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Aumentan los indigentes que se instalan a dormir en las calles con colchones

“¿Bueno, y qué quiere que hagamos… no tenemos dónde más?”. Pedro termina de acomodarse. Pese a la lluvia dice que el clima los ha favorecido durante las últimas semanas, salvo por el viento del pasado 28 de diciembre.
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Por La Prensa Austral miércoles 11 de enero del 2012

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“¿Bueno, y qué quiere que hagamos… no tenemos dónde más?”. Pedro termina de acomodarse. Pese a la lluvia dice que el clima los ha favorecido durante las últimas semanas, salvo por el viento del pasado 28 de diciembre.

Así como él y un grupo de “compañeros” (así les llama), son el fiel reflejo de lo que se conoce como “personas en situación de calle”.

Su presencia durante la última década ha estado marcada por el aumento y aparejada del incremento de perros vagos, de la ingesta de alcohol y de un clima de inseguridad que no ha dejado indiferente a los vecinos del área céntrica.

La situación se acentuó luego de llegar a su fin el programa de albergue del Hogar de Cristo.

De acuerdo al catastro del Ministerio de Planificación, se estima que en Magallanes existen 181 personas que viven a la intemperie (nueve son mujeres). Y si esta cifra no sorprende, sí estremece el saber que hay 23 niños y adolescentes bajo la misma condición.
Las esquinas de Errázuriz con Armando Sanhueza, Balmaceda con Lautaro Navarro, Avenida Colón con Chiloé, Avenida Independencia con 21 de Mayo o en las afueras del Hogar de Cristo surgen como puntos de encuentro diario para estas personas. Incluso más allá, también han hecho de estos sitios un lugar para pernoctar.

Colchones, cartones y cualquier elemento sirve para proteger el físico. De no ser habidos, el pasto también resulta útil.
Es Miguel, quien sobre un cartón intenta conciliar el sueño cerca de las 10,30 de la mañana en el bandejón central de Avenida Colón, a pasos de Armando Sanhueza. Cuenta que la noche anterior la lluvia le impidió un buen dormir, “y cuando eso pasa lo único que se puede hacer es subir a un árbol o ir para allá”, dice indicando la casona que se levanta en Avenida República (costado norte del puente).

Aunque dice que no estuvo el día que el viento alcanzó los 137 km/h, cuenta que muchos de sus compañeros se encontraban al interior de la construcción. “Dios hizo que nadie resultara herido”, señala. Maderas y latas se desprendieron, reduciendo aún más lo que queda de la estructura.

Mientras Miguel cuenta parte de su vida, “llegué a trabajar a la construcción. Terminé las faenas y quedé tirado”, a escasos metros otra persona duerme sobre el pasto. En el mismo bandejón, pero cerca de Avenida España, tres personas parecen discutir en torno a una caja de vino. Son observados por turistas.

Escenas similares se viven a diario en Avenida Independencia. Cerca de las 13 horas, a un costado del monumento a Bernardo O’Higgins diariamente es posible ver a un grupo provisto de colchones. Han hecho del lugar su casa, una verdadera “toma” que, incluso, es captada recurrentemente por las cámaras de los turistas.

Tras la salida de estas personas desde Chiloé con Errázuriz (por insistencia de los propios vecinos), el traslado ha sido, justamente, a Avenida Independencia.

En el bandejón, a la altura de Chiloé, también descansa otro grupo; mientras tanto, no menos de seis personas se reúne para beber en Armando Sanhueza.

Necesidad de apoyo

El ex jefe de la XII Zona de Carabineros, general (r) Cristián Llévenes planteó muchas veces en la necesidad de ayudar a la reinserción de estas personas. Incluso su institución apoyó durante los últimos años con onces, baños y salidas recreativas. Su posición fue clara en el sentido de que nada se gana con detenerlos por estado de ebriedad, porque sería una tarea diaria y que en nada aportaría a la búsqueda de soluciones.

Por su parte, el obispo Bernardo Bastres ha insistido una y otra vez en la necesidad de coordinar ayuda. “Pero el problema no es sólo darle un alojamiento en la noche, comida o almuerzo, tenemos que tratar de sacarlos de la situación de calle, hacerles un tratamiento contra el alcoholismo y tratar de reubicarlos de nuevo en la familia”.

Para el concejal José Aguilante la situación debe enfrentarse de manera directa, dejando de lado los esfuerzos que se hacen por separado. “Aquí ha faltado una adecuada coordinación del municipio, gobierno y de la Iglesia, que ha demostrado una preocupación constante por el tema”.

Agrega que las reuniones sostenidas no han arrojado resultados positivos, perdiéndose de vista el objetivo final “que es brindar oportunidades laborales, tratamiento de salud, rehabilitación reinserción y reencuentro”.