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A madre de joven fallecida en protesta por el alza del gas ya no le interesa perdón del automovilista

Procedimiento se extenderá por cinco días y consulta la participación de 37 testigos y 11 peritos.

Por La Prensa Austral martes 22 de noviembre del 2011

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Una serie de sentimientos que se encontraban dormidos volvieron a atormentar ayer a los familiares de Claudia Castillo Campos y Melissa Silva Ruiz, al iniciarse a las 8,30 horas el juicio oral contra Jaime Sotomayor Sotomayor, imputado como autor del delito de manejo en estado de ebriedad con resultado de muerte de las dos jóvenes, ocurrido la noche del 11 de enero de 2011.

El vehículo que conducía en aquella fecha este marino mercante, de 45 años, sobrepasó una barricada entre las calles Videla y Rómulo Correa, en el marco del paro convocado por el alza del gas. Su móvil atropelló a Claudia, de 19 años, y a Melissa, de 23, las cuales fallecerían minutos más tarde, y dejó además con quemaduras graves a Sofía Contreras, de 2 años, y con lesiones leves a otras cinco personas.

Ante el Tribunal de Juicio Oral en lo Penal de Punta Arenas compareció ayer el acusado, quien se reservó el derecho a guardar silencio, en esta primera jornada. Esta se inició con los alegatos de apertura, en que cada una de las partes dio a conocer los énfasis de sus argumentaciones.

Dentro de los primeros testimonios de este juicio de cinco días, en que figuran 37 testigos y 11 peritos, compareció la madre de Claudia Castillo, Eliana Campos. Ella expresó que ha sufrido mucho por la pérdida irreparable de su hija, “no sé si me voy a recuperar o no”. Confesó que incluso “me hago la fuerte pero no estoy bien”.

Asimismo, lamentó que el imputado nunca se acercara a pedirles disculpas, ni perdón: “no tiene ningún sentimiento de nada este hombre, no está arrepentido de lo que ha hecho”.

Junto a la impotencia que siente, le señalaría luego a los medios que se conformaría con que le dieran varios años de cárcel. En tanto, no le interesa ya el perdón del causante, “porque no me van a remediar nada de lo que perdí”.

Para Luz Castillo, madre de la pequeña Sofía Contreras y hermana de Claudia, fue difícil recordar lo que vivió su hija ese día, pese a que hoy está mejor y lleva su vida normal. La única excepción es cuando “se ve las piernas y dice que se quemó las piernas, siempre se recuerda de ello”.

Instó a “que se haga justicia, que tenga que pagar lo que tenga que pagar”.

Intervinientes

Por la parte querellante, el fiscal jefe de Punta Arenas, Felipe Aguirre, remarcó el carácter culposo del imputado, quien se dio a la fuga “porque él sabía que tenía que escapar”. Ello, en base a un anterior caso de manejo en estado de ebriedad causando daños, que protagonizó en 2004.

En este atropello fatal, señaló que al chofer se le cayó la moldura plástica en el lugar, y a través de un llamado anónimo la policía ubicó el auto en un domicilio del pasaje Los Pioneros en el barrio Prat.

Añadió que Sotomayor incurrió en un desacato, ya que tenía prohibición de acercarse a ese domicilio.

Además hicieron su alegación la abogada querellante Martina Pradenas, quien enfatizó en las quemaduras graves que sufrió Sofía Contreras, de 2 años, y en la cantidad de lesionados; y el querellante privado Juan José Arcos (ver nota aparte), quien indicó que la causa basal, el acto inmediato y directo que provoca la muerte es una conducción improcedente, por lo que debe aplicársele la máxima pena.

En tanto, el defensor público licitado Ramón Bórquez, centró su argumentación en que Sotomayor aquel 11 de enero venía de haber cumplido su rol de trabajo en el crucero Vía Australis. Señaló que éste, en base a lo acordado con su esposa, se fue a la casa de ella para quedarse a cargo de su hijo en común de 5 años y a su suegra enferma mientras la jefa de hogar viajaba a Santiago a cumplir trámites familiares para matricular a su hijo universitario.

Añadió que nunca se imaginó, al salir a comprar cigarrillos esa noche, que se encontraría en medio de una barricada, y que habría escapado en su vehículo para protegerse de una situación riesgosa. Por otro lado, antes sólo había tomado media cerveza.

Bórquez se preguntó además qué hacía una niña de dos años a escasos metros de una barricada. Por ende, solicitó que se absuelva a su cliente de los cargos.