Necrológicas
  • Norma Luisa Muñoz Sánchez
  • Valeria Aguilar Díaz

El drama de comerciantes de calle Ignacio Carrera Pinto que no han podido cobrar póliza de seguros

La compañía aseguradora argumenta que sus productos “están pasados de moda”
y sólo le ofrece pagar poco más de la mitad del monto del seguro contratado.

Por La Prensa Austral miércoles 5 de diciembre del 2012

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La madrugada del 12 de marzo de 2012 los habitantes del área céntrica fueron testigos de la furia del río de las Minas que se salió de su cauce y cuyas aguas corrieron fuera de control a lo largo de calles como Ignacio Carrera Pinto, Mejicana, Colón, José Menéndez, entre otras, afectando a cientos de propietarios y comerciantes que vieron perdido su patrimonio.

Entre todas las historias que se dieron a conocer en aquellos aciagos días, varias de ellas con el paso del tiempo han encontrado solución.
Diametralmente opuesta es la suerte que han corrido las propietarias de la tienda de artículos de tela y otros productos, Paulibel, de calle Ignacio Carrera Pinto 663, quienes a casi nueve meses del desastre siguen esperando que el seguro comprometido se manifieste y entregue una solución concreta para intentar rehacer su negocio.

La propietaria de la tienda de venta de géneros y artículos para la decoración del hogar, Sandra Figueroa Muñoz, relató a La Prensa Austral que “desde hace varios años he cancelado una póliza de seguros para proteger mis herramientas de trabajo en caso de una desgracia porque nadie está exento de una catástrofe”, señalando que el seguro comprometido al momento de la inundación ascendía a las 6.605 UF ($151 millones).
Recordó que durante la madrugada del 12 de marzo una mezcla de agua y barro ingresó a su negocio. La propietaria por 20 años del céntrico establecimiento señaló que “perdimos casi la totalidad de la mercadería, maquinaria y documentos, a lo que se suma la estructura que hay que demolerla y hacerla de nuevo”. La comerciante lamenta que en esos momentos no hubiera nada que pudieran hacer por intentar salvar su patrimonio, por lo que se abocó a realizar la denuncia correspondiente para activar los seguros el mismo día. El 14 de marzo recibió respuesta por parte de la empresa Aseguradora Magallanes S.A. de que estaban en pleno conocimiento de su drama.

Prórrogas para seguir investigando
Con gran desilusión Sandra manifestó su impotencia ya que “desde entonces han pedido varias prórrogas para seguir investigando y evaluando las condiciones del siniestro que nos afectó”, apuntando con desesperación que “las razones que me dan para no cubrir el 100% del seguro que tengo contratado es, entre otras, que la mercadería está pasada de moda”, añadiendo que, además, de la mercadería ‘obsoleta’, la maquinaria con la que se hacían bordados computarizados y otras herramientas importadas de costos millonarios no son consideradas como tal y se ofrece la cobertura de equipos similares a precios de lista en multitiendas locales.

“Lamentablemente es como para reírse de la impotencia. Un servicio que tenemos contratado y renovado sin atrasos desde hace muchos años nos cubre con suerte la mitad de lo que ofrecen en su póliza. No están cumpliendo con el contrato”, acotó la comerciante, detallando que por todos los productos que les ofrecen cubrir la suma ha sido ofertada en dos ocasiones, siendo la última de 3.867 UF ($88 millones).

Ante esta situación, además de los largos meses que ha debido esperar por una respuesta favorable y concreta de la empresa aseguradora, la comerciante señaló que entre las negativas para cubrir la mercadería y equipo asegurados se especifica que éstos serían antiguos y actualmente no tienen el valor por el que fueron asegurados, “pero nunca vino ningún inspector de seguros cada vez que renovábamos el contrato para objetar los contenidos de la póliza”, afirmó.

Actualmente las telas y productos dañados se encuentran almacenados en una parcela familiar, ya que el barro y otros sedimentos arrastrados por el agua impedían que éstas permanecieran almacenadas en el local, ya que además de la necesidad de retirar la suciedad de la propiedad, al ser declarado zona de catástrofe y una emergencia sanitaria, éstas representaban un riesgo para la salud al conservarse en un lugar sin ventilación.
“La mercancía siempre ha estado a disposición de los aseguradores y las personas que la requieran para hacer sus investigaciones, pero no han acudido y mucho menos retirado. Necesitamos más de 13 camionadas para sacar de aquí todo el barro y las telas dañadas con todo lo que trajo el agua”, explicó Sandra Figueroa, mientras mostraba a este diario los estragos y sedimentos que aún dan testimonio de la catástrofe ocurrida en el local, imperando un ambiente húmedo y con un mal olor producto de la materia orgánica disuelta entre el barro.

A 270 días de la desgracia las comerciantes deben seguir pagando los consumos del local abandonado y la póliza de seguros, esperando que tanto los agentes fiscalizadores, liquidadores y la aseguradora hagan su trabajo como corresponde y cumplan con las condiciones del contrato vigente y den además solución a los perjuicios económicos, físico y psicológicos que han generado en la propietaria de Paulibel y su familia.

Aseguradora
La Prensa Austral al solicitar una versión de la empresa aseguradora acerca de esta denuncia, manifestaron su disposición de conversar con la titular afectada por el aluvión sin ningún inconveniente, señalando que es la única forma de agotar instancias para solucionar los problemas que le han aquejado durante estos meses.