable en la memoria olfativa y social de sus vecinos.

Instituciones y personajes

Para comenzar, en torno al barrio se hallan las dos poblaciones más antiguas construidas en Punta Arenas: en el cuadrante Ancud-Angamos-Señoret-Condell todavía encontramos algunos vestigios de la población Magallanes inaugurada para las fiestas patrias de 1928. Por Zenteno, entre pasaje Brito y Rómulo Correa tenemos la población Obrera construida por la Caja de Habitación Popular en tiempos del gobierno de Pedro Aguirre Cerda, la que fue entregada a la comunidad el 1 de mayo de 1941.

En calle General del Canto 156 estaba ubicada la Sociedad de Socorros Mutuos de Ambos Sexos Arturo Prat, fundada a principios de la década del treinta, en cuyas dependencias los vecinos, por medio de asambleas y reuniones, originaron otras agrupaciones que dieron vida al sector. Fue una de las primeras organizaciones de su tipo en Chile que incorporaron mujeres en su funcionamiento. De aquí salió el grupo de adolescentes que fundó, el 19 enero de 1931 en calle Serrano N°74, el Club de Fútbol Deportivo Prat ganador de la llamada Liga de fútbol local, Cristo Obrero, del campeonato de ascenso y de la primera división de la Asociación Punta Arenas hasta transformarse en uno de los equipos más laureados del balompié magallánico, con sus ocho títulos de campeón regional.

El barrio puede ufanarse por haber tenido uno de los primeros cine-teatro en la entonces periferia de la ciudad. Inaugurado el 29 de octubre de 1937 con el estreno de la cinta mejicana “La Dolorosa”, el Teatro Prat fue uno de los grandes proyectos de Romeo Mattioni. Con un aforo de 522 asientos, en su escenario debutó el trío musical “Los hermanos Barrientos” en 1939. En este recinto comenzaron sus campañas políticas, la profesora Felicia Barría Vera, primera alcaldesa elegida en la historia de Magallanes en 1950, el obrero de la construcción electo diputado, Alfredo Hernández Barrientos y el estibador, elegido regidor, Ernesto Guajardo Gómez, ambos en 1953. (Guajardo fue después alcalde en 1961 y diputado en 1965).

Sin embargo, los continuos incendios que afectaban al barrio Prat y la demora de Bomberos en llegar a controlar el fuego, llevó a que los vecinos encabezados por el futuro alcalde e intendente Cecil Rasmussen Bishop fundaran la VII Compañía de Bomberos el 28 de septiembre de 1950 y adquirieran el antiguo teatro para convertirlo en cuartel general, iniciativa materializada en el invierno de 1953. El 21 de mayo de ese mismo año, la Municipalidad hizo entrega a la comunidad de la Plaza Esmeralda, la más grande de Punta Arenas.

La venida de Pedro Aguirre Cerda tuvo varias repercusiones en el barrio. Donde hoy funciona el Centro de Capacitación Laboral en calle Zenteno existió durante décadas, la Escuela taller N°26 donde jóvenes estudiantes fabricaban juguetes como caballos de madera, lustrines, tableros de ajedrez y trineos, los que podían adquirirse en las tiendas comerciales del centro. También por Zenteno entre calles Angamos y Víctor Fernández Villa, la Sociedad Constructora de Establecimientos Educacionales levantó el Grupo Escolar Arturo Prat, el primero de su tipo en todo Magallanes, que contenía a las escuelas N°3 de niñas y N°15 de niños.

La Municipalidad entregó un sitio eriazo en calle Angamos para que se construyera la sede regional de la Universidad Técnica del Estado. El nuevo edificio fue inaugurado el 26 de abril de 1968 en solemne ceremonia que contó con la presencia del presidente de la República, Eduardo Frei Montalva, ministros de Estado, y numerosas autoridades académicas.

Después de la visita efectuada a la región por el sacerdote jesuita Alberto Hurtado Cruchaga, el vecindario erigió la parroquia Cristo Obrero para preparar el IX Congreso Eucarístico Nacional de Magallanes en 1945. En sus patios se jugaba la liga de fútbol del barrio, mientras en las inmediaciones, con un proyecto presentado por el diputado Juan Efraín Ojeda se construía y estrenaba en marzo de 1953 el Hospital Regional Lautaro Navarro.

Empresas y
negocios de antaño

En el barrio Prat surgieron varios emprendimientos que destacaron por su originalidad, ofreciendo productos difíciles de hallar en locales del centro de Punta Arenas.

En General del Canto N°29 se encontraba la imprenta Rasmussen fundada a mediados de los años 30. En sus talleres se editaron libros y revistas regionales de indudable valor patrimonial, mucho antes que la empresa se trasladara a la Zona Franca.

Por General del Canto se hallaba la barraca de Alberto Estefó con su fábrica de maderas, puertas y ventanas; bloques, tubos y soleras. Inaugurada en 1961 fueron famosos sus muebles de madera cristalizada. A un costado, se encontraba la confitería “Betín”, una microempresa de Estefó que vendía golosinas y chocolates importados y dulces elaborados en su pequeña industria de caramelos.

En el pasaje Iquique se ubicaba la metalúrgica HEMA creada en 1964 por José Hechenleitner Vera, donde se laboraban todo tipo de muebles y artefactos para el hogar.

En el sector surgieron también, los primeros carroceros de Punta Arenas, varios de ellos propietarios de las primeras liebres y micros de la locomoción colectiva de la ciudad; entre los que encontramos a los señores Díaz, con las máquinas Tiki I y Tiki II; Marín, con La Popular y Surtidor. En 1947 estrenaron un servicio urbano de locomoción colectiva.

Muchos de los obreros y carroceros que vivían en el barrio Prat trabajaron en la metalúrgica de Roberto Neracher, quien instaló una herrería llamada La Suiza, cerca de la maestranza de la Armada en 1927. Posteriormente, La Suiza se adjudicó varios contratos para proveer de vehículos a algunas instituciones. De esta manera, se construyeron sobre viejos chasis en desuso, las carrocerías para un bus de la Fuerza Aérea en 1936; dos góndolas para las empresas La Unión y Santucci en 1940; otras dos para Riera y Cía, en 1942; una para la firma La Cita de Natales en 1944 y una góndola turística para la Región de Aysén en 1946.

La metalúrgica de Neracher funcionó durante muchos años en calle Chiloé esquina Ignacio Carrera Pinto. Como mínimo, debiera existir una placa recordatoria por su aporte en el desarrollo industrial de Magallanes.   

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