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Dos puntos aparecen como posibles focos de hacinamiento en calle Armando Sanhueza

Vecino señala que la cuadra entre Boliviana e Independencia “es peor que la Errázuriz”.

Por La Prensa Austral lunes 7 de noviembre del 2011

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“Pusimos los antecedentes en manos de los organismos correspondientes, de tal manera que se compruebe la veracidad de lo denunciado, se fiscalice y se adopten las medidas correspondientes”.

Así lo señalaba la tarde del jueves el concejal José Aguilante, refiriéndose a la denuncia de vecinos respecto a la existencia de un “cité” destinado a albergar a ciudadanas extranjeras dedicadas al comercio sexual.

Sin tener conocimiento exacto del lugar donde se levantaría la construcción, el propio edil se desplazó pasadas las 19 horas hasta el lugar donde –de acuerdo a testigos- se encontraría el conjunto habitacional. Luego de requerir información puerta a puerta, los antecedentes fueron coincidentes respecto al movimiento incesante y nocturno de mujeres, visitantes y personas en situación de calle.

Se señaló como área en conflicto la calle Armando Sanhueza entre Boliviana y Avenida Independencia.

“Si usted pudiera mirar a través de ese muro vería un patio amplio donde se levantan más de 10 departamentos.
Tenemos entendido que allí viven mujeres extranjeras y que pagan 150 mil pesos de arriendo”, señala una vecina indicando el lado poniente de la cuadra a escasos metros de Boliviana.

Al requerir mayor información, se señala que el local nocturno que se emplaza en el sector nada tiene que ver con el mencionado “cité” y que las mujeres que allí viven no corresponden a quienes laboran en el establecimiento. De hecho, los ex propietarios también habían puesto la voz de alerta en cuanto a la proliferación de albergues y clandestinos.

En su recorrido, el concejal recibe información por parte de un comerciante del mismo sector. Sus antecedentes suenan reveladores. Explica que para llegar al mencionado conjunto habitacional se debe ingresar por una propiedad exterior que se ubica por el poniente a escasos metros de Independencia. Luego de traspasar un cerco de fierro se camina por un patio y se llega hasta una puerta de madera. Tras ella se encuentra el terreno donde -asegura- se levantan alrededor de 12 departamentos.

Desde su vivienda dice tener una visión privilegiada, apoyada por las dificultades para dormir que le provoca el incesante movimiento exterior de noche y madrugada.

Relata que en la misma cuadra existe una casa destinada a pensión, donde también se alberga a mujeres y que en frente existe otro conjunto habitacional, al interior de una propiedad y al cual también se accede por una puerta lateral.

El vecino señala que el movimiento nocturno se ve acrecentado por la presencia de un otrora bar convertido en clandestino, un negocio de expendio de alcoholes y de un pub que se ubica en la esquina de calle Boliviana.

“Esta cuadra está tomada y hace parecer a la Errázuriz como un niño de pecho”, manifiesta el comerciante como corolario.

Más tarde es un chofer de taxi colectivo quien se da el tiempo para dialogar. “Yo circulo diariamente por acá en horas de la noche. Como a las 9, las mujeres comienzan a salir de casas de esta cuadra y se dirigen a sus locales nocturnos”.

El conductor está en lo cierto. A la hora señalada se registra el movimiento tal y cual lo aseguró. Mujeres en el lado poniente de la cuadra y personas en situación de calle bebiendo en el lado oriente.

Cerca de la medianoche, Carabineros llega al sector. También lo hace la PDI. No hay más antecedentes. Se indica que andan requiriendo información sobre determinadas personas.

Continúa la búsqueda

El viernes, a las 15 horas, el recorrido por el sector se repite. Esta vez la requerida es Felisa Pérez Olavarría, presidenta de la junta de vecinos Nº30 José Miguel Carrera. La dirigenta dice que desde hace años la vida en el sector se ha tornado complicada por la vida nocturna y la falta de seguridad.

Señala que primero fue la instalación de un pub frente a su vivienda, en Boliviana con Armando Sanhueza. El caso desencadenó un conflicto entre el propietario y la unidad vecinal, el que terminó en la justicia.

Aquello, asegura, hoy parece mínimo con la actual realidad. Corrobora la existencia de un clandestino dedicado al expendio de alcoholes, el que se levanta en la construcción que durante años albergó un bar. Hoy no tiene patente, pero sigue funcionando. Luego aparece una vivienda destinada a arriendo, la que en su parte posterior mantendría varias cabañas destinadas al mismo fin. Señala que en el otro extremo (a pasos de Independencia) también hay una casa con construcciones al interior.

Su versión coincide con la del comerciante, en cuanto a que en frente (lado oriente) también hay un lugar destinado a dar albergue a ciudadanas extranjeras.

Pese a los problemas, Felisa Pérez asegura que la situación es una “batalla perdida”. Los temas han sido denunciados una y otra vez y, al final, todo sigue inalterable en claro perjuicio de los vecinos.

El “dueño de la cuadra”

Si bien, luego de obtener varios testimonios, que confirman la existencia del mentado “cité”, foco de hacinamiento y albergue de personas extranjeras, ninguno es claro en señalar un solo punto. Sin embargo, un nombre es recurrente. Se le sindica como “el dueño de la cuadra” y propietario de varias de las construcciones. Se trata de Boris Stipicic.

Cerca de las 16,15 horas el ex consejero regional nos recibe en su vivienda de calle Armando Sanhueza. “Ya sé por qué me andan buscando”. Hombre bien informado, Stipicic dice conocer en detalle la denuncia del concejal José Aguilante.
De entrada reconoce tener al interior de su propiedad siete departamentos destinados a arriendo y que, efectivamente, en algunos de ellos viven ciudadanas extranjeras. Pero, de hacinamiento, nada.

Tras el saludo y las primeras palabras, accede a nuestro ingreso. Tres cabañas de dos pisos se levantan inmediatamente a la salida de su vivienda, otras dos se ubican en el lado sur y las restantes a escasos metros. Todas en excelente estado, tanto en el exterior como en el interior, mínimo con dos ambientes, baño individual, pisos con cerámico y buenas terminaciones. “Aquí viven máximo dos personas por cada una, el arriendo no es inferior a 150 mil pesos e, incluso, tengo arrendatarios que son jefes en importantes tiendas”, asegura Stipicic.

Sobre las ciudadanas extranjeras, dice que efectivamente tiene cinco arrendatarias (de República Dominicana). Destaca de ellas el respeto y el que jamás le han dado un problema. De sus trabajos, dice que aquello no es su problema porque es parte de la vida privada de cada persona.

Por otra parte, sostiene que ya sabía de comentarios que lo ligaban a la denuncia. “Y me llama la atención que las personas no estén bien informadas. Este negocio es de mi hermano y yo lo administro; todo está en orden, legalizado.
Comenzamos hace cinco años y hoy tenemos departamentos de primer nivel”.

Agrega que las dudas deben ser aclaradas de frente, aunque en este caso “es una cosa privada. Pero si hay un concejal que está preocupado ahora en época de elecciones, eso es otra cosa. Por eso, se lo digo al señor Aguilante: si quiere tener una polémica conmigo, que venga o me llame, y aclaramos las cosas como quiera aclararlas. Si lo quiere hacer públicamente enfrentándonos con ideas o si las quiere de otra manera, lo hacemos de otra manera. Lo que sí le digo, es que no voy a permitir que se menoscabe el prestigio de una familia”.

El diálogo con Boris Stipicic, recorrido incluido, se extiende por más de una hora. A la salida de su vivienda nos damos cuenta que hemos vuelto a cero.

A esa altura el “cité” ya parece la Atlántida perdida, por lo que no queda más que seguir recabando información.
Minutos después, y en plena cavilación, eso de que nadie sabe lo que le depara a la vuelta de la esquina deja de ser un dicho, máximo, proverbio o frase hecha. Un hombre en situación de calle nos pide “una moneda”, dando paso al diálogo.

Amigo, sabe ¿dónde hay un clandestino por acá?

“Aquí en la esquina. Hace una hora estuvimos tomando con unos amigos”, dice indicando la construcción que la dirigenta Felisa Barría indicó como otrora bar.

Sabe, yo ando ubicando a una joven dominicana. Será por acá.

“Si pues… puede ser aquí al fondo o allá (en frente). Ahí está lleno de chiquillas”.

Nuestro ahora “datero” se refiere, primero, a una casa que parece desocupada en su frontis y que al observar por un portón lateral permite ver un muro de grandes dimensiones y un perro, de tamaño nada despreciable, en el patio.
Aunque la visibilidad es mínima, se aprecia la existencia de departamentos al interior. La escena es similar en terrenos interiores a la vereda oriente. Golpeamos la puerta, sin obtener respuesta alguna.

Al menos nuestro paso no termina con las manos vacías. Aparecen claramente identificados dos lugares como posibles focos de albergue y hacinamiento, antecedentes más que válidos para ser punto de partida en la denuncia de los vecinos y el concejal José Aguilante.